Cómo la guerra, la polarización y la religión están transformando los mercados globales

A computer screen shows stock prices fluctuating.
Values and trust are the invisible architecture of our global economic ecosystems.Image: Anne Nygård/Unsplash
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  • Los mercados globales afrontan una profunda fragmentación impulsada por valores contrapuestos y complejas cuestiones de identidad religiosa.

  • Las perturbaciones económicas en una región se propagan rápidamente por sistemas interconectados y afectan a la seguridad alimentaria mundial.

  • Reconstruir la confianza exige integrar consideraciones éticas y diversas perspectivas culturales en las políticas económicas modernas.

En el fracturado panorama global actual, los mercados ya no están determinados únicamente por la economía y la geopolítica. Cada vez influyen más en ellos la creciente polarización, los sistemas de valores contrapuestos y el papel de la identidad —incluida la religión— en la vida pública. Estas dinámicas se desarrollan en ecosistemas económicos interconectados, desde las comunidades locales hasta las instituciones globales.

Pensar en términos de ecosistemas económicos muestra cómo las perturbaciones en una parte de la economía pueden propagarse rápidamente a distintos niveles, de lo local a lo global. No se trata solo de un cambio geopolítico, sino de una transformación de los fundamentos morales de la economía global.

El impacto económico de un mundo dividido

La guerra en Ucrania ha demostrado con qué rapidez un conflicto puede alterar las cadenas de suministro globales. Antes de la guerra, Ucrania y Rusia representaban en conjunto aproximadamente el 30 % de las exportaciones mundiales de trigo. La interrupción de las rutas del mar Negro contribuyó a un aumento significativo de los precios mundiales de los alimentos, y el Índice de precios de los alimentos de la FAO alcanzó máximos históricos en 2022. Estos efectos se sintieron con mayor intensidad en las regiones dependientes de las importaciones y muestran cómo las perturbaciones se propagan por ecosistemas económicos interconectados.

Al mismo tiempo, las tensiones en Oriente Medio siguen influyendo en los mercados globales de fertilizantes y energía. La inestabilidad relacionada con actores clave de la región ha contribuido a la volatilidad de los precios y a la incertidumbre en el suministro de petróleo y gas, con efectos en cadena en las industrias y los hogares de todo el mundo.

Estos ejemplos ponen de relieve una realidad más amplia: los ecosistemas económicos están profundamente interconectados, pero también son cada vez más vulnerables a la fragmentación. Los flujos comerciales se están reconfigurando, las alianzas están cambiando y la toma de decisiones económicas está cada vez más vinculada a narrativas políticas y sociales.

El papel de los valores y las narrativas

Lo que distingue el momento actual es que la fragmentación económica no es solo estructural: también es moral y cultural.

En muchas sociedades, la polarización está cambiando la forma en que las personas entienden la equidad, la legitimidad y la confianza. Los debates económicos ya no se limitan a cuestiones técnicas de eficiencia o crecimiento. Cada vez se plantean más en términos de identidad, pertenencia y valores.

La religión desempeña un papel complejo en este contexto. En muchas comunidades, los actores religiosos figuran entre las instituciones que inspiran mayor confianza y prestan servicios esenciales, especialmente en entornos frágiles y afectados por crisis. El Banco Mundial estima que las organizaciones religiosas prestan una parte considerable de los servicios de salud y educación en muchas regiones del mundo.

Al mismo tiempo, la religión también puede instrumentalizarse en narrativas políticas polarizadas. En algunos contextos, la identidad religiosa se utiliza para reforzar divisiones, justificar la exclusión o movilizar apoyo a visiones contrapuestas de la sociedad y la gobernanza. Este doble papel —como puente y como factor de división— convierte a la religión en un elemento importante, aunque a menudo poco explorado, en los debates económicos y sobre políticas públicas.

Entender la economía moral

El concepto de una economía moral ofrece una perspectiva útil para entender estas dinámicas. Aplicada a los ecosistemas económicos, permite comprender cómo los valores y la confianza dan forma a las interacciones en su seno. Los ecosistemas económicos no son neutrales en cuanto a valores: están arraigados en normas sociales y culturales, marcos éticos y expectativas sobre lo que constituye la equidad y la justicia.

Una perspectiva de economía moral plantea preguntas como las siguientes:

  • ¿Quién se beneficia del crecimiento económico y quién queda atrás?

  • ¿Qué responsabilidades tienen los gobiernos, las empresas y las comunidades entre sí?

  • ¿Cómo influyen la confianza y la legitimidad en los resultados económicos?

