Este artículo forma parte de la plataforma de Geoestrategia del Foro Económico Mundial
Las tensiones se intensifican en el Golfo entre EE. UU. e Irán.
El presidente de Irán, Hassan Rouhani, ha afirmado que su país sufre una «presión sin precedentes» debido a las sanciones internacionales, que Estados Unidos ha endurecido aún más.
El histórico acuerdo nuclear de 2015 (conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, o JCPOA, por sus siglas en inglés), firmado entre Irán y los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, además de Alemania, está prácticamente muerto. Estados Unidos se retiró el año pasado e Irán afirma ahora que dejará de cumplir los términos del acuerdo; si no se avanza en el alivio de las sanciones, el país intensificará su programa de enriquecimiento de uranio.
El asesor de seguridad de Estados Unidos, John Bolton, ha advertido que cualquier ataque contra Estados Unidos o sus aliados recibirá una respuesta de «fuerza implacable», y que se ha enviado a la región un potente grupo de portaaviones estadounidense junto con aviones de guerra.
Estados Unidos ha declarado que Irán, o sus aliados, es responsable de cuatro ataques recientes contra buques cisterna comerciales que, según se cree, se encontraban en aguas territoriales de los Emiratos Árabes Unidos.
Ante el aumento de la amenaza de conflicto en el Golfo, el Foro Económico Mundial pidió a Barbara Slavin, directora e investigadora sénior no residente de la Iniciativa sobre el Futuro de Irán del Atlantic Council, que evaluara la situación.
1) Hace cuatro años, Barack Obama ofreció tender la mano si los líderes iraníes «aflojaban el puño». Ese gesto condujo a un acuerdo nuclear. Ahora tenemos un grupo de portaaviones estadounidense y bombarderos B-52 rumbo al golfo Pérsico. ¿Qué salió mal?
Es fácil culpar a la elección de Donald Trump de haber debilitado el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) y, sin duda, la administración Trump es la principal responsable del fuerte deterioro de las relaciones.
Con Trump, Estados Unidos ha mostrado una hostilidad extrema hacia Irán, abandonó el acuerdo nuclear e impuso sanciones cada vez más draconianas, pese a que Irán cumplía sus obligaciones nucleares. Sin embargo, las tensiones subyacentes entre Estados Unidos e Irán persistieron incluso durante la administración Obama, y sería inexacto atribuir toda la culpa a Trump.
El JCPOA debería haber propiciado una especie de distensión entre Estados Unidos e Irán, pero las fuerzas de ambos países no lo permitieron. En Irán, los servicios de inteligencia mantuvieron como rehén a un estadounidense, Siamak Namazi, cuando liberaron a otros cautivos en enero de 2016, y luego arrestaron a más estadounidenses inocentes, entre ellos el padre octogenario de Siamak. Irán mantuvo su retórica de línea dura contra Estados Unidos e Israel, y el presidente iraní Hassan Rouhani ni siquiera pudo decidirse a reunirse con el presidente Obama en la ONU.
Mientras tanto, en Estados Unidos, el Congreso aprobó una ley con mayorías suficientes para superar un veto, que exigía visados a los europeos y otras personas que antes podían viajar a Estados Unidos sin visado si habían visitado Irán. Esto restringía el comercio y violaba el espíritu, si no la letra, del JCPOA, que intercambiaba límites al programa nuclear de Irán por un mejor acceso al mercado mundial.
Dicho esto, la insistencia irracional de Trump en romper un acuerdo que funcionaba sin proponer nada para sustituirlo es la principal razón por la que las relaciones entre Estados Unidos e Irán se encuentran en un mínimo histórico. Su decisión ha alejado a nuestros aliados europeos y aislado a Estados Unidos, además de hacerle perder una política más equilibrada hacia Oriente Medio que podría haber favorecido la resolución de conflictos.
En cambio, los conflictos continúan con consecuencias especialmente devastadoras en Yemen, se han alentado las peores tendencias de los líderes regionales e Irán sigue profundamente involucrado en los asuntos de sus vecinos.
2) Es poco probable que Irán busque un conflicto militar directo con Estados Unidos. Pero ¿qué probabilidades hay de que aumenten los enfrentamientos entre los grupos aliados de ambos países, y qué peligro supone esto para la región?
Es una situación muy peligrosa, como hemos visto en los recientes informes sobre daños a buques cisterna frente a los Emiratos Árabes Unidos.
