2018 fue un año histórico para la península de Corea, pero ¿qué nos depara el futuro?

North Korea is reaching out internationally to a degree that we have not seen since 2001Image: REUTERS
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En 2017, la península de Corea parecía estar al borde de la guerra. El riesgo de consecuencias humanas y económicas desastrosas era elevado, no solo para Corea del Norte y Corea del Sur, sino también para sus vecinos China y Japón, y para todos los países y empresas relacionados.

En 2018, esta situación cambió drásticamente. La amenaza ha disminuido e incluso promete convertirse en una oportunidad. Ahora le corresponde a la comunidad internacional mantener ese impulso positivo, evitar el regreso al inestable statu quo ante y explorar opciones para generar beneficios mutuos a partir de una península de Corea pacífica y abierta.

Desde el punto de vista económico, tres de las cuestiones más evidentes son:

- Poner fin a la condición de Corea del Sur como isla de facto y restablecer la infraestructura y las conexiones de comunicación a través de la península de Corea hasta China

- Explorar los abundantes recursos naturales de Corea del Norte

- Aprovechar la mano de obra altamente cualificada y de bajo coste de Corea del Norte

Un obstáculo constante para adoptar un enfoque sensato no es solo la falta de información fiable sobre diversas cuestiones cruciales, sino también el carácter muy politizado del debate sobre Corea del Norte. La principal idea equivocada sobre la situación actual es creer que se ha creado mediante la «máxima presión», es decir, mediante una combinación de sanciones, presión diplomática y amenazas militares.

Esta postura dominante no tiene sentido ni desde el punto de vista racional ni desde el empírico. Si no entendemos por qué Corea del Norte y Kim Jong-un se han mostrado tan dispuestos a colaborar, corremos el riesgo de establecer incentivos equivocados y elaborar estrategias erróneas. Corea del Norte ha sobrevivido al colapso de la Unión Soviética, a una gran hambruna, a la muerte de su fundador y a su designación como miembro del «eje del mal».

La primera prioridad ha sido la defensa nacional, que en 2013 se actualizó para incluir el «desarrollo paralelo de armas nucleares y de la economía». En 2018, Kim Jong-un se comprometió oficialmente a centrarse exclusivamente en el desarrollo económico. Para ello, necesita cooperación económica internacional. Esto, y no la presión, explica su disposición a explorar las oportunidades que ofrecen un presidente algo poco convencional en Estados Unidos y un líder favorable al diálogo en Seúl.

Es evidente que Corea del Norte está tendiendo la mano a la comunidad internacional con una intensidad que no veíamos desde 2001. Por muy sinceros que sean estos esfuerzos y por mucho que duren, no deberíamos dejar pasar esta oportunidad.

Los esfuerzos del Foro Económico Mundial por reunir a un grupo de expertos, profesionales, emprendedores y dirigentes de organizaciones internacionales para trabajar juntos en este tema llegan en un momento muy oportuno. El ForoConsejo Regional del Futuro sobre la península de Corea, junto con la riqueza de conocimientos y experiencia de la más ampliaRed de Consejos Globales del Futuro, está en una posición idónea para contribuir de manera significativa a construir una paz sostenible en Corea.

Para ello, debemos probar algo nuevo y abordar la cuestión desde la perspectiva de la «demanda», en lugar de la «oferta». Durante las últimas décadas, Occidente ha «ofrecido» sus expectativas a Pionyang sin consultar demasiado a Corea del Norte ni tener en cuenta sus necesidades y deseos. No es de extrañar que, en su mayoría, optara por ignorar o rechazar estas peticiones. Deberíamos replantear este proceso y examinar primero el lado de la «demanda». En concreto, debemos comprender mejor las necesidades y expectativas de los norcoreanos y cómo pueden armonizarse con las prioridades de Occidente.

Esto podría hacerse mediante un proceso bidireccional. En primer lugar, con los conocimientos de analistas de Corea del Norte con larga trayectoria, podríamos elaborar una hipótesis de trabajo sobre la demanda norcoreana. A partir de ella, podemos aprovechar la experiencia práctica y la participación de los miembros del Consejo para formular una oferta adecuada. Esta oferta tendría que ser condicional y específica.

En un tercer paso, nos pondríamos en contacto con la parte norcoreana para comprobar si nuestra hipótesis de trabajo sobre su «demanda» es correcta, informarla sobre posibles opciones de «oferta» y las condiciones necesarias, e implicarla en iniciativas concretas de cooperación. Este enfoque tendrá más posibilidades de éxito si se articula en torno a proyectos específicos. Para ello, durante la próximareunión en Dubái podría elaborarse una lista de proyectos potenciales a partir de las afiliaciones de los miembros del Consejo.

El trabajo del Foro Económico Mundial sobre la Cuarta Revolución Industrial podría ser una forma de armonizar las políticas sobre esta cuestión con los últimos avances científicos y tecnológicos. A finales de octubre de 2018, los medios estatales norcoreanos volvieron a destacar el papel primordial de la ciencia y la tecnología en el desarrollo económico. En concreto, se subrayó que la implantación de la producción automatizada era un objetivo prioritario. El Foro puede aportar su experiencia como pionero en este ámbito de reflexión.

Los principales obstáculos para este intercambio y cualquier otro con Corea del Norte son las sanciones bilaterales e internacionales vigentes. Una parte crucial del trabajo de nuestro Consejo podría consistir en actuar como mediador para ayudar a resolver los problemas que dieron lugar a las sanciones y contribuir a levantarlas de manera que la parte norcoreana vea los beneficios de un enfoque cooperativo. La confianza mutua es una cuestión fundamental que podríamos abordar mediante una cooperación concreta, paso a paso, en temas específicos.

No nos adentramos aquí en un territorio totalmente inexplorado. Ya existen ejemplos de medidas eficaces, como la política de reciprocidad que hasta ahora ha impedido que Corea del Norte realice pruebas de misiles balísticos intercontinentales o nucleares en 2018, a cambio del cese de las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur. La parte norcoreana ha desmantelado un sitio de pruebas nucleares y ha repatriado a Estados Unidos restos de la guerra de Corea. En la misma línea, la retirada de puestos de guardia y minas terrestres a lo largo de la DMZ (la frontera de facto entre Corea del Norte y Corea del Sur) ha mejorado la seguridad a lo largo de una de las fronteras más militarizadas del mundo. A partir de noviembre de 2018, los turistas podrán cruzar el paralelo 38 en Panmunjom, donde en 2017 dispararon a un soldado norcoreano.

Algunos de los ejemplos mencionados son más bien modestos y ninguno es irreversible. Por ello, críticos de Corea del Sur y Estados Unidos señalan el riesgo de una menor preparación militar. En Corea del Norte no se han expresado críticas públicas internas, pero podemos suponer que habrá inquietudes similares. La confianza sigue siendo un gran escollo, y con razón. Se necesitan más pequeños pasos para afianzar las primeras señales, aún frágiles, de progreso tras más de una década de amenazas, miedo, promesas incumplidas y acusaciones mutuas.

En las condiciones adecuadas y con tiempo suficiente, estos pasos se irán acumulando y permitirán a todas las partes avanzar por un camino que conduzca a la desnuclearización, la prosperidad económica, una mayor seguridad militar y una mejora de la situación humanitaria y de los derechos humanos. Nuestro Consejo debería aspirar a comprender las condiciones necesarias para dar esos pasos, poner en marcha varias medidas de este tipo y, directa e indirectamente, facilitar más iniciativas de esta índole.

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