Si los 125 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria en todo el mundo vivieran en un solo país, este sería la undécima nación más poblada del planeta. El Panel de Alto Nivel sobre la Financiación Humanitaria del Secretario General de las Naciones Unidas —en el que tuve el honor de participar— señaló este dato cuandopublicólos resultados de sus deliberaciones a principios de este año. Lamentablemente, como también informó el grupo, la comunidad internacional tiene cada vez más dificultades para financiar estas necesidades crecientes.
Es probable que el problema empeore antes de mejorar. En 2014, la ONU recaudó más dinero (24.500 millones de dólares) para asistencia humanitaria que en cualquier otro año del que se tenga registro, pero aun así registró el mayor déficit de financiación humanitaria de su historia: solo se cubrió el 62 % de las necesidades mundiales. En otras palabras, el aumento de los costos supera la capacidad del sistema humanitario para recaudar más fondos.
¿Cómo pueden crecer las necesidades del mundo mucho más rápido que su generosidad? La mayoría de las partes interesadas coinciden en que uno de los principales factores del déficit es la naturaleza cambiante de las propias crisis humanitarias. Históricamente, el costo de responder a las crisis humanitarias se repartía por igual entre los desastres naturales y los conflictos humanos. Hoy, el 80 % de las necesidades humanitarias se debe a conflictos —a menudo con complejas dimensiones políticas— y la mayoría son crisis recurrentes o prolongadas. Según se informa, la duración media del desplazamiento causado por conflictos ahorase sitúaen 17 años. Estas tendencias ejercen una presión sostenida sobre un sistema humanitario diseñado para emergencias de corto plazo.
Otro aspecto llamativo de la crisis de financiación es que el sector privado no está aportando lo que le corresponde. En 2014, los donantes del sector privado atendieron apenas el 4,8 % de los llamamientos humanitarios mundiales. Hay varias razones, entre ellas el déficit de confianza que ha surgido entre los sectores privado y humanitario, y la tendencia histórica de los organismos humanitarios y las organizaciones no gubernamentales a tratar al sector privado como una chequera en vez de como un verdadero socio. Sin embargo, esto debe corregirse si la comunidad internacional quiere aprovechar mejor todos los recursos a su disposición.
Es alentador que ya estén en marcha algunos cambios. Actualmente, en el sector humanitario hay una creciente disposición a aprovechar mejor las competencias, capacidades y diversas redes del sector privado, en lugar de limitarse a buscar donaciones económicas. Por ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos haestablecido una alianzacon MasterCard desde 2012 para agilizar la distribución de ayuda mediante tecnología de pagos electrónicos. Se está recurriendo a la experiencia de empresas de logística y seguros para desarrollar soluciones innovadoras a algunos de los principales desafíos operativos del sector humanitario. También se está dialogando con instituciones financieras islámicas sobre la creación de bonos de financiación social más innovadores y conformes con la sharía, destinados a atender necesidades humanitarias urgentes.
También se están tomando medidas para facilitar la colaboración entre el sector privado y los organismos humanitarios y las ONG. La iniciativa «Connecting Business», lanzada este año por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, es una de esas medidas: ofrece al sector privado una vía de acceso más sencilla a un sistema humanitario a menudo burocrático. Al mismo tiempo, la independencia del sector privado (y un enfoque más directo en los resultados que en los procesos institucionales) está ayudando a salvar la brecha entre la labor humanitaria y la de desarrollo, y a derribar algunas de las barreras que antes generaban ineficiencias.
Sin embargo, a menudo se deja de lado a un sector privado: las pequeñas y medianas empresas (pymes) del mundo. Es una oportunidad perdida de gran importancia. Las pymes representan el 90 % de las empresas del sector privado y generan la mitad del empleo mundial. Además de su importancia económica, suelen ser pequeñas y ágiles, forman parte integral de las comunidades locales y, cuando se producen crisis, con frecuencia ya están presentes en zonas remotas. Esto las convierte en candidatas naturales para desempeñar un papel más importante en la atención de las necesidades humanitarias. Sin embargo, existen pocos mecanismos formales para coordinar su participación en las operaciones de prevención, preparación y respuesta ante desastres. Como resultado, se está desperdiciando una de las fuentes más grandes y extendidas de energía y buena voluntad del sector privado.
Esa es una parte importante de la razón de ser de una nueva iniciativa liderada por el sector privado, conocida comoSME4H(abreviatura de «SMEs for Humanity», pymes por la humanidad), lanzada en la Cumbre Humanitaria Mundial el pasado mes de mayo. SME4H está creando un portal en línea donde los gobiernos, los organismos humanitarios, las ONG y otros actores, incluidas las pymes, pueden publicar necesidades humanitarias. Las pymes pueden responder a necesidades cercanas geográficamente o pertinentes desde el punto de vista técnico para sus competencias y capacidades, de forma independiente o en colaboración con otras partes interesadas públicas y privadas. La iniciativa busca fortalecer la resiliencia de las pymes locales (y, por extensión, de sus comunidades), apoyar la creación de empleos y actividad económica, y mejorar la coordinación entre las empresas locales, los organismos de ayuda y las ONG.
Esta idea no tiene nada de revolucionaria. Desde hace mucho, la ONU cree en el poder de las alianzas público-privadas (APP) para lograr mejores resultados humanitarios. Según la OCHA, las APP yaaportan«fondos, donaciones en especie, movilización de empleados, marketing relacionado con causas sociales o servicios especializados» a las iniciativas humanitarias. Sin embargo, si nos centramos demasiado en las capacidades y la influencia de las grandes empresas, podemos pasar por alto las contribuciones de las pymes locales y el impacto social y económico a largo plazo que podemos generar si las involucramos más activamente en las APP centradas en la labor humanitaria. A la inversa, se hadocumentadoque la ayuda humanitaria puede tener consecuencias negativas imprevistas para las empresas locales cuando estasnoparticipan adecuadamente en su prestación.
En definitiva, la comunidad mundial de pymes no tiene nada de pequeña. Esta extensa red de empresas podría tener un impacto mucho mayor en la capacidad de las comunidades vulnerables para prevenir, resistir y responder a los desastres humanitarios. Sin embargo, para ello, el sector humanitario y la comunidad internacional deben coordinarse de manera más activa con las pymes locales e involucrarlas más profundamente en las respuestas humanitarias. Así, podemos procurar que la ayuda humanitaria se convierta más en una inversión a largo plazo que deje un legado económico duradero en las comunidades afectadas, mucho después de que termine una crisis.

