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El desafío de disuadir la agresión territorial, que durante varias décadas ha quedado relegado en la estrategia estadounidense hacia la mayoría de las regiones del mundo, cobra renovada importancia.
Una Rusia cada vez más beligerante amenaza a Europa del Este y a los Estados bálticos con una posible agresión, convencional o de otro tipo. China persigue con mayor fuerza sus ambiciones territoriales en los mares de China Oriental y Meridional, incluso mediante la construcción de islas artificiales y episodios ocasionales de intimidación física abierta.
Corea del Norte sigue siendo una amenaza constante para la República de Corea (ROK), incluida la posibilidad de una agresión a gran escala con su arsenal nuclear, que avanza rápidamente.
Sin embargo, el debate sobre la disuasión —como teoría y requisito práctico de política— ha quedado rezagado en los círculos militares y estratégicos estadounidenses.
Los autores de Qué disuade y por qué. Análisis de los requisitos para disuadir eficazmente la agresión interestatal se proponen ofrecer una nueva perspectiva sobre el tema en este contexto, con dos objetivos principales: revisar conceptos establecidos sobre la disuasión y ofrecer un marco para evaluar la solidez de las relaciones de disuasión.
Para centrarse mejor, se ocupan de una categoría o forma específica de disuasión: la disuasión ampliada de la agresión interestatal.
Los autores analizan los requisitos para que Estados Unidos disuada a posibles agresores en el extranjero de atacar a sus aliados u otros países en conflictos convencionales a gran escala. Algunos ejemplos son los ataques rusos a los Estados bálticos y una ofensiva norcoreana contra la ROK.
El estudio parte de una pregunta de investigación concreta: ¿Cuáles son los requisitos para disuadir eficazmente una agresión militar a gran escala mediante la disuasión ampliada?
Por tanto, el estudio se centra en los criterios que suelen distinguir los esfuerzos exitosos de los fallidos para disuadir la agresión interestatal.
Firmeza y flexibilidad
Las motivaciones de los posibles agresores son muy complejas y, por lo general, responden a numerosas variables cuya interacción es difícil de prever.
El oportunismo en la agresión parece menos común que la desesperación impulsada por la paranoia ante amenazas crecientes a la seguridad o al estatus. La agresión a gran escala suele surgir como último recurso, basada en temores intensos y no en un afán oportunista de conquista.
La claridad y la coherencia de los mensajes de disuasión son esenciales. Los compromisos poco firmes corren el riesgo de ser malinterpretados.
El principio de «firmeza y flexibilidad» es muy importante: dejar a un adversario sin salida no es una forma eficaz de mantener la disuasión. El compromiso y las concesiones forman parte de toda disuasión ampliada exitosa frente a una agresión a gran escala.
Los contextos multilaterales de disuasión son especialmente peligrosos. Es extremadamente difícil disuadir al mismo tiempo a un aliado agresivo y a una gran potencia adversaria.
Los resultados de la disuasión se basan en las motivaciones del agresor, que constituyen la variable inicial y, en ciertos aspectos, decisiva. Es fácil disuadir a agresores con poca motivación; aquellos con una motivación intensa, cuya percepción de las amenazas puede rozar la paranoia, pueden ser imposibles de disuadir.
El primer paso para reforzar la disuasión es gestionar las motivaciones de un posible agresor. Esto suele exigir concesiones, además de medidas para configurar el contexto geopolítico circundante, aliviar sus preocupaciones y también elevar los costes políticos de la agresión.
Recomendaciones
Evaluar las motivaciones de los posibles agresores y aliviar sus preocupaciones en materia de seguridad. En Europa, esto podría incluir evitar el despliegue de los sistemas estadounidenses más provocadores en Europa del Este o cerca de ella, reducir las fuerzas rusas y bálticas y trabajar en un tratado sucesor del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa.
Trabajar para crear un contexto desfavorable a la agresión. En Europa, esto podría incluir participar en iniciativas para fortalecer los fundamentos políticos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reiterar los compromisos con los países amparados por el Artículo V y reforzar la norma de no agresión y la determinación de responder ante una agresión.
Buscar claridad sobre aquello que Estados Unidos se compromete a disuadir y sobre su respuesta ante una agresión. En Europa, esto podría incluir reafirmar la condición de los países bálticos en virtud del Artículo V y la respuesta ante una agresión, además de exponer las opciones de respuesta (incluidas las consecuencias militares, políticas y económicas).
Adoptar medidas concretas que refuercen los criterios para una disuasión exitosa. En Europa, esto podría incluir promover visitas y declaraciones de apoyo de líderes estadounidenses clave, fortalecer y diversificar las relaciones con los países bálticos, promover la inversión de Estados Unidos y la OTAN y mantener la diplomacia, así como fortalecer la comunicación y la gestión de crisis dentro de la OTAN y entre la OTAN y Rusia.
Desplegar o apoyar capacidades que transmitan la seriedad del compromiso de Estados Unidos. En Europa, esto podría incluir colaborar con los aliados de la OTAN para financiar nuevas capacidades defensivas, reforzar los batallones existentes de la OTAN en los países bálticos y sus alrededores, e invertir en capacidades para llevar a cabo con éxito operaciones de armas combinadas en Europa (especialmente capacidades de las fuerzas terrestres).
Qué disuade y por qué. Análisis de los requisitos para disuadir eficazmente la agresión interestatal, por Michael J. Mazarr, Arthur Chan, Alyssa Demus, Bryan Frederick, Alireza Nader, Stephanie Pezard, Julia A. Thompson, Elina Treyger y RAND Corporation

