Hay que permitir que Irak se mantenga neutral en cualquier conflicto entre EE. UU. e Irán. Aquí explicamos por qué

A Iraqi flag is held by fans during the game of the West Asia Football Federation Championship between Iraq and Lebanon at Kerbala Stadium in the holy city of Kerbala, Iraq July 30, 2019.Picture taken July 30, 2019. REUTERS/Abdullah Dhiaa Al-Deen - RC1F3EEE2E10
Both the U.S. and Iran need to recognize they have a vested interest in keeping Iraq out of their quarrelImage: REUTERS/Abdullah Dhiaa Al-Deen
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En junio, varios cohetes cayeron cerca de instalaciones estadounidenses en Irak, y en julio y agosto, explosiones sacudieron instalaciones de almacenamiento de armas y un convoy de grupos paramilitares iraquíes vinculados a Irán.

Estos incidentes contribuyeron a llevar las tensiones entre EE. UU. e Irán al borde de la confrontación, lo que subraya el peligro de la situación en Irak y el Golfo.

Aunque EE. UU. e Irán hasta ahora han evitado enfrentarse directamente, presionan al Gobierno iraquí para que tome partido. Los dirigentes iraquíes trabajan intensamente para mantener la neutralidad del país. Pero las crecientes presiones externas y la polarización interna amenazan la supervivencia del Gobierno.

EE. UU. e Irán deberían abstenerse de arrastrar a Irak a su rivalidad, ya que hacerlo socavaría la frágil estabilidad que Irak ha logrado en la era inmediatamente posterior a ISIS. Con la ayuda de actores internacionales, Irak debería perseverar en sus esfuerzos diplomáticos y políticos internos para mantenerse neutral.

Advertencias claras

Los cohetes que cayeron cerca de activos estadounidenses en Irak a mediados de junio y las explosiones que alcanzaron activos de grupos paramilitares iraquíes vinculados a Irán en julio y agosto son señales ominosas.

Son claras advertencias de lo gravemente que una escalada entre EE. UU. e Irán podría desestabilizar Irak y toda la región.

Washington y Teherán deberían mantener a Bagdad al margen de su confrontación: los costes que ambos tendrían por una inestabilidad renovada en Irak superarían cualquier beneficio para cualquiera de los dos

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Incluso sin llegar a las hostilidades, la campaña de «máxima presión» de Washington contra Teherán podría terminar generando tanto estrés —y causando tanto daño— a su aliado nominal Irak como a su enemigo Irán.

Para Irak, el momento difícilmente podría ser peor. Aún se está recuperando de los estragos causados por el Estado Islámico (ISIS) y de la costosa batalla para derrotar a los yihadistas; sus instituciones y fuerzas de seguridad siguen siendo frágiles; y su Gobierno, elegido hace poco más de un año, se aferra a una mayoría parlamentaria escasa y precaria.

Washington y Teherán deberían mantener a Bagdad al margen de su confrontación: los costes que ambos tendrían por una inestabilidad renovada en Irak superarían cualquier beneficio para cualquiera de los dos. Los intentos de obligar al Gobierno iraquí a tomar partido probablemente fracasarían y, en cambio, desembocarían en el caos.

Espiral de rivalidad

La dirigencia iraquí trabaja intensamente para aislar al país de la agitación regional. Está intensificando el compromiso diplomático con Irán, EE. UU. y sus vecinos inmediatos, así como consolidando el consenso interno en torno al objetivo de permanecer neutral.

Estos esfuerzos son importantes, pero podrían resultar insuficientes para proteger a Irak de la espiral de rivalidad entre EE. UU. e Irán. Si las relaciones entre EE. UU. e Irán siguen deteriorándose, y más aún si los dos países llegan a enfrentarse, es probable que la lucha profundice la polarización política entre los iraquíes que apoyan a Irán y los que se oponen a él. Incluso en las condiciones actuales, las tensiones internas podrían precipitar un descenso al desorden político.

Tanto EE. UU. como Irán probablemente saldrían perdiendo con una disputa en Irak. Contrariamente a las expectativas de la administración Trump, su campaña de «máxima presión» no está contrarrestando la extensa influencia de Irán en Irak, que Teherán ejerce de múltiples maneras.

Como parte de su presión, Washington querría que Irak redujera sus compras de gas natural y electricidad a Irán y estrechara lazos con los Estados árabes aliados de EE. UU. Pero estos esfuerzos dirigidos por EE. UU. probablemente llevarían a Irán a intensificar su propia presión sobre Bagdad, con el objetivo de obstaculizar los esfuerzos del Gobierno iraquí por fortalecer sus instituciones, diversificar su suministro energético y ampliar sus relaciones exteriores.

Vacío de seguridad

Si las tensiones entre Washington y Teherán siguen aumentando, el personal estadounidense en Irak podría volverse más vulnerable a ataques de milicias proiraníes. Un vacío de seguridad resultante podría facilitar un regreso del ISIS.

Teherán también debería tener interés en proteger a Irak de su enfrentamiento con Washington. La estabilidad en su vecino aporta beneficios tanto económicos como de seguridad: le permite a Irán atenuar el impacto de las sanciones estadounidenses preservando sus vínculos con la economía iraquí, y reduce los riesgos de un resurgimiento del ISIS que inevitablemente amenazaría a Irán.

Otros también pueden ayudar a inmunizar a Irak frente a daños, empezando por el propio Gobierno iraquí.

Entre los pasos que podría dar figuran dejar claro ante la administración Trump qué expectativas estadounidenses está en condiciones de satisfacer y cuáles no; reforzar los esfuerzos para poner a los grupos paramilitares vinculados a Irán bajo el control del gobierno central; e intensificar el acercamiento a los Estados de la región —en particular Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Jordania— para contrarrestar el papel de Irán sin agravar los riesgos de confrontación armada en suelo iraquí.

Por su parte, Europa, que tiene un interés importante en consolidar los logros de la campaña contra el ISIS y en evitar más turbulencias en la zona, debería trabajar con Bagdad para tratar de desescalar las tensiones entre EE. UU. e Irán y evitar que arrastren a Irak, y a la región en general, a una espiral peligrosa.

Irak: evitar la tormenta que se avecina, International Crisis Group

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