Qué revelan las últimas maniobras de guerra de la OTAN sobre el estado de la Alianza

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Trident Juncture 2018, uno de los mayores ejercicios de los últimos años, comenzó el 25 de octubre en Noruega y sus alrededores, en un contexto de creciente tensión en materia de seguridad en Europa.

Ante la renovada asertividad rusa a ambos lados del Atlántico, que incluye injerencias en elecciones democráticas, el uso de un agente nervioso químico en territorio británico, ciberataques selectivos y violaciones del espacio aéreo aliado solo en el último año, las tensiones son elevadas. En este contexto, la OTAN está evaluando su postura de defensa colectiva y disuasión en Europa.

Fuerzas militares de treinta y un países, incluidos los veintinueve miembros de la OTAN, además de Finlandia y Suecia, participan en Trident Juncture, una importante demostración y puesta a prueba de la respuesta colectiva de la OTAN ante un ataque armado ficticio contra un Estado miembro aliado. Las maniobras se prolongarán hasta el 7 de noviembre.

Tras un año de relaciones turbulentas entre el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, y los jefes de Estado de la OTAN, ejemplificadas por una cumbre de la OTAN tensa en Bruselas en julio, el ejercicio constituye una importante demostración visual de la cohesión de la Alianza.

Tensiones en la relación

Aunque ha habido tensiones en el plano político y diplomático de la relación transatlántica, en parte debido a las continuas críticas de Estados Unidos al gasto europeo en defensa, Trident Juncture es una enorme muestra de fuerza y unidad militar, en la que participan los veintinueve Estados miembros.

El ejercicio indica que los aliados de la OTAN siguen adelante, en la práctica, para reforzar la defensa y la disuasión, al margen de las fricciones políticas. Hemos visto esta tendencia en otros ámbitos: los miembros de la OTAN están aplicando planes para aumentar el gasto en defensa, invirtiendo en nuevas capacidades y asumiendo nuevos compromisos de seguridad que son bienvenidos.

Esto quedó patente en la reciente cumbre de la OTAN de julio, donde los aliados se comprometieron a crear el Mando Conjunto de Apoyo y Habilitación (JSEC) en Alemania, equipos de apoyo para contrarrestar amenazas híbridas y un nuevo Centro de Operaciones Cibernéticas.

Tres objetivos

Trident Juncture cumple tres objetivos importantes. En primer lugar, en el plano práctico, pondrá a prueba la capacidad de la OTAN para responder con rapidez y movilizar fuerzas, una capacidad que debe ejercitarse para que la Alianza pueda defender eficazmente Europa ante una posible crisis.

En segundo lugar, destaca la importancia estratégica del Atlántico Norte y de la seguridad marítima como ámbitos en los que la Alianza puede seguir perfeccionando sus estrategias de defensa multidominio.

En tercer lugar, en el plano político, el ejercicio sirve para tranquilizar a los aliados de «primera línea» que limitan con Rusia, como los Estados bálticos y Polonia, respecto al compromiso de Estados Unidos y de los aliados de responder ante violaciones del Artículo 5, enviando una señal clara de unidad y determinación de la Alianza para disuadir la agresión rusa.

Respuesta rápida

Trident Juncture se desarrolla en Noruega y sus alrededores, incluido el espacio aéreo circundante y las aguas marítimas, y simulará un ataque contra un miembro de la OTAN. Pondrá a prueba la capacidad de la OTAN para responder con rapidez y movilizarse en una operación de defensa colectiva. Con alrededor de 50.000 efectivos, 10.000 vehículos, 150 aeronaves y sesenta y cinco buques, incluido un portaaviones estadounidense, el ejercicio no solo exhibe una fuerza unificada, sino que también supone una prueba enorme de la capacidad de la Alianza para trasladar un número considerable de tropas y equipos a Europa y dentro del continente.

En un posible conflicto, el tiempo lo es todo. Aunque es importante contar con fuerzas entrenadas y equipos adecuados, de nada sirve si no pueden llegar al teatro de operaciones a tiempo

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La magnitud de Trident Juncture la convierte en una de las iniciativas más ambiciosas de la OTAN en décadas, pues representa la primera oportunidad para que la OTAN ponga a prueba su nueva iniciativa «Cuatro Treintas». El objetivo de la iniciativa, acordada en la cumbre de la OTAN celebrada en julio en Bruselas, es que la Alianza tenga treinta batallones de combate, treinta buques de guerra y treinta escuadrones aéreos listos para movilizarse en un plazo de treinta días.

En un posible conflicto, el tiempo lo es todo. Aunque es importante contar con fuerzas entrenadas y equipos adecuados, de nada sirve si no pueden llegar al teatro de operaciones a tiempo.

Como declaró el almirante James G. Foggo, comandante del Mando de la Fuerza Conjunta Aliada de la OTAN en Nápoles y comandante del ejercicio, Trident Juncture es en gran medida «un ejercicio logístico» para poner a prueba y entrenar lo que él llama «el sexto dominio de la guerra».

