El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su intención de trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.

La decisión supone un reconocimiento de facto de Jerusalén como capital del Estado de Israel. A primera vista, parece bastante sencilla. Pero, en el contexto de décadas de violencia en Oriente Medio, es una medida cargada de complejidad política, religiosa y regional. El estatus de Jerusalén es fundamental para cualquier resolución del conflicto entre Israel y los palestinos.
Reuters informa de que los funcionarios israelíes han acogido favorablemente la medida del Gobierno de Trump, mientras que los líderes palestinos la califican de «beso de la muerte» para la solución de dos Estados
Reivindicaciones enfrentadas
Para la mayoría de los ciudadanos judíos de Israel, Jerusalén es conocida como la «capital eterna». Israel reivindica toda Jerusalén como su capital e insiste en que nunca podrá dividirse ni compartirse con un futuro Estado palestino.
La posición israelí es impensable para los palestinos. Para ellos, el sector oriental de Jerusalén —la ciudad vieja, como se la conoce— será la capital de la patria que aspiran a crear como parte de cualquier futuro acuerdo de paz.
Importancia religiosa

En el centro de estas reivindicaciones hay un recinto que alberga varios lugares religiosos.
Los musulmanes lo llaman Haram al-Sharif. Allí se encuentra la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam.
Los judíos conocen el mismo recinto como Monte del Templo. Allí se encuentra el Muro Occidental, el lugar más sagrado de la fe judía. Los seguidores del judaísmo creen que el Monte del Templo es el emplazamiento de los primeros y segundos templos judíos.
La Cúpula de la Roca domina el complejo. Los musulmanes creen que fue allí donde el profeta Mahoma ascendió al cielo. La cúpula también es sagrada para los judíos. Creen que fue allí donde Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac.
En disputa y dividida
Las fuerzas israelíes anexionaron Jerusalén Este al término de la guerra de Oriente Medio de 1967. La comunidad internacional nunca ha reconocido la soberanía que Israel reivindica sobre esta parte de la ciudad. Desde la anexión, Israel ha construido varios puestos avanzados, conocidos como asentamientos, en Jerusalén Este y Cisjordania. Unos 200.000 colonos judíos viven en estos puestos. En 2016, el Consejo de Seguridad de la ONU describió los asentamientos como «una flagrante violación del derecho internacional».
Estados Unidos ha dicho que el traslado de su embajada a Jerusalén podría llevar años, pero la decisión de trasladarla desde Tel Aviv va en contra de las convenciones diplomáticas actuales. Si el traslado se lleva a cabo, Estados Unidos será el único país con su embajada en la ciudad dividida.
Según Reuters, un funcionario del Gobierno de Trump dijo a los periodistas: «El presidente cree que esto es un reconocimiento de la realidad. Seguimos adelante sobre la base de una verdad innegable. Es simplemente un hecho».
Un portavoz de la ONU subrayó la sensibilidad en torno al estatus de Jerusalén, mientras líderes mundiales expresaban su preocupación por la decisión del presidente Trump. Stephane Dujarric dijo a los periodistas: «Siempre hemos considerado que Jerusalén es una cuestión relativa al estatus definitivo que debe resolverse mediante negociaciones directas entre las dos partes, basadas en las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad».

