Gobiernos de todo el mundo están promoviendo las empresas emergentes. De Brisbane a Bangalore, Bristol y Boston, se han priorizado los esfuerzos por crear una cultura emprendedora.
Crear empresas suele ser la parte fácil: el mayor reto consiste en ampliarlas para que se conviertan en negocios importantes. Para ello se necesitan confianza, competencias y recursos para crecer rápidamente. Las empresas emergentes deberían convertirse en empresas en expansión, en vez de venderse.
¿Estamos padeciendo una ilusión emprendedora? Centrarse demasiado en las empresas emergentes puede distraer de la ampliación de empresas existentes con gran potencial.
Los clústeres importan
Entonces, ¿cuál es el mejor entorno para que las empresas en expansión tengan éxito? Además de estimular la creación de empresas emergentes y de empresas derivadas, las universidades pueden fomentar su crecimiento rápido y sostenido mediante la oferta de talento, el acceso a espacios e instalaciones y la creación de conexiones dentro de sus redes. Este apoyo es importante porque muy pocas empresas emergentes logran crecer y las que lo consiguen son una fuente importante de creación de empleo, mejoras de productividad e innovación. Las universidades contribuyen especialmente al crecimiento de empresas basadas en la ciencia en campos como las ciencias de la vida, los nuevos materiales y el aprendizaje automático.
En 1890, el economista Alfred Marshall reconoció que las empresas se agrupaban para acceder a mano de obra cualificada y conocimientos especializados. Las universidades forman parte de este proceso al reunir comunidades que intercambian conocimientos y fomentar el aprendizaje colectivo. Esto amplía el conjunto total de ideas e innovaciones más allá de lo que sus integrantes podrían alcanzar en conjunto por separado.
Cambridge, en el Reino Unido, cuenta con un dinámico ecosistema de más de 1.500 empresas de alta tecnología. Los informes atribuyen sistemáticamente el éxito del clúster a un duradero sentido de comunidad en torno a la universidad, así como a sólidas estructuras de contactos y apoyo, como Cambridge Network, centrada en el sector de las TIC, y One Nucleus para las ciencias de la vida. Estas redes formales dan a las empresas emergentes y a las grandes compañías acceso a laboratorios, tecnología, competencias, instalaciones de oficinas, experiencia empresarial, capital riesgo y asesoramiento financiero.
Empresas como ARM y Autonomy se convirtieron en negocios valorados en miles de millones de dólares tras fundarse en los parques científicos y empresariales de la Universidad de Cambridge. Crecieron dentro de la comunidad de empresas tecnológicas, donde la universidad aporta titulados cualificados, acceso a investigaciones punteras en sus laboratorios y un polo de atracción para otras empresas tecnológicas que actúan como proveedores, clientes y colaboradores.
Sin embargo, preocupa que este tipo de empresas sean relativamente escasas, y existe un gran interés en los problemas de las empresas en expansión, definidas como aquellas cuyo volumen de negocio anual o empleo crece más de un 20 % durante un período de tres años. Esto ha llevado a la creación en el Reino Unido del Scale-Up Institute, cuyo objetivo es mejorar las oportunidades para estas empresas de rápido crecimiento. En Estados Unidos han surgido inquietudes similares, en particular sobre la capacidad de los mercados financieros para aportar el respaldo necesario a la expansión. Esto ha llevado a algunos a proponer que el crecimiento respaldado por capital se reequilibre con el crecimiento apoyado mediante la provisión de espacios adecuados.[1] Se trata de un ámbito clave en el que las universidades ayudan a las empresas en expansión de los sectores basados en la ciencia.
Abzena es un grupo de ciencias de la vida que ofrece servicios y tecnologías biofarmacéuticos basados en anticuerpos y otras proteínas. Con origen en el Imperial College London, cinco empresas más pequeñas se fusionaron para crear Abzena, entre ellas algunas fundadas por científicos de otras dos universidades. En 2014, Abzena trasladó su sede de Londres a Cambridge porque necesitaba espacio para crecer. Junto con un propietario de terrenos de Cambridge, el Imperial College invirtió para proporcionar a Abzena unas instalaciones científicas de primer nivel para su expansión, con capital propio de la universidad y su experiencia en desarrollo. Actualmente, la empresa trabaja con grupos académicos y compañías de todo el mundo, incluidas la mayoría de las 20 principales empresas biofarmacéuticas.
