Este artículo forma parte de la plataforma de geoestrategia del Foro Económico Mundial
Cuando los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN se reúnan en Washington D. C. el 4 de abril para celebrar el 70.º aniversario del Tratado del Atlántico Norte, las dudas sobre el futuro de la Alianza se yuxtapondrán a los recordatorios de sus impresionantes logros pasados.
Ha salvaguardado no solo la seguridad territorial de sus miembros, sino que también ha desempeñado un papel fundamental en la protección y promoción de los principios y valores del orden internacional de la posguerra mundial.
El desafío que afronta la OTAN mientras se prepara para estas celebraciones de aniversario no es tanto operativo —aunque siguen siendo necesarias mejoras, en este aspecto al menos podría decirse que la OTAN goza de tan buena salud como en muchos años—. Es, más bien, político.
De aquí a abril, los Estados miembros de la OTAN se enfrentarán a varios desafíos políticos importantes. Estos van más allá de la personalidad del actual presidente de Estados Unidos e incluso de la disposición de los miembros de la Alianza a atender las preocupaciones de larga data de Estados Unidos sobre el reparto de cargas y el gasto europeo en defensaLas preocupaciones de Estados Unidos sobre el reparto de cargas y el gasto europeo en defensa, aunque sin duda estas no desaparecerán.
Las respuestas colectivas de los Estados miembros a estos apremiantes desafíos desempeñarán un papel fundamental en la percepción de las celebraciones de abril y en las perspectivas futuras de la Alianza.

1) Mantener una postura unida sobre el INF
En octubre de 2018, el presidente Trump anunció su intención de retirar a Estados Unidos del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), en respuesta a años de presuntas violaciones reiteradas del tratado por parte de Rusia. El intenso cabildeo europeo a finales de 2018, en particular por parte de la canciller alemana Angela Merkel, logró evitar una ruptura inmediata entre los aliados de la OTAN sobre cómo responder a la retirada prevista de Estados Unidos.
Aunque los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN coincidieron por unanimidad en su reunión de diciembre en que Rusia había incurrido en un incumplimiento sustancial del tratado, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, dio a Rusia un plazo de 60 días para demostrar su cumplimiento pleno y verificable del INF; de lo contrario, Estados Unidos suspendería sus obligaciones en virtud del tratado.
Este plazo vence el 2 de febrero. Si no hay avances en las conversaciones en curso, es probable que Estados Unidos, tras suspender sus obligaciones en virtud del INF, anuncie su retirada oficial del tratado mediante el proceso de retirada de seis meses establecido.
Sigue siendo una incógnita cómo reaccionarán los Estados miembros europeos de la OTAN ante el colapso de un tratado que, durante más de 30 años, ha logrado retirar de Europa misiles balísticos y de crucero, nucleares y convencionales, con base en tierra y alcances de entre 500 y 5.500 km.
2) El papel de la OTAN en los Balcanes Occidentales
A finales de 2018, el Gobierno de Pristina aprobó polémicamente una ley para iniciar la transformación de la Fuerza de Seguridad de Kosovo, integrada por 4.000 efectivos, en un ejército regular.
Aunque probablemente esta medida tardará casi una década en entrar en vigor operativamente, la OTAN ha expresado reiteradamente su inquietud ante tal iniciativa y ha señalado su preocupación por el momento elegido y por la posibilidad de que avive las tensiones con la vecina Serbia.
Sin embargo, las diferencias políticas dentro de la OTAN quedaron a la vista del público cuando, tras la decisión de Pristina, Estados Unidos expresó su apoyo al derecho soberano de Kosovo a desarrollar una fuerza con el mandato de defender el territorio del país.
El 30 de enero, está previsto que el Consejo del Atlántico Norte examine la participación de la OTAN en Kosovo a la luz de estos acontecimientos. Es probable que se agraven aún más las diferencias de opinión existentes sobre Kosovo (incluido su reconocimiento como Estado).
Mientras la OTAN debate cómo proceder en sus relaciones, es probable que Estados miembros clave impulsen un acuerdo de la Alianza para aumentar su participación en Pristina, en lugar de retirarse. Sin duda, sería un resultado positivo, pero no todos los miembros de la OTAN estarán dispuestos de antemano a aceptarlo.
En otros lugares de los Balcanes, mientras la OTAN se prepara para dar la bienvenida a su miembro número 30, Macedonia del Norte, persiste la preocupación por la estabilidad política de Bosnia y Herzegovina.
En diciembre de 2018, la OTAN anunció que estaba preparada para avanzar en la implementación de su Plan de Acción para la Adhesión de Bosnia y Herzegovina. Sin embargo, sigue sin estar claro si las ventajas de una cooperación más estrecha con la OTAN se considerarán suficientes para superar las divisiones políticas internas del país.

