A principios de este año tuvo lugar una actuación musical que fue pionera en el mundo, tanto para el público como para las intérpretes.
La ofreció la Orquesta Zohra, el primer conjunto musical íntegramente femenino de Afganistán, que había viajado en avión a Suiza para actuar en el Foro Económico Mundial de Davos, desde un país donde, hasta hace poco, la música era ilegal y las mujeres estaban oprimidas hasta el punto de ser invisibles.
Las integrantes de Zohra son las primeras mujeres de sus comunidades y de su país que han estudiado música en 30 años. Su trayectoria ha estado marcada por la perseverancia y la valentía frente a la persistente oposición cultural a la emancipación de las mujeres. Las integrantes de Zohra y sus familias han recibido amenazas de quienes aún se aferran a la violenta ideología talibán.
Pero, a pesar de todo, Zohra ha pasado de ser un grupo de menos de 10 amigas a una orquesta de más de 30 integrantes, dirigida por las dos primeras directoras de orquesta del país. Este grupo no es simplemente una consecuencia de un Afganistán en transformación: ellas son el cambio.
Su concierto en Davos no solo fue la primera actuación de Zohra fuera de Afganistán, sino también la primera vez que la mayoría de sus integrantes viajaba fuera del país. Y Davos fue solo el comienzo. El Foro Económico Mundial organizó una gira y la orquesta emprendió una aventura europea que incluyó conciertos en Ginebra, Zúrich, Weimar y Berlín.
Ahora puedes conocer entre bastidores la primera gira internacional de la orquesta. Visita zohra-music.org para conocer mejor su historia y participar.
Su trayectoria resulta especialmente extraordinaria teniendo en cuenta la convulsa historia reciente de Afganistán. Bajo el régimen talibán, la música estaba prohibida. Tocar cualquier cosa que no fueran cánticos religiosos autorizados podía llevar a prisión. Mientras tanto, la subyugación de las mujeres por parte del régimen fue notoriamente cruel y severa: se les prohibía asistir a reuniones públicas de cualquier tipo, e incluso hablar en voz alta en público o tener contacto directo con hombres que no fueran sus familiares. También se prohibía la educación de las niñas mayores de ocho años.
La idea de que las niñas pudieran estudiar música habría sido impensable.
Por eso, cuando en 2014 una joven trompetista llamada Meena se acercó al director del Instituto Nacional de Música de Afganistán (ANIM) para preguntar si ella y sus amigas podían formar un conjunto íntegramente femenino, esto mostró, en muchos sentidos, cuánto había avanzado el país desde la sombría época talibán.
Pero aún queda mucho camino por recorrer. Negin Khpalwak, una de las dos directoras de Zohra, ha contado que ella y su familia han recibido amenazas de muerte de sus propios vecinos como consecuencia de sus estudios musicales.
«Pero no tengo miedo», dijo a CBS News a principios de este año. «Seguiré con mis estudios, porque si nos quedamos en casa, la nueva generación también se quedará en casa. Si abrimos la puerta a otras generaciones, será bueno».
Al día siguiente de su actuación en Berlín, en febrero de 2017, las chicas de Zohra visitaron el zoológico de la ciudad. Entre hacerse selfis frente a los pingüinos, imitar a los babuinos y contemplar maravilladas a los elefantes, se toparon con un parque infantil. Allí corrieron hacia los toboganes y los columpios. Zarifa, de 19 años y compañera de Negin en la dirección de la orquesta, dijo: «Sabes, en nuestro país nunca habíamos jugado así».
Esta historia no tiene un final feliz. La vida en su país continúa. Y lo único que podemos hacer como comunidad internacional es apoyar a estas jóvenes valientes.