Autolus está comercializando una nueva generación de terapias con células T modificadas para tratar tumores. Fundada por Martin Pule, científico de University College London (UCL), la empresa derivada contó con el apoyo de la organización de transferencia tecnológica de UCL. Su potencial de crecimiento atrajo 30 millones de libras esterlinas de Syncona, una empresa de inversión en el sector sanitario. Para prepararse para su expansión, la empresa decidió instalarse en unas instalaciones especialmente renovadas en el campus White City del Imperial College, en Londres, que ofrecen acceso a talento y espacio para crecer.
Las universidades ayudan de diversas maneras a empresas como Abzena y Autolus, lo que refleja sus crecientes ambiciones y sus nuevas estrategias de colaboración con las empresas. Desde hace décadas, las universidades crean parques científicos en las afueras de las ciudades para apoyar el crecimiento de los negocios tecnológicos. Más recientemente, algunas han desarrollado espacios donde empresas y académicos pueden instalarse juntos y crear nuevas empresas de rápido crecimiento, en distritos urbanos de innovación como Kendall Square, Boston (Massachusetts); Mission Bay, San Francisco; King’s Cross y White City, en Londres; y Tuspark, en Pekín.
En estas y otras ciudades, las universidades están creando nuevos campus con el propósito de aprovechar activamente su capacidad para reunir a distintos actores y ofrecer un entorno y unas condiciones en las que las empresas puedan prosperar. Los vínculos con académicos y el acceso a sus espacios, instalaciones e instrumentos científicos ofrecen a las empresas oportunidades para desarrollar productos y servicios tecnológicos o, en algunos casos, comprender mejor la ciencia que sustenta su negocio. Las universidades suelen contar con conocimientos especializados propios para proteger la propiedad intelectual o atraer a bufetes especializados capaces de asesorar a las empresas sobre cómo proteger su propiedad intelectual frente a infracciones a medida que crecen.
La principal contribución de las universidades, que ayuda a las empresas a superar una de sus mayores limitaciones para crecer, es el acceso al talento. Las universidades forman a empleados capacitados y con talento en ciencia, tecnología y una amplia variedad de disciplinas complementarias, como la estrategia y la gestión de la innovación. Las empresas de rápido crecimiento deben aprender a afrontar demandas cambiantes y acceder a las competencias científicas, directivas y de liderazgo que necesitan las organizaciones para responder con rapidez a nuevas oportunidades.
El acceso a competencias científicas y tecnológicas especializadas se valora especialmente cuando los empleados pueden trabajar en distintas disciplinas y tienen perspectivas empresariales y comerciales. Colaborar con universidades permite acercarse a una comunidad emprendedora de personas con competencias en finanzas, marketing y operaciones, así como a personas con experiencia previa en crecimiento empresarial. Los líderes de empresas de rápido crecimiento basadas en la ciencia conectan con éxito los mundos empresarial y científico, y se sienten cómodos tanto en la sala de juntas como en el laboratorio. Además, las universidades pueden contribuir a una mayor diversidad en la dirección de estas empresas, donde suele predominar la presencia masculina.
Para crecer, las empresas emergentes suelen tener que dirigirse a mercados distintos de los que habían previsto inicialmente, que a menudo son internacionales. Las universidades y los académicos de primer nivel tienen vínculos globales y, además de sus conexiones científicas, pueden facilitar el acceso a redes internacionales de fabricación, ventas y distribución. Asociarse con una universidad importante también puede mejorar el reconocimiento en el mercado gracias al efecto de su reputación. La expansión exitosa suele ser fruto de buenas estrategias y modelos de negocio, y las universidades con escuelas de negocios que poseen amplios conocimientos en estos ámbitos pueden ofrecer valioso asesoramiento.
Las empresas de ciencia y tecnología de rápido crecimiento son fundamentales para la competitividad nacional, la productividad y el empleo. Aunque las universidades son ampliamente reconocidas por su papel en el impulso de las empresas emergentes, también contribuyen de manera importante a ayudar a las empresas en expansión. El debate sobre políticas, centrado durante tanto tiempo en la creación de nuevas empresas, debe reequilibrarse para prestar atención al menor número de empresas emergentes y derivadas que generan los mayores beneficios económicos y sociales. Las universidades deben reconocer y desarrollar aún más el papel que desempeñan en la expansión de los negocios.
Notas
[1] William B. Bonvillian (2017), «Advanced Manufacturing: A New Policy Challenge», Annals of Science and Technology Policy: vol. 1, n.º 1, págs. 1–131. DOI: 10.1561/110.00000001.