Mientras la Federación de Bosnia y Herzegovina aspira a ingresar tanto en la OTAN como en la UE, Milorad Dodik, representante serbio en la presidencia rotatoria de tres miembros del país y líder del partido político más fuerte de la otra entidad autónoma del país, la República Srpska, sigue oponiéndose abiertamente al ingreso en la OTAN y prefiere cultivar estrechos vínculos con Serbia y Rusia.
Estados Unidos ha encabezado los esfuerzos de los miembros de la OTAN para rebatir las preocupaciones de los serbobosnios de que una mayor cooperación militar con la OTAN podría perjudicar las relaciones regionales de la República Srpska. Sin embargo, la llegada de Dodik a la presidencia de un país que describe como un «Estado imposible» sirve como un recordatorio indeseado de las persistentes amenazas a la paz y la estabilidad que siguen emanando de este país, así como de las repercusiones que podrían tener en toda la región.
3) Tensiones políticas en las operaciones de la OTAN
En estos momentos, se entiende que Estados Unidos está revisando la naturaleza y el alcance de sus compromisos en Afganistán. La posibilidad de recortes drásticos en la contribución estadounidense a la misión no combativa Apoyo Decidido, dirigida por la OTAN, es motivo de seria preocupación entre los aliados y socios de la OTAN. Aunque las consecuencias de cualquier decisión de Estados Unidos de aplicar recortes serían esencialmente operativas, la gestión de este proceso tendría un marcado carácter político.
Mientras tanto, la misión más reciente de la OTAN en Irak (NMI) plantea nuevos desafíos políticos, ya que la Alianza busca ofrecer formación no combativa y desarrollar las capacidades de las fuerzas iraquíes. Los miembros de la OTAN deberán mantener la unidad mientras gestionan las tensiones entre los gobiernos de Bagdad y Ankara.
El anuncio de Donald Trump, en diciembre de 2018, de una retirada gradual de las fuerzas estadounidenses de Siria tras la «derrota» del ISIS tomó por sorpresa a los socios de Estados Unidos, incluida la OTAN, que también forma parte de la Coalición Global contra el ISIS. Desde hace tiempo, Siria es una fuente de crecientes tensiones entre los aliados de la OTAN, principalmente, aunque no exclusivamente, entre Turquía y Estados Unidos.

Aunque ahora parece que se han impuesto condiciones a la retirada de Estados Unidos, es probable que las tensiones políticas persistan, sobre todo en torno a la futura postura de Turquía hacia los aliados kurdos de Estados Unidos. Entretanto, persisten las posturas divergentes de otros miembros de la OTAN respecto a Siria, aunque estas diferencias apenas tienen otro efecto que poner de relieve la irrelevancia de la Alianza ante la tragedia que se ha desarrollado.
4) Equilibrar las ambiciones europeas de autonomía estratégica
En consonancia con la controvertida visión de la UE sobre la «autonomía estratégica», expuesta en su Estrategia Global de 2016, en los últimos años la UE ha puesto en marcha una serie de iniciativas diseñadas para impulsar la cooperación europea en materia de defensa y desarrollar capacidades defensivas. A medida que estos planes comienzan a tomar forma, parece que algunos sectores de Washington desconfían cada vez más de ciertas manifestaciones de este creciente interés por la cooperación europea en defensa.
Esto se debe en parte a que Washington teme que se estén pasando por alto requisitos previos fundamentales para el apoyo estadounidense a la integración europea en materia de defensa. Como señaló en 1999 la secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright, la cooperación de la UE en defensa no debería duplicar los recursos de la OTAN, discriminar a los miembros de la OTAN que no pertenecen a la UE ni tener el efecto de desvincular a la UE de la Alianza transatlántica.
Sin embargo, el cabildeo de Estados Unidos para que empresas con sede en la UE y matrices estadounidenses puedan acceder a la financiación del recién creado Fondo Europeo de Defensa está recibiendo un entusiasmo claramente limitado. En términos más generales, tales condiciones encajan mal con muchas interpretaciones de la autonomía estratégica de la UE.
Es probable que la cooperación europea en materia de defensa figure en el orden del día de la próxima reunión ministerial de Defensa de la OTAN, a mediados de febrero. Aunque se hará hincapié en apoyar la cooperación entre la OTAN y la UE, no será difícil percibir bajo la superficie corrientes de preocupación, alimentadas por intereses comerciales contrapuestos.
Celebraciones inquietas
Cuando los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN se reúnan en abril para celebrar el 70.º aniversario de la Alianza, querrán dejar atrás la discordia política transatlántica de las cumbres de 2017 y 2018 y proyectar, en cambio, el mensaje de que están tan unidos políticamente como en el plano operativo. Sostendrán que la Alianza es tan necesaria y pertinente para los desafíos actuales como lo fue en los años posteriores a la fundación de la OTAN.
La manera en que los aliados de la OTAN afronten los desafíos políticos de los próximos meses será decisiva para determinar cuán sólidas o vacías resultan estas afirmaciones.
Cuatro desafíos clave para la OTAN en los próximos meses, Sarah Raine, Instituto Internacional de Estudios Estratégicos

