Integrar a las personas refugiadas: el papel de las empresas

Displaced Iraqis, who fled the Islamic State stronghold of Mosul, carry empty containers as they wait in line to fill them with fuel to be used for cooking and lighting at Khazer camp, Iraq December 26, 2016. REUTERS/Khalid al Mousily - RTX2WIMU
In Germany, businesses have worked to solve the ongoing refugee crisis.Image: REUTERS/Khalid al Mousily
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Los gobiernos de todo el mundo se enfrentan a un enorme desafío. El número de migrantes internacionales ha aumentado considerablemente en los últimos años y alcanzó los 244 millones en 2015, un aumento del 41 % con respecto a 2000. Dado que esa cifra incluye a 20 millones de personas refugiadas, evitar una catástrofe humanitaria exige una integración rápida y responsable en las sociedades de acogida. El reto logístico que esto supone ejerce una presión cada vez mayor sobre los países que reciben las mayores oleadas.

Alemania, que recibió a alrededor de 1,1 millones de personas en 2015, conoce muy bien esta presión. Sin embargo, no se ha doblegado. Al contrario, la ha gestionado extraordinariamente bien, demostrando que, mediante una colaboración sostenida entre los gobiernos, las empresas y la sociedad civil, los países pueden desarrollar enfoques eficaces para atender las necesidades de las personas refugiadas y de los países que las reciben.

Para tener éxito, cada país debe asegurarse de contar con las capacidades, los recursos y las estructuras necesarias para gestionar con eficiencia las necesidades de las personas refugiadas. Una gestión y coordinación adecuadas entre los países de tránsito y de destino pueden permitir que los gobiernos, las empresas, las ONG y las organizaciones de ayuda afronten con mayor eficacia los desafíos que inevitablemente surgirán durante el proceso. Al mismo tiempo, para garantizar que quienes participan en los países de tránsito y de acogida proporcionen realmente lo que necesitan las personas refugiadas, los desafíos que surjan deben abordarse desde su perspectiva.

Por suerte, parece que empiezan a surgir la cooperación y el compromiso necesarios. Desde mi propia perspectiva en Alemania, he visto cómo cada vez más empresas aprovechan la oportunidad para abordar desafíos logísticos y humanitarios, ofreciendo servicios que ayudan a las personas refugiadas a reconstruir sus vidas y compartiendo los costos de infraestructura, tecnología, atención sanitaria, capacitación, educación y otros ámbitos.

En particular, alrededor de 100 empresas alemanas, algunas de ellas muy conocidas, se han sumado a la iniciativa Wir Zusammen («Nosotros juntos»), cuyo objetivo es ayudar a integrar a las personas recién llegadas. Hasta la fecha, la iniciativa ha conseguido prácticas para unas 1.800 personas refugiadas y formación profesional para otras 300.

Mi propia empresa, PwC Alemania, ofrece a las personas refugiadas un curso gratuito de diez semanas de idioma y formación profesional cuando llegan por primera vez, el período más crítico para ellas. A muchas personas refugiadas se les prohíbe trabajar durante sus primeros tres meses en un nuevo país de acogida, y no tienen acceso a programas públicos de integración hasta que se aprueba su solicitud de asilo. Gracias a nuestra iniciativa y a otras similares, pueden aprovechar ese tiempo para prepararse para ingresar al mercado laboral, adquirir habilidades valiosas y obtener una evaluación certificada de sus aptitudes profesionales. Estas iniciativas ayudan no solo a las personas refugiadas, sino también a las empresas y, a su vez, a la economía alemana.

Las empresas que no temen las barreras lingüísticas ni las diferencias culturales en las primeras etapas del proceso de integración tienen la oportunidad de capacitar y contratar a personas muy motivadas y, a menudo, altamente cualificadas. Para las empresas que afrontan escasez de personal cualificado, esto debería resultar especialmente atractivo. Es probable que la industria manufacturera, la atención sanitaria y la enfermería sean los sectores que más se beneficien del aumento de la fuerza laboral disponible.

La experiencia de Alemania ofrece lecciones importantes para otros países que intentan reasentar a personas refugiadas. Una de las más útiles y fáciles de aplicar es que el recorrido de las personas refugiadas se gestiona mejor en cuatro fases distintas.

La fase de tránsito. La persona refugiada ha escapado de un país donde la vida se ha vuelto insostenible, ya sea por un conflicto o por la falta de oportunidades económicas, pero aún no ha llegado al país de acogida. Esta es la fase de mayor inseguridad, durante la cual no cuenta con un refugio seguro. Está expuesta no solo a las inclemencias del tiempo, sino también a traficantes de migrantes, tratantes de personas y otros delincuentes que buscan aprovecharse de su vulnerabilidad.

La fase de llegada. Las personas refugiadas encuentran cierta seguridad al recibir alojamiento y apoyo temporales. Durante esta fase, pueden registrarse en el país que las acoge en ese momento y solicitar asilo en el país protector de su elección.

Protección, asentamiento e integración. Una vez en el país elegido, las personas refugiadas reciben protección y apoyo mientras esperan que se evalúen sus solicitudes de asilo. Si se aceptan, se les proporciona vivienda y se las integra en las comunidades mediante programas de empleo y educación. Es en esta etapa cuando las empresas pueden hacer la mayor contribución. De hecho, creo firmemente que la integración funciona mejor cuando se vincula con capacitación práctica y oportunidades profesionales concretas.

La fase de repatriación. Si se rechaza la solicitud de asilo de una persona refugiada, esta regresa a su país de origen. A más largo plazo, la repatriación también puede producirse en el caso de personas refugiadas a quienes se les concedió el asilo, si cambian las circunstancias en su país de origen y es seguro regresar.

En todas las fases hay numerosas tareas paralelas que requieren capacidades y recursos. Como hemos visto en Alemania, las empresas pueden desempeñar un papel importante en el apoyo a los gobiernos nacionales y locales y, de ese modo, ayudar a las propias personas refugiadas y a la economía en general. En ese sentido, la crisis de las personas refugiadas es realmente una oportunidad valiosa. Por el bien de quienes buscan refugio y por el nuestro, no debemos desaprovecharla.

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