En un mundo fragmentado, estas preguntas cobran mayor urgencia. Cuando disminuye la confianza en las instituciones, las políticas económicas —por sólidas que sean desde el punto de vista técnico— pueden encontrar resistencia o no alcanzar los resultados previstos. Cuando las comunidades se sienten excluidas, la polarización se intensifica y socava aún más la cohesión social y la resiliencia económica. Estas dinámicas plantean una pregunta más amplia: ¿por qué importa esto ahora?

La urgencia de estas cuestiones radica en la convergencia de múltiples presiones globales: las tensiones geopolíticas, la desigualdad económica, el cambio climático y la rápida transformación tecnológica. En conjunto, están poniendo a prueba los modelos existentes de cooperación y gobernanza.

Para quienes formulan políticas, esto plantea un difícil ejercicio de equilibrio. Por un lado, es necesario proteger los intereses nacionales y responder a las presiones políticas internas. Por otro, desafíos globales como la seguridad alimentaria, el cambio climático y el desplazamiento forzado requieren acción colectiva y responsabilidad compartida.

Ignorar las dimensiones morales y sociales de los ecosistemas económicos puede agravar la fragmentación. Las políticas que no tengan en cuenta las percepciones de equidad o pasen por alto el papel de los valores y la identidad pueden tener dificultades para obtener el apoyo público o lograr resultados sostenibles.

El papel de los actores religiosos y guiados por valores

En este contexto, las organizaciones religiosas y las redes guiadas por valores tienen un papel específico que desempeñar. Profundamente arraigadas en las comunidades y con una larga tradición de servicio, a menudo generan confianza allí donde las instituciones estatales o de mercado encuentran limitaciones.

Por ejemplo, en las respuestas humanitarias, los actores religiosos locales suelen estar entre los primeros en responder y los últimos en marcharse. Brindan no solo asistencia material, sino también apoyo social, y ayudan a las comunidades a afrontar las crisis y reconstruir sus medios de vida.

Al mismo tiempo, estos actores pueden contribuir a debates más amplios sobre políticas públicas al aportar perspectivas éticas a las conversaciones sobre gobernanza económica y expresar valores como la dignidad humana, la solidaridad y la justicia de formas que resuenen en distintos contextos culturales y regionales.

Sin embargo, abordar la religión en los espacios de formulación de políticas requiere un equilibrio cuidadoso. Es esencial reconocer sus aportes positivos y, a la vez, tener presentes los riesgos de exclusión o instrumentalización.

Cómo construir un futuro económico más resiliente e inclusivo

Reconstruir la confianza y fortalecer la cohesión social no son cuestiones secundarias: son fundamentales para el funcionamiento de los sistemas económicos. Una economía global más resiliente dependerá no solo de políticas sólidas y mercados eficientes, sino también de valores compartidos y enfoques inclusivos.

Esto no significa imponer un único conjunto de valores. Más bien, exige crear espacios de diálogo entre personas con distintas perspectivas, reconocer la diversidad de marcos morales que dan forma a las sociedades y encontrar puntos en común cuando sea posible.

Para quienes formulan políticas y los líderes empresariales, esto implica:

  • Integrar consideraciones sociales y éticas en la toma de decisiones económicas

  • Colaborar con una gama más amplia de partes interesadas, incluidos actores religiosos y comunitarios

  • Fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas para generar confianza

  • Promover narrativas que hagan hincapié en la inclusión y la responsabilidad compartida

¿Qué papel corresponde a la cooperación global?

Pese a las tensiones actuales, la cooperación global sigue siendo esencial. Los desafíos que afronta hoy el mundo —la inseguridad alimentaria, los riesgos climáticos y la inestabilidad económica— no pueden abordarse de forma aislada.

Un enfoque de economía moral no sustituye al análisis económico. Lo complementa al destacar las dimensiones humanas y sociales que sustentan los ecosistemas económicos. De este modo, puede ayudar a identificar vías hacia resultados más equitativos y sostenibles.

A medida que la economía global sigue evolucionando, será fundamental comprender la interacción entre la polarización, los valores y los ecosistemas económicos. Reconocer el papel de la religión —tanto como fuente de cohesión como posible factor de división— forma parte de ese esfuerzo.

En un mundo fracturado, volver a vincular la economía con la ética no es un ideal abstracto: es una necesidad práctica para construir un futuro más estable, inclusivo y resiliente. Para ello se necesitarán no solo mejores políticas, sino también una comprensión más profunda de los valores y las relaciones que dan forma a nuestros ecosistemas económicos.

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