9 formas de reducir el riesgo de conflicto militar en Europa

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Este artículo forma parte de la plataforma de Geoestrategia del Foro Económico Mundial

En Europa, la prioridad inmediata de los Estados es aumentar su capacidad militar para reforzar la defensa y la disuasión. Actualmente se presta menos atención a los instrumentos de contención, incluidos el control de armamentos y las medidas de fomento de la confianza y la seguridad (CSBM).

Las condiciones militares están cambiando rápidamente, pero la experiencia pasada solo sirve de forma limitada para comprender esos cambios, porque la geografía estratégica de Europa ha cambiado y las tecnologías que estaban en una fase inicial de despliegue cuando se negociaron las medidas de contención vigentes se han convertido en elementos centrales de las fuerzas armadas modernas.

Un proceso que promoviera un análisis más amplio y de mayor calidad de la información militar existente podría ayudar a crear condiciones favorables para avanzar en la cooperación política y establecer una base sólida para debatir nuevos acuerdos en el futuro.

Un entorno de seguridad cambiante

Al comprender mejor las principales tendencias y novedades en materia de seguridad, los expertos militares podrían mejorar la calidad de sus recomendaciones a los responsables de formular políticas nacionales. Como parte del proceso de comprensión del cambiante entorno de seguridad europeo, la información oficial que intercambian los Estados debería aprovecharse de forma más eficaz en iniciativas basadas en la experiencia militar.

Como primer paso, los Estados participantes en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) deberían mejorar su propia capacidad promoviendo el análisis nacional de la información que la OSCE pone a su disposición. Las comunidades de expertos creadas mediante iniciativas nacionales podrían conectarse en proyectos internacionales que elaboren evaluaciones conjuntas en agrupaciones que trasciendan el marco de las alianzas y las instituciones de seguridad.

El nivel de riesgo asociado a las tensiones militares y políticas en una zona relativamente pequeña de Europa —esencialmente, Belarús, Ucrania y Moldova— es inaceptable

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A medida que se apliquen nuevos planes militares, es probable que sigan aumentando el número y la frecuencia de las actividades de entrenamiento, los ejercicios militares y las patrullas, y que las fuerzas armadas se encuentren cada vez más cerca unas de otras.

Probablemente se realizarán ejercicios que simulen escenarios de oposición y de acceso denegado, y los buques y aeronaves de los Estados que no participen en ellos vigilarán de cerca estas actividades militares.

El nivel de riesgo asociado a las tensiones militares y políticas en una zona relativamente pequeña de Europa (esencialmente, Belarús, Ucrania y Moldova) es inaceptable.

Las medidas vigentes no bastan para abordar los problemas actuales en esta parte de Europa, que a menudo son un efecto secundario del deterioro de las relaciones entre las grandes potencias.

Belarús, Ucrania y Moldova participan plenamente en los regímenes europeos de contención militar como partes del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), el Documento de Viena y el Tratado de Cielos Abiertos. Belarús y Ucrania son partes del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio mientras este siga vigente. Sin embargo, el marco actual tiende a separar las cuestiones y a debatir las percepciones de las amenazas, las armas convencionales, las armas nucleares y los misiles sin tener en cuenta los vínculos entre ellas.

Un enfoque más convincente consistiría en considerar cómo podrían aprovecharse los mecanismos existentes para facilitar una evaluación más integrada.

En los últimos años se ha registrado un número considerable de incidentes en los que se han encontrado buques entre sí o buques y aeronaves. Estos incidentes no se limitan a una parte de Europa: ocurren en el mar Báltico, el mar Negro y el Mediterráneo.

Entre los incidentes figuran acciones deliberadas destinadas a señalar que una presencia naval no es bienvenida. Es necesario gestionar estos incidentes para reducir el peligro de que se agraven hasta convertirse en una crisis. También se producen incidentes involuntarios; si uno de ellos se interpreta erróneamente como una provocación o un acto de coacción, también podría escalar de formas que no beneficien a ninguna de las partes.

En Europa existe un régimen subregional de CSBM de alcance algo limitado en la región del mar Negro, pero afronta importantes desafíos y sus medidas técnicas de reducción de riesgos son exclusivamente bilaterales.

El régimen naval de CSBM de los seis países del mar Negro no incluye a las armadas de los Estados no ribereños (tanto si el Estado mantiene una presencia naval habitual en el mar Negro como si no), y la situación actual de las relaciones entre Ucrania y Rusia impide que los participantes se reúnan.

Un enfoque integrado

En el pasado se rechazaron propuestas rusas para desarrollar un régimen naval de CSBM que incluyera a todos los Estados participantes en la OSCE, alegando que no identificaban ningún problema de seguridad específico que hubiera que resolver.

Un enfoque más integrado que incorpore capacidades navales a un posible régimen futuro de CSBM podría obtener apoyo más adelante, pero por ahora no parece inminente ninguna revisión sustancial del régimen de CSBM de la OSCE, y también parece improbable una medida naval de CSBM independiente.

En estas circunstancias, podría ser más viable un enfoque más limitado, centrado en medidas técnicas para reducir los riesgos derivados de la proximidad de buques o aeronaves. Una nueva medida centrada en la reducción de los riesgos navales podría ser oportuna, y convendría plantear la iniciativa en términos paneuropeos en lugar de adaptarla a un espacio marítimo limitado.

En el ámbito naval, los países asiáticos parecen avanzar hacia un marco regional con dos elementos: un compromiso conjunto de utilizar medios técnicos —en particular, un Código para encuentros no planificados en el mar (CUES)—, complementado con medidas que vinculen directamente a países que afrontan desafíos bilaterales especialmente delicados en materia de seguridad naval. Sería útil explorar en Europa un acuerdo similar.

Recomendaciones:

1) Los Estados europeos deberían proteger los contactos militares existentes entre sus fuerzas armadas para evitar que se reduzcan como consecuencia de un nuevo deterioro de las relaciones políticas.

2) Establecer equipos nacionales de expertos militares encargados de analizar en detalle la información disponible mediante los intercambios de información existentes de la OSCE.

3) Promover proyectos que conecten a los equipos nacionales para facilitar evaluaciones conjuntas de las principales tendencias de la seguridad militar en Europa, basadas en un conjunto compartido de información.

4) Explorar el Consorcio de la Asociación para la Paz (PFPC) como marco para conectar a expertos nacionales, incluidos los de Rusia.

5) Explorar las perspectivas de un conjunto integrado de CSBM regionales y bilaterales que limite los riesgos para Belarús, Ucrania y Moldova derivados del aumento de las tensiones entre la OTAN y Rusia.

6) Establecer un foro específico para que las armadas estudien un instrumento naval independiente de reducción de riesgos bajo los auspicios de la OSCE.

7) Explorar la viabilidad de añadir al orden del día del Simposio Regional sobre Poder Marítimo de Venecia un grupo de trabajo sobre prevención y gestión de incidentes navales, con el fin de apoyar el desarrollo de un instrumento de reducción de riesgos.

8) Promover la modernización de los acuerdos bilaterales vigentes sobre incidentes en el mar (INCSEA) y estudiar nuevos acuerdos que armonicen su contenido, tengan en cuenta los cambios tecnológicos e incorporen las normas establecidas en los acuerdos políticos y jurídicos internacionales.

9) Incluir la experiencia y los conocimientos obtenidos de los debates en Asia en el proceso de reflexión sobre la reducción de los riesgos navales en Europa.

Reducir el riesgo militar en Europa, Ian Anthony, el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz

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