Mientras miraba por la ventanilla durante el vuelo de Túnez a Trípoli en marzo, pensé en la primera vez que vi Libia desde el aire, cuando volaba hacia el sur rumbo a mi primer destino diplomático en África, en 1963. Desde entonces, el pueblo libio ha sufrido mucho: una dictadura tiránica, un levantamiento violento y una inseguridad persistente.
A esto se suma que Libia tiene una situación migratoria sumamente compleja. Esto se hace evidente cuando uno está en el país. Hay distintos flujos migratorios que atraviesan Libia y se dirigen hacia ella, impulsados por el subdesarrollo, la fragilidad del Estado, la marginación y las amenazas a la seguridad en África Occidental, África Oriental y Oriente Medio. La inseguridad política y el conflicto en Libia agravan la situación migratoria y exacerban aún más las vulnerabilidades existentes de todas las comunidades afectadas en el país, incluidos los propios libios. Fomentar un entorno estable que permita adoptar el enfoque integral que tanto se necesita para gobernar la migración es ahora una prioridad.
La Matriz de Seguimiento del Desplazamiento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la ONU ha logrado identificar a casi 400.000 migrantes en Libia. Sin embargo, se estima que el número total de migrantes en Libia oscila entre 700.000 y 1 millón, una cifra cercana a la de antes del levantamiento de 2011. Muchos migrantes esperan cruzar el Mediterráneo hacia Europa, pero muchos otros tenían la intención de quedarse y trabajar en Libia (hasta un 60 %, según nuestro cálculo), mientras que otros ahora desean regresar a casa.
A la deriva en su propio país
Trágicamente, este año ya han muerto más de 1.000 migrantes en el Mediterráneo. Otra tragedia: los miles de libios desplazados internos debido a la persistente inseguridad, muchos de ellos sin hogar desde el estallido de la crisis en 2011. La mayoría ha sido desplazada de zonas del noreste y el noroeste del país, en particular de Sirte y algunas partes de Bengasi. Los libios desplazados carecen de acceso a servicios esenciales, incluidos atención médica urgente y oportunidades económicas. La OIM trabaja con los gobiernos locales y las comunidades para promover la estabilidad y el desarrollo de las personas desplazadas internas, los migrantes y las comunidades de acogida locales en Libia, así como para ayudar a establecer un sistema mejor para gestionar la situación migratoria sobre el terreno.
Más de 7.100 migrantes están recluidos en los 27 centros de detención de Libia gestionados por la Dirección de Lucha contra la Migración Ilegal (DCIM). Me horrorizaron las condiciones de los centros libios. La situación era mucho peor de lo que podría haber imaginado. Conocí a hombres que habían sido golpeados y a mujeres con sus hijos, nacidos en detención, desesperados por volver a casa. El hacinamiento sigue muy vivo en mi memoria: colchones viejos y delgados amontonados, casi sin espacio entre ellos. Se les negaba la higiene básica.
La OIM ha intensificado su apoyo en Libia y a las autoridades libias para ayudar tanto a los migrantes como a los libios afectados por el conflicto. La semana pasada terminamos la rehabilitación de dos centros de detención para mejorar las condiciones de vida de los migrantes recluidos. Actualmente trabajamos en otros dos.
Al borde de la ebullición
Las relaciones entre los migrantes y las comunidades de acogida son difíciles, y se han producido múltiples incidentes de tensión en el 17 % de los municipios de Libia. Los migrantes pueden tener un efecto positivo en el mercado laboral local, contribuir a una economía más sólida y crear más empleos; en algunas zonas de Libia ya lo están haciendo.
Viajé a Trípoli con la esperanza de que ampliar la presencia de la OIM en el país, adonde ningún responsable de una organización internacional había viajado desde 2011, condujera a un mayor compromiso internacional con Libia y su pueblo. Si podemos estar presentes en toda Somalia, un entorno sumamente inseguro, también podemos ayudar en toda Libia. No podemos aceptar que el problema supere nuestra capacidad para resolverlo. No podemos perder la esperanza.

Con los principales responsables de la toma de decisiones de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, el Levante y el Norte de África, junto con actores internacionales clave de Estados Unidos, Europa, África Oriental y otras regiones, reunidos esta semana en el Foro Económico Mundial, ha llegado el momento de que los líderes mundiales piensen y actúen juntos con audacia para desarrollar un enfoque verdaderamente integral de la gobernanza de la migración que garantice vías para una migración segura y regular. La migración regular puede ser una oportunidad para impulsar un mayor desarrollo mundial, un salvavidas vital para muchas personas y también un medio eficaz para disipar el miedo que hemos visto en muchos países de destino.