Las fuerzas conjuntas de Estados Unidos son eficaces a la hora de desplegar rápidamente tropas listas para el combate en una zona de operaciones, mediante el despliegue de fuerzas por fases temporales, que distribuye escalonadamente los recursos, el personal y las actividades a lo largo de un periodo adecuado. La OTAN intenta emular esta práctica con ejercicios como Trident Juncture y al poner en marcha la iniciativa Cuatro Treintas. «Para disuadir, hay que estar presente», dijo Foggo al explicar los detalles de Trident Juncture. «Hay que estar allí y hay que llegar rápido».

Quizá lo más significativo sea que se pondrá a prueba la fuerza de avanzada de la OTAN, también conocida como Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad. La VJTF, integrada por más de 5.000 efectivos y concebida para desplegarse dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes a recibir el aviso, participará en el ejercicio.

Esto es significativo porque la VJTF nunca antes se había ejercitado a esta escala, pero sería una fuerza de refuerzo fundamental para la OTAN en una crisis. Una demostración de fuerza tan grande y coordinada es de suma importancia para la OTAN: permite someter a una prueba de resistencia aspectos clave de la movilidad militar y la interoperabilidad, y demostrar la capacidad de la Alianza para planificar y llevar a cabo una importante operación de defensa colectiva.

Amenazas marítimas en el Atlántico Norte

Aunque el riesgo de un posible ataque armado de Rusia contra Noruega es relativamente bajo, la ubicación de Trident Juncture refleja la renovada importancia estratégica del Atlántico Norte para la OTAN. Tras casi dos décadas de operaciones expedicionarias en otras regiones, el Atlántico Norte, que fue un punto central de las preocupaciones de la Guerra Fría sobre el acceso de Estados Unidos a Europa a través del corredor Groenlandia-Islandia-Reino Unido (GIUK), vuelve a estar en el punto de mira de la OTAN.

En una posible crisis, Estados Unidos tendría que trasladar la mayor parte de sus fuerzas y recursos desde el territorio continental estadounidense hasta Europa a través del océano Atlántico, por lo que cualquier restricción al acceso marítimo o a las rutas marítimas de comunicación tendría consecuencias devastadoras.

La Flota del Norte, columna vertebral de la renovada armada rusa, vuelve a estar activa en el Atlántico Norte. Este año recibirá cinco nuevos buques de guerra, cinco buques de apoyo y quince aeronaves antes de fin de año, según el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu. También preocupa la modernización de la flota submarina de Rusia, capaz de transportar misiles de crucero avanzados de ataque terrestre que permitirían a Rusia atacar en lo profundo de Europa y extender su «defensa de bastión».

Para responder a estos avances, la OTAN está adaptando su estructura de mando y sus capacidades para ampliar su mirada hacia el norte y reforzar su estrategia marítima. La Armada estadounidense decidió recientemente restablecer su Segunda Flota para supervisar las operaciones en el Atlántico Norte, y en junio la OTAN acordó crear un Mando de la Fuerza Conjunta para el Atlántico en Norfolk, Virginia, con el fin de proteger las líneas abiertas de comunicación transatlántica.

Además, el ejercicio demostrará la capacidad de la Alianza para operar simultáneamente en varios dominios: en el mar, en tierra y en el aire.

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Trident Juncture incorporará elementos fundamentales de la defensa y la seguridad marítimas a lo largo de la extensa costa occidental de Noruega y será una prueba importante de las capacidades y la coordinación de la OTAN en este ámbito, especialmente en las duras condiciones operativas del Alto Norte. Además, el ejercicio demostrará la capacidad de la Alianza para operar simultáneamente en varios dominios: en el mar, en tierra y en el aire.

Tranquilizar a los aliados de primera línea

El momento elegido para el ejercicio de la OTAN es importante. Trident Juncture tiene lugar pocas semanas después de la mayor maniobra militar de Rusia desde 1981, Vostok-2018, en la que Rusia no solo puso a prueba su preparación para el combate, sino que también demostró su posición diplomática junto a China: varios miles de soldados chinos se unieron a casi 300.000 soldados rusos en el este de Rusia.

La ambición y la enorme envergadura de Trident Juncture someterán a pruebas de resistencia algunas de las competencias esenciales de la OTAN y pondrán de relieve ámbitos clave en los que la Alianza debe seguir trabajando, como la preparación, la movilidad militar y la capacidad de proporcionar refuerzos.

Al mismo tiempo, el ejercicio demuestra la unidad de la Alianza y su compromiso fundamental con la defensa y la disuasión en el norte de Europa, en un momento en que la cohesión de la OTAN se ha puesto en duda con frecuencia.

Trident Juncture: la respuesta de la OTAN ante una crisis, a prueba, Clementine G. Starling, el Atlantic Council

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