Cómo prevenir la Tercera Guerra Mundial

Poppies are seen in the Field of Remembrance in Westminster Abbey in central London, November 6, 2013. REUTERS/Olivia Harris (BRITAIN - Tags: SOCIETY) - GM1E9B705YI01
In the past 100 years we have learned a great deal about how to prevent conflictImage: REUTERS/Olivia Harris
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«No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta se librará con palos y piedras». – Albert Einstein

Desde la «guerra para acabar con todas las guerras», como predijo tan erróneamente H. G. Wells hace un siglo, el mundo ha visto cómo la «paz para acabar con toda paz» ha conducido a los horrores de la Segunda Guerra Mundial, a guerras por delegación durante la Guerra Fría y, hoy en día, a conflictos violentos que afectan cada vez más de forma desproporcionada a la población civil y que traspasan las líneas rojas establecidas por las leyes de los conflictos armados. La maquinaria de guerra y la potencia de fuego disponible han aumentado de forma espectacular. Los riesgos de una tercera guerra mundial son enormes. Si sumamos todos los medios y métodos de guerra −convencionales, nucleares, cibernéticos, drones, etc.− tenemos el potencial militar para destruirnos por completo.

La violencia arrecia en Oriente Medio, Europa y Rusia se encuentran al borde del conflicto por Ucrania, Estados Unidos vuelve a estar involucrado en acciones militares en Irak y, con la retirada de la OTAN, Afganistán es vulnerable. Otros focos de tensión, como las islas disputadas del mar de la China Meridional, las tensiones en la península coreana y la disputa por Cachemira, son solo algunos de los puntos de escalada fácilmente identificables.

Sin embargo, en los últimos 100 años hemos aprendido mucho sobre cómo prevenir los conflictos. Tras la Segunda Guerra Mundial, establecimos las Naciones Unidas con el objetivo principal de salvar a las generaciones futuras del azote de la guerra. La Unión Europea pasó en décadas de ser un tratado comercial a convertirse en una organización galardonada con el Premio Nobel de la Paz por su contribución a transformar Europa de un continente de guerra en un continente de paz. La OTAN ha desempeñado su papel en el afianzamiento de la alianza transatlántica que unió a muchos países europeos en una causa común. Hoy en día, una guerra entre Alemania y Francia es casi imposible de imaginar.

Se han establecido otras organizaciones regionales en África, Asia, el Pacífico Sur y las Américas. Se han creado organismos internacionales para aplicar tratados de desarme y seguridad, y la experiencia de la sociedad civil se ha canalizado a través de universidades y centros de estudios −entre ellos Chatham House, concebida en 1919 con el propósito de prevenir futuras guerras.

Según el Programa de Datos de Conflictos de Uppsala, desde 1946 se han librado 254 conflictos armados, de los cuales 114 se clasifican como guerras (definidas como aquellas con más de mil muertes relacionadas con combates al año). Desde el fin de la Guerra Fría, el número de conflictos armados ha disminuido drásticamente. De los 33 conflictos armados registrados en 2013, solo siete se clasificaron como guerras, lo que supone una reducción del 50 % desde 1989.

Muchos factores han contribuido a la reducción de los conflictos armados, entre ellos el declive de las guerras por delegación, los procesos de paz patrocinados por la ONU y el desarrollo económico. Las investigaciones del Informe sobre Seguridad Humana demuestran que las negociaciones de paz y los acuerdos de alto el fuego reducen la violencia de los conflictos incluso cuando fracasan.

En 2013 se firmaron seis acuerdos de paz y en 2012 se acordaron cuatro. En los últimos años, a pesar de las percepciones habituales, parece que sí hemos aprendido a crear, mantener y hacer cumplir la paz.

Las leyes de los conflictos armados y los derechos humanos, junto con la Corte Penal Internacional, los tribunales por crímenes de guerra, las sanciones económicas y militares y las comisiones nacionales de justicia, sirven para proteger a la población civil. Aunque la posesión o el uso de armas nucleares, prohibidos en la mayoría de los países, aún no están prohibidos a escala mundial, el derecho internacional ha proscrito la posesión y el uso de sistemas de armamento devastadores, como las armas químicas y biológicas, las minas antipersonal, las municiones en racimo y los láseres cegadores.

Las disciplinas académicas que estudian la guerra y la paz han desarrollado un amplio corpus de investigación que nos ayuda a comprender cómo comienzan las guerras y cómo pueden prevenirse o terminarse. Ningún enfoque o sistema es perfecto, por supuesto, pero comprendemos cómo la escasez de recursos, el cambio ambiental, la presión económica, los flujos de refugiados y el racismo alimentan la generación de conflictos. Comprendemos la importancia de la historia y la cultura, el papel del género y las formas en que distintos sistemas políticos agravan o reducen los riesgos de conflicto.

En un estudio para el Sistema Europeo de Análisis de Estrategia y Políticas (ESPAS), Chatham House y FRIDE pronosticaron que el mundo en 2030 será más frágil y que los gobiernos y las instituciones internacionales lucharán por afrontar las dos tendencias gemelas de mayor interdependencia y de mayor fragmentación. Lo más significativo es que comprendimos que los riesgos de guerras interestatales están aumentando y que no se puede descartar una gran guerra interestatal en un futuro próximo.

En los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, muchos imaginaron necia y erróneamente que Europa era «demasiado civilizada» para entrar en guerra. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la gente esperaba que la agresión de la Alemania nazi pudiera contenerse. En muchos casos de guerra, tendemos a ser demasiado optimistas respecto a su duración («estaremos en casa para Navidad»), su alcance y su desenlace.

Es hora de dejar a un lado la complacencia y de ser más realistas sobre la guerra, la paz y nosotros mismos. Sabemos mucho sobre cómo prevenir la guerra. Se lo debemos a todos los que sacrificaron sus vidas y las de sus familias para poner en práctica todo lo que hemos aprendido y garantizar la paz en Europa, Oriente Medio y Asia para las generaciones venideras. De lo contrario, quedarán pocos para escuchar nuestras excusas.

Cómo prevenir la Tercera Guerra Mundial, Patricia Lewis, Chatham House

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