En la era actual de avances científicos y tecnológicos transformadores, las empresas no solo crean nuevos productos y servicios. Están transformando industrias, difuminando las fronteras geográficas y cuestionando los marcos regulatorios existentes.
Las industrias impulsadas por tecnologías avanzadas como el IoT, la inteligencia artificial y la cadena de bloques evolucionan tan rápido que a los analistas y expertos del sector les puede resultar difícil seguirles el ritmo.
Pensemos, entonces, en los retos que afrontan los responsables de formular políticas.
Mientras los gobiernos intentan seguir el ritmo de estas nuevas tecnologías, las empresas lanzan constantemente nuevos productos y servicios y reformulan con regularidad todos sus aspectos, al tiempo que los gobiernos tratan de medir cuidadosamente sus impactos y mitigarlos.
Al mismo tiempo, los ciudadanos esperan cada vez más que el sector privado asuma nuevas responsabilidades y desarrolle nuevos enfoques para la gobernanza de las tecnologías avanzadas. Este rápido ritmo de cambio está, según una encuesta reciente de Accenture, haciendo que los ejecutivos empresariales sientan que sus organizaciones tienen el deber de formular proactivamente políticas para las industrias digitales emergentes y abordar cuestiones éticas.

La pregunta, entonces, es: ¿qué se puede hacer? ¿Cómo pueden colaborar todos estos actores para ayudar a los gobiernos a desarrollar políticas capaces de dar forma a la Cuarta Revolución Industrial?
Lo que se necesita es una nueva era de gobernanza ágil: una formulación de políticas adaptable, centrada en las personas, inclusiva y sostenible, que reconoce que el desarrollo de políticas ya no se limita a los gobiernos, sino que es cada vez más una labor en la que participan múltiples partes interesadas.
El concepto de agilidad proviene del campo del desarrollo de software, pero puede adaptarse y aplicarse de forma más amplia para seguir el ritmo de los rápidos cambios de la sociedad cuando la formulación de políticas:
• Se centra en alcanzar los objetivos de las políticas, en lugar de limitarse a cumplir requisitos regulatorios marcando casillas;
• Está abierta a nueva información, aprovecha elementos como un gobierno basado en datos y programas piloto, y está dispuesta a cambiar si no se alcanzan los objetivos; y
• Está abierta a las aportaciones de un grupo más amplio de partes interesadas y se fundamenta en la transparencia.
Estos principios dejan un amplio margen para la experimentación y la evolución, que ayudarán a los gobiernos a seguir el ritmo de la industria. También buscan garantizar la participación más amplia posible en el proceso de gobernanza de las nuevas tecnologías.
Esta nueva era de gobernanza ágil puede adoptar muchas formas, y harán falta cambios de gran alcance para crear nuevas fuentes de autoridad que regulen estas tecnologías. Se necesitan nuevos modelos de gobernanza colaborativa entre el sector público y el privado para ampliar la gobernanza más allá de las instituciones existentes. Afortunadamente, ya están surgiendo ejemplos.
Los gobiernos pueden diseñar políticas que den al sector privado más oportunidades para proponer soluciones innovadoras; por ejemplo, mediante marcos regulatorios basados en el desempeño que se centren en el propósito de la innovación tecnológica, en lugar de en sus especificaciones técnicas. Así ocurrió en Ruanda, donde el Gobierno colaboró con el Foro Económico Mundial para redactar y adoptar una regulación de drones que tiene en cuenta la misión del dron, además de sus especificaciones físicas.

Ante la necesidad de abordar avances de gran alcance y regímenes que cambian rápidamente, algunos países están adoptando mejores prácticas reforzadas en lugar de regulación. Por ejemplo, las distintas necesidades de las empresas de los sectores financiero, de las comunicaciones, químico, del transporte, sanitario, energético, del agua, de defensa, alimentario, agrícola y de otras infraestructuras críticas habían obstaculizado durante mucho tiempo el desarrollo de normas de ciberseguridad en Estados Unidos. En su lugar, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST)recabó aportaciones del sector privado, organismos gubernamentales y comunidades de privacidad y seguridad para establecer mejores prácticas de ciberseguridad ampliamente aceptadas, en vez de crear nuevas normas. El nuevo marco del NIST permite a las empresas adoptar el régimen que mejor se adapte a sus necesidades particulares y, al mismo tiempo, ofrece a los organismos reguladores orientaciones para evaluar la razonabilidad y la suficiencia de los controles internos de una organización.
La autorregulación del sector es una herramienta clave de gobernanza en muchas industrias, como la sanitaria, la minera o el deporte profesional, y también puede aplicarse para agilizar una gobernanza adecuada del uso de la tecnología en nuevas industrias. Las organizaciones de normalización, como el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos, han sido fundamentales para impulsar las normas del sector electrónico y de internet, y también han intensificado sus esfuerzos, por ejemplo, para definir y gobernar el internet de las cosas (IoT).
Cuando surgen nuevas tecnologías e industrias, pueden aparecer varios organismos privados de autorregulación. Eso está ocurriendo hoy: surgen rápidamente organismos de normalización, consorcios y alianzas que trabajan en protocolos para algoritmos de inteligencia artificial y normas de conectividad del IoT. Los gobiernos podrían actuar como superreguladores, autorizando y evaluando a distintos organismos de normalización en función de su eficacia para alcanzar los objetivos regulatorios.
Cuando una tecnología es tan nueva —o los avances ocurren tan rápido— que todavía no es posible establecer normas tecnológicas, o aún no existe un organismo que las fije, los líderes del sector pueden comprometerse a adoptar principios éticos que orienten la investigación del sector. Este es el enfoque de los Principios de Asilomar sobre IA, suscritos por 3.800 líderes del sector para ayudar a establecer directrices para el desarrollo de la industria de la IA.
También pueden surgir como subproductonuevos marcos de gobernanza cuando las empresas amplían su papel en la sociedad. En 2011, por ejemplo, Dell, HP, Microsoft Mobile y Philips se unieron en Nigeriapara crear un sistema de reciclaje de productos electrónicos en el país. Las empresas reunieron a partes interesadas de la sociedad civil, el sector empresarial y el gobierno para eliminar los obstáculos a lo largo del ciclo de vida de los productos electrónicos. Cuando el ecosistema empezó a surgir, los organismos gubernamentales tomaron medidas y establecieron normas para hacer cumplir la gestión de los residuos electrónicos. Hoy, el proyecto se ha replicado en todo el continente con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Foro Económico Mundial.
Abrir camino hacia el futuro
Están surgiendo ejemplos interesantes de distintos actores que colaboran para orientar la trayectoria de las tecnologías emergentes de modo que beneficien a la sociedad, pero aún queda mucho por hacer. La colaboración entre múltiples partes interesadas tiene un enorme potencial para ayudar a configurar marcos conceptuales y principios éticos en un mundo que evoluciona rápidamente y en el que resulta evidente que las prácticas de gobernanza ágil son ahora más necesarias que nunca.


