Este artículo forma parte de la plataforma Geostrategy del Foro Económico Mundial
Tras la decisión del presidente Trump de detener un ataque con misiles contra Irán en respuesta al derribo de un dron estadounidense, se reveló que Estados Unidos había llevado a cabo ciberataques contra sistemas de armamento iraníes para impedir que Irán lanzara misiles contra activos estadounidenses en la región.
Esta estrategia «previa al lanzamiento» –la acción preventiva para impedir que un adversario lance misiles– forma parte de la estrategia de defensa antimisiles de Estados Unidos desde hace algún tiempo.
El presidente George W. Bush pidió a los militares y a la comunidad de inteligencia estadounidenses que infiltraran la cadena de suministro de los misiles. Se afirmó que Estados Unidos hackeó el programa norcoreano de misiles balísticos, provocando un fallo en una prueba de misiles balísticos en 2012.
En aquel momento no estaba claro –ni lo está ahora– si estos ciberataques «previos al lanzamiento» dirigidos contra Corea del Norte tuvieron éxito tal como se describió o si fueron, principalmente, un farol. Pero eso es algo irrelevante en cierta medida: la creencia en la posibilidad y la comprensión del posible impacto de tales capacidades cibernéticas socavan la confianza de Corea del Norte o de Irán en su capacidad para lanzar sus misiles.
Dicho de otro modo, el adversario podría quedarse sin más opción que arriesgarse a usar esos misiles o perderlos en un escenario de conflicto.
La estrategia «previa al lanzamiento» es un juego peligroso. Si se basa en un farol, podría ser puesta a prueba y provocar un fallo de disuasión. Si se basa en acciones reales, podría crear una lucha de poder asimétrica. Si el atacante genera una falsa confianza en el poder de un arma cibernética, podría dar lugar a señales y mensajes engañosos.
Esta es la nueva normalidad. El juego del gato y el ratón debe tomarse en serio, sobre todo porque los sistemas de misiles son muy vulnerables.
Existen varias formas en que podría funcionar una operación cibernética ofensiva contra sistemas de misiles. Entre ellas, la explotación de los diseños de los misiles, la alteración de software o hardware, o la creación de vías clandestinas hacia los sistemas de mando y control de los misiles.
Estos también pueden ser atacados en el espacio, apuntando a los activos espaciales y a su vínculo con los sistemas estratégicos.
La mayoría de los sistemas de misiles dependen, al menos en parte, de información digital que procede de activos espaciales o dependientes del espacio, o que se transmite a través de ellos, como: satélites de comunicaciones; satélites que proporcionan información de posicionamiento, navegación y sincronización (PNT) (por ejemplo, GPS o Galileo); satélites meteorológicos que ayudan a predecir trayectorias de vuelo, la precisión en la designación de objetivos y las condiciones de lanzamiento; y satélites de teledetección de imágenes que contribuyen con información e inteligencia para la planificación y la designación de objetivos.
Los propios lanzamientos de misiles dependen de:
los sistemas de mando y control de los misiles,los sistemas de mando y control de los misiles
la forma en que la información se transmite a las instalaciones de lanzamiento de misiles, yla forma en que la información se transmite a las instalaciones de lanzamiento de misiles, y
la forma en que la información se transmite a los propios misiles en vuelo.la forma en que la información se transmite a los propios misiles en vuelo
Todos estos aspectos dependen de la tecnología espacial.
Además, las estaciones terrenas que transmiten y reciben datos desde y hacia los satélites también son vulnerables a ciberataques, ya sea a través de su conectividad a internet, conocida y desconocida, o mediante el uso malintencionado de memorias USB que contienen una infección cibernética deliberada.
Los sistemas de comunicaciones no espaciales que utilizan cable y mástiles de comunicación tierra-aire-tierra también están amenazados por ciberataques que penetran a través de la conectividad a internet, de interferencias de proximidad o de memorias USB.
El malware podría haber permanecido alojado en el sistema de mando y control de los misiles durante meses o incluso años
El error humano al conectar teléfonos, portátiles y unidades externas, y al hacer clic en enlaces maliciosos en señuelos de phishing sofisticados, es habitual y facilita la conectividad involuntaria y la infección por malware.
Todo ello puede crear una capacidad militar capaz de interferir en los lanzamientos de misiles. El malware podría haber permanecido alojado en el sistema de mando y control de los misiles durante meses o incluso años, inactivo hasta un momento elegido o hasta un desencadenante que ponga en marcha una interrupción, ya sea del lanzamiento o de la trayectoria de vuelo del misil.
El país que lanza el misil que no logra despegar o no llega a su objetivo nunca podrá saber si ello se debió a un defecto de diseño, a un fallo común o a un ciberataque deliberado.
Los Estados con estas capacidades deben actuar con cautela: las maniobras de ciberofensiva pueden impedir el lanzamiento de ataques con misiles contra activos estadounidenses en Oriente Medio o en las regiones del Pacífico, pero también pueden interferir en futuros lanzamientos de misiles estadounidenses.
Incluso, como se ha revelado recientemente, las armas cibernéticas estadounidenses dirigidas contra un adversario pueden repercutir e infectar involuntariamente los sistemas de Estados Unidos.
Nadie es invulnerable.
El peligroso efecto desestabilizador de los ciberataques contra los sistemas de misiles, Patricia Lewis, Beyza Unal, Chatham House

