A la hora de abordar el cambio demográfico en Asia, no existe una estrategia única que sirva para todos los casos. En algunos países, como Japón, la población envejece rápidamente y la fuerza laboral se reduce. En otros, como Filipinas, los jóvenes inundan el mercado laboral en busca de empleo.
Como muestra nuestro gráfico, el envejecimiento podría reducir potencialmente en 1 punto porcentual el crecimiento medio anual del PIB de Japón durante las próximas tres décadas. En India y Filipinas, que tienen algunas de las poblaciones más jóvenes de la región, una fuerza laboral en expansión podría aumentar potencialmente el PIB en esa misma proporción.

El gráfico también pone de relieve la magnitud del desafío. En general, en Asia, el dividendo demográfico —en el que una fuerza laboral joven y creciente (de 15 a 64 años) contribuyó a impulsar el rápido crecimiento de la región en las últimas décadas— está llegando a su fin. Las tasas de fecundidad están disminuyendo y la gente vive más tiempo.
En las próximas décadas, muchos países, particularmente de Asia oriental, serán las sociedades que envejecen más rápido del mundo. El crecimiento demográfico de la región, que ya es negativo en Japón, se está ralentizando y se prevé que llegue a cero en 2050. Más de un tercio de la población de Singapur y Corea del Sur tiene al menos 50 años; en Japón, esa proporción se acerca a la mitad de la población.
A medida que la población envejece, habrá menos trabajadores. Se prevé que la fuerza laboral de Asia se reduzca en cientos de millones de personas. Por ejemplo, China podría experimentar una disminución de 170 millones de personas en su población en edad de trabajar durante las próximas tres décadas. Con el tiempo, una fuerza laboral menguante y una población envejecida pueden traducirse en un aumento de los costes sanitarios y del gasto en pensiones. Esto presiona los presupuestos públicos y puede traducirse en un menor crecimiento, salvo que un país cuente con políticas que respalden la productividad y los empleos de alta calidad.
En cambio, otras economías asiáticas, como India e Indonesia, deberían beneficiarse de un dividendo demográfico, con una población en edad de trabajar en crecimiento y tasas de fecundidad más altas.
A medida que estas tendencias demográficas configuran el futuro de estas economías, el papel de las políticas será importante. En particular, las reformas del mercado laboral pueden ser clave para las sociedades envejecidas. Al fomentar la llegada de trabajadores extranjeros, también mediante programas para trabajadores invitados, la migración puede atenuar el efecto adverso del rápido envejecimiento en el crecimiento al compensar parcialmente la disminución prevista de la fuerza laboral nacional.
Aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral, por ejemplo, ampliando los servicios de cuidado infantil en países como Japón y promoviendo el empleo flexible, también puede ayudar a reducir la escasez de mano de obra y mitigar los efectos adversos del envejecimiento en el crecimiento.