Tengo edad suficiente para recordar los enfrentamientos directos que tuvieron lugar en el golfo Pérsico en la década de 1980 entre las fuerzas estadounidenses e iraníes, y que llevaron a la tragedia del crucero estadounidense Vincennes, que derribó un avión comercial iraní y mató a las 290 personas que iban a bordo.
También podrían producirse ataques de grupos aliados de Irán contra las fuerzas estadounidenses y las de nuestros aliados en la región. Irak preocupa especialmente, dado lo expuestos que están allí nuestros 5.000 soldados y la cantidad de milicias armadas que recorren el país con un mando y control mínimos. Un cohete lanzado por los hutíes desde Yemen también podría alcanzar a saudíes o estadounidenses, desencadenando represalias y una escalada difícil de controlar. Tampoco hay que descartar la posibilidad de operaciones de falsa bandera por parte de actores regionales que desean ver un conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Todo esto era completamente innecesario y se deriva directamente de la decisión de la administración Trump de intentar cortar TODAS las exportaciones de petróleo iraní y, literalmente, matar de hambre al régimen hasta someterlo. Hacerlo sin esperar que Irán reaccionara de algún modo fue el colmo de la negligencia diplomática y la imprudencia.
3) Irán está prácticamente aislado de la economía mundial y su economía está en crisis. Sin embargo, Irán anuncia que está listo para luchar y sigue adelante con un programa que podría conducir a la fabricación de un arma nuclear. ¿Hay una lógica detrás de las acciones de Irán? ¿Es probable que las tácticas de Estados Unidos para asfixiar la economía iraní tengan éxito o solo endurezcan su determinación?
Irán ha mostrado una paciencia extraordinaria. Ha pasado más de un año desde que Estados Unidos abandonó unilateralmente el JCPOA, pero la presión sobre Irán comenzó incluso antes. Las empresas europeas que planeaban invertir en Irán se retiraron poco después de la elección de Trump, privando a Irán de los beneficios que se le habían prometido en virtud del acuerdo. El impacto psicológico también ha sido grave; los iraníes de a pie nunca habían parecido tan desesperanzados.
Las tácticas estadounidenses han logrado hundir la economía y la moral iraníes, pero, a menos que Irán vea una estrategia diplomática realista acompañando a las sanciones, me cuesta imaginar que acepte negociar un JCPOA nuevo y «mejor». Los funcionarios iraníes ven lo poco fiable que ha sido la administración Trump en sus tratos con otros adversarios y no tienen motivos para confiar en promesa alguna que Estados Unidos hiciera a cambio de nuevas concesiones iraníes.
Los pragmáticos como el presidente Rouhani han quedado desacreditados y podrían ser sustituidos por funcionarios de línea más dura, que nunca han buscado la reconciliación con Washington y se identifican más con los rusos y los chinos. A Teherán le conviene más atrincherarse, tratar de aumentar su capacidad de presión tanto en el ámbito nuclear como en el regional, y esperar a ver los resultados de las elecciones estadounidenses de 2020.
4) ¿Qué haría falta para que ambas partes volvieran a la mesa de negociación?
Francamente, es difícil imaginar que se celebren conversaciones con esta administración, a menos que Trump sea reelegido; en ese caso, las presiones económicas podrían dejar a Irán sin más opción que sondear la posibilidad de dialogar. Probablemente, los iraníes también querrían que Trump reorganizara su gabinete y destituyera a John Bolton y, posiblemente, también a Mike Pompeo.
Ambos están vinculados a los llamamientos a un cambio de régimen en Irán, en el caso de Bolton mediante una acción militar. Como mínimo, Trump tendría que nombrar a un enviado con experiencia en una diplomacia exitosa con Irán —por ejemplo, Ryan Crocker o James Dobbins— para iniciar negociaciones por canales indirectos. Ambos colaboraron con Irán para establecer un gobierno en Afganistán después del 11-S.
Trump tendría que renunciar a su objetivo de organizar cumbres para hacerse la foto. Irán no es Corea del Norte y a sus líderes no les interesa servir de comparsas en un programa de telerrealidad.
Estados Unidos también tendría que desechar las «12 exigencias» de Pompeo como aparentes condiciones previas para negociar y centrarse en un conjunto más acotado de preocupaciones. Si siguiera el exitoso modelo de la administración Obama, buscaría ampliar y posiblemente endurecer las restricciones nucleares del JCPOA a cambio de un alivio de las sanciones más amplio y fiable.
También podría incluirse un intercambio de prisioneros. Las conversaciones sobre conflictos regionales y misiles tendrían que incluir a otras partes y mantenerse separadas de un acuerdo nuclear. He escrito sobre qué más haría falta en esta entrada del blog.

