No basta con responder a las crisis. Debemos actuar antes de que ocurran

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  • El sistema humanitario debe adoptar un enfoque anticipatorio.

  • Esto implicará un mayor uso de los seguros, los bonos de catástrofe y las acciones anticipatorias, así como abordar los problemas subyacentes.

  • Debemos hacer un seguimiento de los resultados para ampliar las iniciativas experimentales que tengan éxito y abandonar las demás.

Nos enfrentamos a un mundo en el que un número récord de personas necesita asistencia humanitaria, el cambio climático golpea con más fuerza a los más pobres y quienes combaten vulneran habitualmente los principios humanitarios. El panorama es sombrío.

Pero, en lo que respecta al poder del sistema humanitario para hacer frente a estos desafíos, sigo siendo optimista.

Tengo la suerte de ver de cerca cómo los organismos de la ONU, la Cruz Roja y brillantes ONG salvan vidas, atienden a personas enfermas y protegen a quienes huyen de los conflictos.

Pero soy optimista sobre el poder del sistema humanitario no solo por lo que es, sino por lo que podría llegar a ser si lo transformamos de uno que reacciona en uno que se anticipa.

El enfoque tradicional para hacer frente a las crisis humanitarias ha consistido en observar cómo se agravan los desastres y las tragedias, decidir entonces que debemos responder, movilizar después dinero y organizaciones para ayudar y, solo entonces, empezar a hacer llegar la ayuda a quienes la necesitan.

Es un enfoque reactivo. Salva muchas vidas.

Pero si una agricultora pobre sabe que sus semillas no darán cosecha debido a una sequía inminente, ¿por qué no le damos semillas resistentes a la sequía, en vez de esperar a que su familia pase hambre y sus hijos lleguen desnutridos a una clínica?

Y si sabemos que es probable que se desate un brote de cólera en algún lugar, ¿por qué no recordamos a la gente que se lave las manos y nos aseguramos de que haya fuentes de agua limpia y suficientes sales de rehidratación en la clínica local, en vez de esperar a que las personas se infecten y enfermen?

Al adoptar un enfoque anticipatorio, podemos ofrecer una solución mejor, más rápida y menos costosa a las necesidades humanitarias. Una solución más digna, que proteja los avances en materia de desarrollo, conseguidos con tanto esfuerzo, y que aborde los problemas antes de que surjan y allí donde surjan.

Image: Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios

Hay cinco pasos clave para lograrlo:

1. Ampliar el uso de los seguros contra riesgos de desastre

Lo primero que debemos hacer es recurrir mucho más a los seguros contra riesgos de desastre. En los países ricos, este tipo de seguro se da por sentado: casi la mitad de los costos de los peligros naturales está cubierta por seguros. No ocurre lo mismo en los países más pobres, donde la cobertura es de apenas un 5 % en promedio.

Con el cambio climático, los desastres naturales son cada vez más frecuentes, intensos y destructivos. Ampliar la cobertura puede marcar una enorme diferencia para evitar que las conmociones se conviertan en crisis humanitarias. Los seguros ofrecen pagos rápidos y previsibles. También hacen que la gente sea más consciente de los riesgos.

Quiero ver avances en la aplicación de los principios de los enfoques anticipatorios a los seguros, para que estos paguen antes, posiblemente incluso antes de un desastre previsible, e incentiven a los asegurados a reducir y gestionar los riesgos.

2. Utilizar financiación para contingencias acordada de antemano

La mayoría de los gobiernos organizan su propia financiación para contingencias mediante el proceso presupuestario nacional. Sin embargo, muchos países más pobres no pueden hacerlo, no están dispuestos a hacerlo o tienen restricciones fiscales demasiado severas. La financiación para contingencias acordada de antemano dentro del sistema multilateral, que da a los países acceso a subvenciones o préstamos en condiciones favorables para financiar la respuesta de emergencia y la reconstrucción, puede ayudar. Un ejemplo son las opciones de retiro diferido, como las que pueden obtener quienes solicitan préstamos al Banco Mundial. Una vez que ocurre un desastre, estas opciones, conocidas como DDO, están concebidas para desembolsarse casi de inmediato.

3. Utilizar bonos de catástrofe para compartir los riesgos

Además de los seguros, deberíamos compartir más riesgos con el sector privado en contextos humanitarios. Los bonos de catástrofe son otro instrumento que proporciona efectivo a los gobiernos inmediatamente después de un desastre. Si las cosas salen como esperan los inversores, recuperan todo su capital, más los intereses generados y la prima del gobierno. Si ocurre un desastre, los inversores pierden su capital, que se paga de inmediato al gobierno.

La Iniciativa de Inversión Humanitaria del Foro Económico Mundial busca identificar ámbitos en los que sea posible compartir riesgos entre organismos humanitarios y de desarrollo, empresas e inversores.

4. Resolver los problemas subyacentes

Debemos centrarnos en un desarrollo que genere resiliencia frente a las crisis y diseñar intervenciones humanitarias de modo que produzcan mayores beneficios para el desarrollo. A veces tiene más sentido apoyar soluciones a largo plazo y resolver el problema subyacente que responder a la crisis cada vez que ocurre. Por ejemplo, se calcula que en Etiopía el costo de transportar agua en camiones a campamentos para personas desplazadas durante 6-9 meses equivale al costo de un sistema de suministro de agua semipermanente. Con demasiada frecuencia acabamos financiando el transporte en camiones durante dos años o más, cuando sería más barato establecer desde el principio una solución más permanente.

5. Adoptar una acción anticipatoria

Debemos hacer todo lo posible por actuar antes y con mayor rapidez mediante acciones anticipatorias. Por ejemplo, en julio, el Gobierno de Bangladesh y el Programa Mundial de Alimentos identificaron comunidades del noroeste de Bangladesh que estaban a punto de inundarse. El enfoque tradicional habría consistido en movilizar expertos y almacenar alimentos y materiales para refugios. Esta vez, el PMA simplemente entregó 53 dólares a cada una de 5.000 familias con tres días de antelación. Las personas pudieron trasladarse a zonas más seguras, reforzar sus viviendas y comprar suministros esenciales.

Otro ejemplo procede del trabajo de científicos estadounidenses, con el apoyo del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido, para predecir brotes de cólera. Algunas personas creen que ahora podría ser posible predecir con hasta cuatro semanas de antelación dónde se producirá la primera infección, en una zona geográfica de menos de 250 metros por 250 metros, en cualquier lugar del mundo.

Nos espera un año en el que los conflictos y la crisis climática han llevado a 168 millones de personas a necesitar ayuda humanitaria para sobrevivir. Eso equivale a 1 de cada 45 personas y es la cifra más alta en décadas. Solo en 2020 harán falta 29.000 millones de dólares para hacer frente a esta situación.

No tenemos más remedio que hacer que cada dólar de los donantes rinda más y llegue más rápido. Creo que la respuesta para lograrlo está en un enfoque anticipatorio.

Pero debemos abordar esta tarea con los ojos bien abiertos. A medida que innovamos más y usamos datos para anticipar los problemas antes de que ocurran, debemos mantener la claridad de criterio y el rigor analítico. Algunas de estas innovaciones funcionarán de maravilla y otras no. Juntos, debemos ampliar con confianza las iniciativas experimentales que tengan éxito y abandonar sin titubeos las demás.

Un enfoque anticipatorio exige cierto atrevimiento, quizá valentía, para desafiar el statu quo. Requiere dar un salto, no de fe, porque se basa en datos, sino de confianza. Los beneficios humanos y económicos de este trabajo son demasiado valiosos para desperdiciarlos.

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