Relaciones entre Israel y el Golfo: ¿se profundizará la distensión o se marchitará?

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El 25 de abril, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel anunció que una delegación israelí participará en la Exposición Universal del próximo año, que tendrá lugar en Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). El primer ministro Benjamin Netanyahu, recién salido de su victoria en las elecciones del 9 de abril, publicó en Twitter su aprobación de la participación de Israel, a la que calificó de «otra expresión del creciente estatus de Israel en el mundo y la región». La idea de que innovadores israelíes presentaran sus logros en el Golfo habría sido difícil de imaginar no hace mucho. Hoy apenas sorprende a nadie.

Este último gesto público de distensión se suma a años de avances diplomáticos entre los Estados árabes del Golfo e Israel. Durante el segundo mandato de Netanyahu como primer ministro, iniciado en 2009, Jerusalén buscó estrechar sus vínculos con las monarquías conservadoras del Golfo. Netanyahu consiguió reunirse con el sultán Qaboos de Omán durante una visita oficial el otoño pasado y se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores omaní en Washington a principios de este año.

Baréin también mantiene desde hace tiempo conversaciones secretas con Israel y podría estar cerca de normalizar las relaciones. Arabia Saudita, potencia regional, también ha cooperado con Israel en distintos niveles. Según se informa, Riad respaldó la ofensiva israelí contra Hamás durante la guerra de Gaza de 2014, mientras que Jerusalén, a su vez, dio luz verde a la venta de tanques alemanes a los saudíes.

Secreto a voces

Lo que antes era un secreto a voces, ahora es prácticamente público y contribuye a reforzar la posición regional de Israel. Sin embargo, las declaraciones sobre una supuesta «nueva era» en las relaciones entre Israel y el Golfo exageran hasta qué punto han mejorado los vínculos. Aunque Israel y los Estados del Golfo se acercan, no está claro hacia dónde se dirigen estas relaciones.

El contacto entre los gobiernos de los Estados del Golfo e Israel supone una ruptura radical con la política histórica del mundo árabe. Tras la decisiva victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967, la Liga Árabe se comprometió a oponerse tanto al reconocimiento de Israel como a negociar con el país. Aunque los Estados del Golfo no siguieron el ejemplo de Egipto y Jordania, que firmaron tratados de paz con Israel, las relaciones se normalizaron parcialmente con Omán y Baréin tras los Acuerdos de Oslo de 1994. Es probable que Israel hubiera logrado avances diplomáticos con otros Estados del Golfo si el proceso de paz hubiera prosperado. Sin embargo, todo se detuvo con el estallido de la Segunda Intifada en 2000, que rompió las relaciones incipientes.

La oposición a un enemigo común ha llevado a Israel y a los Estados del Golfo a una alianza estratégica precaria. Al menos por ahora.

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Los intereses compartidos en frenar la agresión iraní impulsarán estas relaciones en el futuro previsible. Durante una entrevista con Fox News emitida el 28 de abril, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Javad Zarif, mencionó a Israel junto con Arabia Saudita y los EAU como adversarios de Irán. Jerusalén considera que el régimen iraní, que corea «muerte a Israel», representa una amenaza existencial, mientras que los Estados del Golfo ven la influencia de Teherán como un factor desestabilizador para la región y más allá. La oposición a un enemigo común ha llevado a Israel y a los Estados del Golfo a una alianza estratégica precaria. Al menos por ahora.

Los intereses estratégicos solo pueden estrechar hasta cierto punto los vínculos entre Israel y el Golfo. El principal obstáculo para la plena normalización de las relaciones sigue siendo la cuestión palestina. Pensemos en las relaciones entre Israel y Egipto. Aunque Jerusalén y El Cairo mantienen una amplia cooperación en materia de seguridad, en otros ámbitos, como los contactos entre personas, las relaciones son deficientes.

Una encuesta de 2015 reveló que los egipcios consideraban que Israel era el país más hostil, justo por delante de Estados Unidos e Irán. Es probable que entre Israel y los Estados del Golfo se establezca una «paz fría» similar: Jerusalén mantendría amplios vínculos con los gobiernos, pero la población local vería a los israelíes de forma abrumadoramente negativa.

A menos que el estancado proceso de paz vuelva a cobrar impulso, la seguridad será, con diferencia, el ámbito más sólido de cooperación entre Israel y el Golfo. Ahí reside una oportunidad desaprovechada.

Estos países podrían ampliar sus vínculos en una gran variedad de ámbitos, sobre todo en las relaciones económicas. A la zaga en indicadores de innovación, los Estados del Golfo, ricos en petróleo, podrían invertir en oportunidades de investigación y desarrollo con Israel y aprovechar su reconocido sector de alta tecnología. La sostenibilidad sería un ámbito de cooperación especialmente importante, ya que la innovación ambiental israelí podría ayudar a abordar retos como la escasez de agua. A su vez, el Golfo podría ser un destino atractivo para las empresas israelíes que buscan mercados extranjeros.

Además de los vínculos económicos, las relaciones entre personas también tienen un enorme potencial. Israel cuenta con varias universidades de categoría mundial, que han tratado de ampliar la matrícula internacional; no hay razón para pensar que estudiantes del Golfo no podrían ocupar algunas de esas plazas.

Por mucha voluntad que exista en ambos lados, el statu quo del conflicto israelo-palestino probablemente impedirá estrechar los vínculos. El presidente palestino Mahmoud Abbas ha dicho que no habrá reconocimiento palestino de Israel como «Estado judío». Desde la perspectiva israelí, cualquier acuerdo debe estar supeditado a que los palestinos reconozcan a Israel como tal: como dijo la canciller alemana Angela Merkel en octubre pasado, esta condición sine qua non no es negociable.

Solución de dos Estados

También hacen cada vez más inviable un acuerdo de paz el 42 % de los israelíes que ahora están a favor de anexionar Cisjordania y la proliferación de asentamientos israelíes en ese territorio. El resultado es el nivel más bajo de apoyo a una solución de dos Estados en dos décadas. Cuesta imaginar que los Estados del Golfo apoyen abiertamente a Israel si se desvanecen las perspectivas de una solución de dos Estados.

La Exposición Universal del próximo año en Dubái podría marcar o no un punto de inflexión en las relaciones entre Israel y el Golfo. Ambas partes han mostrado disposición a relacionarse más. Sin embargo, muchas cosas pueden cambiar en un año, y esto no es más que una señal de un posible cambio. Está por verse qué forma adoptará este acercamiento y si dará lugar a cambios importantes en las políticas. Estados Unidos debería intervenir y aprovechar sus estrechas relaciones con ambas partes para impulsar una cooperación más sólida en muchos ámbitos, no solo en materia de seguridad.

Relaciones entre Israel y el Golfo: ¿se profundizará la distensión o se marchitará? Daniel J. Samet, Atlantic Council

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