La invasión rusa de Ucrania sigue afectando a los mercados alimentarios mundiales y agravando el hambre.
Haití y Yemen son solo algunos de los países que sufren las consecuencias.
El cambio climático también está afectando al suministro de alimentos en muchos países.
Las organizaciones de ayuda tienen dificultades para prestar asistencia inmediata a todas las personas necesitadas, incluidos 6 millones de personas en Ucrania.
La crisis inminente ha puesto de relieve las pocas regiones de las que depende el mundo para abastecerse de alimentos.
La guerra en Ucrania está sacudiendo los mercados alimentarios mundiales y amenaza con desencadenar una crisis alimentaria global. Los países, ya muy tensionados y donde millones de personas no pueden permitirse comprar alimentos, necesitan ayuda desesperadamente, pero los fondos de asistencia se están agotando.
Alrededor de 18 millones de personas en el Cuerno de África no pueden asegurarse alimentos. Otros 17 millones en Yemen afrontan altos niveles de inseguridad alimentaria, y lo mismo ocurre con unos 4,5 millones de haitianos. Estas son algunas de las cifras alarmantes que los organismos de la ONU han revelado durante el último mes, mientras el aumento de los precios de los alimentos, el combustible y los fertilizantes amenaza con dejar aún más expuestas a las personas más vulnerables del mundo.
Las economías de algunos de estos países están en ruinas tras años de conflictos, cambio climático y, más recientemente, la pandemia. La interrupción de las exportaciones de cereales de Ucrania y Rusia, que se cuentan entre los principales productores de estos alimentos básicos, sumada al creciente número de países que imponen barreras comerciales a las exportaciones de alimentos, está disparando los precios de los productos básicos.
«La situación plantea desafíos sin precedentes en todo el mundo y no parece que vaya a mejorar», declaró a Geneva Solutions Tomson Phiri, portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Decidir quién come
El PMA es una de las agencias humanitarias que trabajan en las regiones más vulnerables del mundo para prestar asistencia inmediata a quienes la necesitan. Phiri afirmó que los 18 millones de dólares del presupuesto de la agencia de la ONU, asignados a principios de año, están ahora muy lejos de cubrir las necesidades, y que hacen falta otros 777 millones de dólares para su plan de emergencia, sobre todo para los países donde la respuesta está especialmente infradotada.
«En Yemen, hemos tenido que reducir a la mitad las raciones para ocho millones de personas a fin de dar prioridad a cinco millones que se estaban muriendo de hambre. Lo mismo en Siria», afirmó.
«Tenemos que elegir quién come y quién no».
Las agencias humanitarias han tenido que destinar también sus recursos a ayudar a Ucrania, donde millones de personas se han quedado sin ingresos, hogar ni alimentos. «Al PMA le faltan 590 millones de dólares para ampliar nuestra respuesta y llegar a 6 millones de personas [en Ucrania] durante los próximos tres meses», dijo Phiri, que actualmente visita el país.
Ucrania, que antes era una fuente de suministros para la agencia, ahora necesita su ayuda. Unas 12.000 toneladas métricas de trigo producido localmente han contribuido a aliviar algunas de las necesidades dentro del país, dijo Phiri, quien también señaló que algunos de sus contratos se han cancelado y las exportaciones se han suspendido, incluidas 30.000 toneladas métricas de trigo destinadas principalmente a África central occidental.
Pero el problema no es la disponibilidad. «El PMA tiene fuentes alternativas en el mercado internacional si estas interrupciones continúan», dijo Phiri. «Pero los precios han aumentado debido al conflicto, lo que también eleva los costos operativos del PMA en un momento en que no tenemos suficiente dinero».
Además de aumentar la necesidad de fondos, Ucrania también ha desviado la atención de otras crisis, ya que los medios han enfocado en gran medida sus cámaras en el país invadido.
«A veces no se presta suficiente atención como para dirigir la mirada del mundo hacia la difícil situación de quienes son pobres y pasan hambre», afirmó, citando a la República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur y Yemen.
«Estas son algunas de las crisis olvidadas, y nuestro desafío ahora es decirle al mundo que, además de lo que ocurre en Ucrania, hay cada vez más personas que están igual de mal».
La amenaza climática que no cesa
Aunque la guerra podría empujar a los países al límite, no es el único factor que agrava la situación. En África occidental, el número de personas que pasan hambre se ha cuadruplicado en los últimos tres años, ya que las sequías arruinan las cosechas año tras año.
En África oriental, tres sequías consecutivas han resecado las tierras. Sin pastos para alimentarse ni agua para beber, el ganado ha estado muriendo en masa, lo que obliga a los pastores a desplazarse a otras zonas en busca de tierras de pastoreo. Y las previsiones de lluvias para este año no son mejores.
Según el PMA, seis regiones de Somalia podrían sufrir hambruna en cuestión de meses si fracasa la temporada de lluvias. La ayuda humanitaria evitó una hambruna en 2017, la última vez que se estuvo al borde de una, señaló la agencia en un comunicado, pero esta vez podría no ser suficiente, ya que la brecha entre las necesidades y los recursos disponibles se ha ampliado hasta los 149 millones de dólares.
Según las recientes previsiones de la Universidad Estatal de Colorado, la temporada de huracanes de este año en el Atlántico, que comenzará en junio, será más activa de lo habitual, lo que supone un riesgo para la seguridad alimentaria de la región. Guatemala y Honduras, países de Centroamérica, ya atraviesan dificultades, pues los agricultores pobres se han visto gravemente afectados por las pérdidas agrícolas causadas por una temporada muy seca el año pasado y por los huracanes Iota y Eta en 2020.
Según las proyecciones de los expertos, las islas del Caribe, incluido Haití, que aún se recupera del terremoto de 2021, tienen un 60 % de probabilidades de que toque tierra una tormenta de categoría 3 a 5.
La amenaza que la guerra representa para la seguridad alimentaria mundial también ha puesto de relieve las deficiencias de los sistemas alimentarios globales. «El mundo suele depender en exceso de un grupo muy reducido de países para producir los alimentos que necesita», dijo Phiri, señalando que los países pueden impulsar la producción local apoyando a sus agricultores, tanto para el autoconsumo como para la exportación.

