Es hora de cambiar la forma en que apoyamos a los refugiados

A sign hangs on a balcony and reads "refugees welcome."
We need a new approach in how we support refugeesImage: UNSPLASH/Ricardo Gomez Angel
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  • Ante las crisis de refugiados, las respuestas humanitarias de emergencia no bastan: se necesita un enfoque de desarrollo a medio plazo.

  • Esto implica cambiar la forma en que pensamos sobre los refugiados y trabajar para integrarlos en sus comunidades de acogida.

  • Como esto supondrá una presión para los países de acogida, también necesitamos que otros den un paso al frente: empresas, fundaciones, ciudades, ONG y defensores.

En una reciente visita conjunta a Adré, una localidad del este de Chad en la frontera con Sudán, en una tierra árida donde no parece crecer nada salvo las tiendas instaladas por ACNUR, presenciamos tragedia y esperanza. Tragedia por los terribles relatos de los refugiados recién llegados, que tuvieron que dejar atrás sus vidas por la violencia en Sudán: los asesinatos, las violaciones, los saqueos. Esperanza, porque, pese a los graves desafíos de desarrollo, Chad ofrece protección y seguridad, al menos hasta que los refugiados puedan regresar a Sudán en condiciones seguras.

En Adré conocimos a refugiados que esperaban estudiar, conseguir un empleo o cualquier oportunidad de sustento, y contribuir a la sociedad: trabajadores de la salud, técnicos, agricultores, pastores, abogados, docentes y estudiantes. Pero también vimos un país de acogida afectado por el cambio climático y la inseguridad alimentaria, y donde el 42 % de la población vive entre la línea de pobreza.

Lo que vimos ejemplifica por qué necesitamos un nuevo enfoque para apoyar a los refugiados, y lo necesitamos ya.

Afrontar el exilio prolongado

El primer paso es reconocer que las situaciones de refugiados tienden a prolongarse. Ante la ausencia de soluciones políticas a las crisis internacionales, millones de refugiados llevan años, a veces décadas, en el exilio. Las respuestas humanitarias de emergencia por sí solas no bastan: se necesita un enfoque de desarrollo a medio plazo. Para los países de acogida, el reto es adoptar políticas que puedan mantenerse en el tiempo, tanto financiera como socialmente.

Para la comunidad internacional, el reto es ofrecer un apoyo sólido y previsible con una perspectiva a largo plazo. Por eso es tan importante que ACNUR, organización centrada en la protección, la asistencia humanitaria y las soluciones para las situaciones de refugiados, y el Banco Mundial, institución que invierte en desarrollo a largo plazo, unan fuerzas a lo largo de una crisis de refugiados, desde su inicio hasta su resolución. El objetivo final, por supuesto, debe ser siempre crear las condiciones que permitan a los refugiados regresar a casa.

Cambiar la forma en que pensamos sobre los refugiados

Esto nos lleva a nuestro segundo punto: la inclusión es fundamental, al menos hasta que los refugiados puedan regresar a casa en condiciones seguras. Se requiere un cambio en la forma en que pensamos sobre los refugiados. De la asistencia al empleo. De los sistemas paralelos de prestación de servicios sanitarios y educativos a cargo de actores humanitarios a la inclusión en los sistemas nacionales gestionados por los gobiernos, con apoyo financiero de la comunidad internacional. De la reclusión en regiones con escasas oportunidades económicas a la libertad de desplazarse a otras partes del país donde pueda haber empleo.

Varios países que acogen refugiados ya están aplicando políticas de este tipo: desde Europa, como respuesta a la crisis de Ucrania, hasta América Latina, como respuesta a la crisis de Venezuela, o Türkiye, por ejemplo, con los refugiados sirios. Porque la inclusión puede reducir drásticamente el coste de la asistencia. Según un estudio del Banco Mundial, en Chad la asistencia a los refugiados cuesta $533 millones al año, pero si se les concede el derecho a trabajar, el coste baja a $207 millones, y si además se les concede el derecho a trabajar y a circular libremente, el coste se reduce aún más, hasta $152 millones.

Sin embargo, la inclusión, aunque sea temporal, tiene un coste para los países y las comunidades de acogida. Esto no debe subestimarse. Ellos contribuyen a un bien público mundial y necesitan que otros compartan la carga. El noventa por ciento de las personas desplazadas viven en países de ingreso bajo y mediano que enfrentan sus propios desafíos de desarrollo. Y nuestras organizaciones se comprometen a brindar apoyo.

Los países de acogida necesitan más asistencia internacional, pero también necesitamos que otros den un paso al frente: empresas, fundaciones, ciudades, ONG y defensores. Debemos apoyar la inversión del sector privado, porque la inclusión económica y la creación de empleo ofrecen el camino más seguro hacia la sostenibilidad.

Y hemos visto avances alentadores. En Kenia, nuestras instituciones trabajaron juntas para atraer empresas privadas a la zona de Kakuma-Kalobeyei, que acoge refugiados. En Colombia, los refugiados venezolanos que recibieron microcréditos han puesto en marcha pequeños negocios y ahora contribuyen a la economía colombiana.

Este programa proporciona a los refugiados 1 dólar al día mediante criptomonedas.
Este programa proporciona a los refugiados 1 dólar al día mediante criptomonedas.
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Invertir en prevención

Por último, y esta es la parte más compleja, debemos invertir en prevención. Para los países de acogida y la comunidad internacional, la prioridad fundamental es reducir la necesidad de que las personas huyan y ayudar a crear las condiciones para su regreso exitoso. Organizaciones como la nuestra pueden desempeñar un papel en la consolidación de procesos frágiles de paz y estabilización, pero resolver los conflictos, fomentar la paz y renovar el contrato social son tareas complejas que requieren un enfoque de múltiples partes interesadas.

El Foro Mundial sobre los Refugiados, celebrado esta semana en Ginebra, fue un momento importante para unirnos y repensar la forma en que respondemos a las crisis de refugiados. Si reconocemos que la mayoría de las crisis de refugiados pueden, lamentablemente, prolongarse; si reconocemos que el desarrollo a largo plazo es esencial, junto con abordar las causas profundas de los conflictos y el desplazamiento; y si los países de acogida adoptan políticas inclusivas, podremos devolver el sentido de esperanza tan necesario en un mundo convulsionado.

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