Este artículo forma parte de la plataforma de geoestrategia del Foro Económico Mundial
El declive del Estado Islámico (ISIS) y la aparición de violencia vinculada a ISIS en el Sudeste Asiático ponen de manifiesto la posibilidad de una nueva era de terrorismo yihadista transnacional en la región.
Los informes recurrentes, aunque sin fundamento, sobre la actividad de ISIS en Tailandia han suscitado preguntas sobre la vulnerabilidad del sur profundo del país, de mayoría musulmana, y, en particular, de su insurgencia malayo-musulmana de larga data ante la influencia yihadista.
Hasta la fecha, no hay pruebas de que los yihadistas hayan logrado abrirse paso entre los frentes separatistas que luchan por lo que consideran la liberación de su patria, Patani, sostiene el informe del Crisis Group, Yihadismo en el sur de Tailandia: una amenaza fantasma.
Sin embargo, el conflicto y una serie de alarmas sobre ISIS en Tailandia están alimentando el temor a una nueva amenaza terrorista. Esos temores no son irracionales, aunque en gran medida están fuera de lugar y no deberían ocultar la calamidad de la insurgencia ni la necesidad de ponerle fin.
Las conversaciones directas entre los líderes insurgentes y el Gobierno son prioritarias; un sistema político descentralizado podría ayudar a abordar los principales agravios en el sur y, al mismo tiempo, preservar el Estado unitario tailandés.
Yihadismo transnacional
Al-Qaeda e ISIS han aprovechado conflictos prolongados en todo el mundo musulmán para promover sus agendas, incluso en zonas bajo la soberanía de Estados capaces, pero donde la autoridad del Gobierno central es débil.
Durante la era de ISIS, el yihadismo transnacional en el Sudeste Asiático ha sido, en su mayor parte, un fenómeno «de abajo arriba», en el que grupos militantes preexistentes —por ejemplo, en Indonesia y Filipinas— proclamaban su lealtad a ISIS. En esos países, así como en Malasia y Singapur, personas y pequeños grupos sin afiliación a una red militante también han tratado de unirse a ISIS o de actuar en su nombre.
Sin embargo, hasta la fecha, esos patrones de participación en ISIS u otros grupos yihadistas no se han manifestado en el extremo sur de Tailandia. Una de las razones es que la sociedad malayo-musulmana de Tailandia no es un entorno receptivo al yihadismo transnacional; los líderes religiosos musulmanes del país, tanto tradicionalistas como reformistas, rechazan abrumadoramente la ideología salafista-yihadista que propugnan ISIS y al-Qaeda.
Los motivos para unirse a grupos yihadistas varían y con frecuencia no están relacionados con la ideología ni con las convicciones religiosas.
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Motivaciones y propaganda
Sin duda, esto reduce, pero no elimina, el riesgo de que algunos musulmanes malayos recurran al yihadismo.
Los motivos para unirse a grupos yihadistas varían y con frecuencia no están relacionados con la ideología ni con las convicciones religiosas. La propaganda yihadista podría influir en algunas personas. Sin embargo, parece más probable que los musulmanes malayos motivados por el deseo de camaradería, identidad o entrega a una causa —por no mencionar los agravios contra el Estado tailandés— sean absorbidos por el movimiento de liberación de Patani, dadas sus raíces en la sociedad local, que por grupos yihadistas transnacionales.
De hecho, la insurgencia malayo-musulmana se distingue por su carácter localista.
La organización militante persigue la autodeterminación nacional en un territorio específico y busca integrarse en el sistema internacional, no destruirlo. Los líderes militantes patani-malayos son hostiles a ISIS y a grupos similares, y consideran que sus frentes son baluartes contra la influencia yihadista.
Afirman que aliarse con ISIS o al-Qaeda, o imitar tácticas emblemáticas como los atentados suicidas y los ataques indiscriminados con numerosas víctimas, les haría perder toda pretensión de legitimidad internacional, erosionaría su apoyo local e invitaría a una intervención extranjera hostil.
Es poco probable que Malasia, que afronta una amenaza interna inspirada por ISIS, tolere una asociación de ese tipo entre los líderes militantes de Patani exiliados allí.
Esto no es motivo para la complacencia. El estancamiento continuo, los reveses tácticos, la impaciencia o la oposición al lento proceso de diálogo de paz entre Bangkok y algunos frentes separatistas —o incluso una frustración más amplia con la estrategia vigente— podrían alentar, cabe argumentar, a un grupo escindido a recurrir a la violencia extrema para ganar influencia. El ejemplo o el apoyo de los yihadistas podría atraer a militantes descontentos con sus líderes.
Pero sí es motivo para cuestionar algunas de las voces más alarmistas.
El movimiento de liberación de Patani tiene un historial de faccionalismo, y el principal frente militante, el Barisan Revolusi Nasional Melayu Patani (Frente Revolucionario Nacional Malayo de Patani, BRN), es muy reservado; aun así, no hay indicios claros de profundas divisiones generacionales o ideológicas.
Los temores a la influencia yihadista basados principalmente en el argumento de que «las cosas pueden cambiar» deben sopesarse frente a las pruebas de que los líderes de los grupos militantes existentes no tienen interés en afiliarse a ISIS ni a grupos afines.
La prioridad del Gobierno tailandés y de los militantes malayo-musulmanes debería ser poner fin al conflicto, que ha costado casi 7.000 vidas desde 2004, y no actuar basándose en especulaciones sobre una posible penetración yihadista.
Una convergencia regional volátil
Cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el riesgo de una polarización creciente, de una insurgencia intensificada que podría extenderse más allá del sur profundo y de errores de cálculo que los yihadistas transnacionales podrían aprovechar.
El éxodo de combatientes de ISIS de Oriente Medio, la victoria propagandística de los combatientes pro-ISIS en la ciudad filipina de Marawi, en Mindanao, y los llamamientos de ISIS y al-Qaeda a vengar a los rohinyás obligados a huir de Myanmar constituyen una convergencia potencialmente volátil para la región.
Para abordar estos múltiples riesgos, Bangkok y el Frente Revolucionario Nacional Malayo de Patani (BRN) deberían comunicar claramente a las comunidades del sur profundo que toman en serio tanto las aspiraciones y preocupaciones sociales más amplias como los agravios de los distintos frentes insurgentes. Para ello, Bangkok tendrá que reactivar el proceso de diálogo de paz y el BRN deberá participar en él, con el objetivo de diseñar una solución política para el sur profundo basada en la descentralización.
En términos más generales, el Gobierno debería restituir los derechos a la libre expresión y a la reunión política, para que las personas puedan expresar sus preferencias locales y propiciar cambios pacíficamente.
Yihadismo en el sur de Tailandia: una amenaza fantasma, el International Crisis Group

