Gobernar las nuevas fronteras: la perspectiva de China

People watch the launch of the Long March-5 Y2 rocket from Wenchang Satellite Launch Center in Wenchang, Hainan Province, China July 2, 2017. REUTERS/Stringer ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA. - RC1872EAF580
People watch the launch of the Long March-5 Y2 rocket from Wenchang Satellite Launch Center in Wenchang, ChinaImage: REUTERS/Stringer
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Las regiones polares, las profundidades marinas, el ciberespacio y el espacio exterior son nuevas fronteras necesarias para la supervivencia y el desarrollo sostenible de la humanidad.

En los últimos años, las actividades humanas en estas fronteras han aumentado rápidamente, el cambio climático se ha acelerado y los problemas medioambientales han empeorado, todo lo cual está teniendo un grave impacto en nuestras vidas.

Además, estas nuevas fronteras han dado señales de desorden, con una competencia internacional cada vez mayor y una gobernanza obsoleta, sostienen los autores de Cómo gobernar las nuevas fronteras: la perspectiva de China.

Además de estos desafíos, también debemos reflexionar sobre si es posible abandonar el orden actual de la política de poder y construir un orden de gobernanza con un nuevo sistema de valores basado en la esencia de la civilización humana.

Al fin y al cabo, los intereses de la sociedad internacional en estas fronteras son relativamente sencillos. Las nuevas fronteras son la fuente de los recursos y el espacio necesarios para nuestra supervivencia y nuestro desarrollo futuro. Esto concuerda plenamente con la idea de un futuro compartido, por lo que las nuevas fronteras pueden ser la plataforma perfecta para desarrollar la filosofía adecuada.

Déficit de consenso

Hay tres problemas principales en la gobernanza de estas zonas. En primer lugar, la actividad humana ha aumentado, pero los mecanismos de gobernanza se han quedado rezagados. En segundo lugar, la explotación humana plantea desafíos a la gobernanza de estas fronteras; y, en tercer lugar, a menudo hay conflictos entre los intereses de los bloques de naciones y las potencias regionales, por un lado, y los de la humanidad, por otro.

Sin embargo, el problema fundamental radica en la falta de consenso sobre la filosofía de la gobernanza.

La propiedad del mar, el espacio exterior, las regiones polares, el ciberespacio o cualquier otro tipo de nueva frontera no está clara. Aunque la comunidad internacional considera ampliamente que la gran mayoría de las nuevas fronteras son «bienes comunes globales», propiedad de toda la humanidad, en la práctica suelen tratarse como «terrae nullius».

Las grandes potencias compiten entre sí para ocuparlas y aumentar su influencia; incluso aplican el principio de que quien llega primero es el dueño y lo que se practica primero se convierte en ley.

En la Antártida, los países han formulado reivindicaciones territoriales unilaterales

Un ejemplo es la postura de Estados Unidos según la cual el ciberespacio es un dominio común, una opinión destinada a diluir su carácter soberano y a debilitar la administración soberana que otras naciones ejercen sobre este dominio. En esencia, se trata de una forma de hegemonía en el ciberespacio.

La comunidad internacional también está dividida sobre cómo establecer normas y reglamentos para las nuevas fronteras, lo que refleja la falta de principios éticos y valores fundamentales que sustenten la gobernanza.

En el proceso de desarrollo de los mecanismos de gobernanza de las nuevas fronteras, los intereses globales y nacionales se cruzan cada vez más, lo que genera más choques entre distintos valores.

Actualmente, la gobernanza está en manos de un club gobernante: un grupo de Estados que ejerce de facto la gobernanza y el control. Y, hasta cierto punto, «a mayor inversión, mayor rentabilidad» se ha convertido en una regla no escrita en este ámbito.

Sin embargo, el dominio común de estas nuevas fronteras debería compartirse y ser propiedad colectiva, y todos los beneficios deberían repartirse.

Hay una lección sobre la que deberíamos reflexionar. Estados Unidos, aunque ascendió rápidamente a superpotencia durante las cinco décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no ha ofrecido valores defendibles ni bienes públicos para la gobernanza de las nuevas fronteras. En cambio, promueve el hegemonismo y maximiza sus intereses nacionales aprovechando sus ventajas tecnológicas y su poderío militar.

Estados Unidos cambió las reglas de gobernanza de las nuevas fronteras y las acata o las infringe selectivamente según sus intereses.

Un futuro compartido

Mejorar la gobernanza significa no solo hacer frente a diversos desafíos globales, sino también establecer normas y directrices para el orden y el sistema internacionales.

Esta idea encarna la realidad y la necesidad de la coexistencia. Es un nuevo concepto diplomático que se ajusta a la tendencia general de una interdependencia cada vez más profunda entre los países.

Esta estrategia diplomática se basa no solo en la necesidad práctica de que China, como potencia mundial emergente, participe en la construcción del orden internacional, sino también en la convicción de que esta es la forma más beneficiosa de orientar la gobernanza global.

Además, la idea refleja el concepto de beneficio mutuo que integra la amistad y los intereses, y constituye una herencia y una renovación de la cultura tradicional china en la era contemporánea.

Tras miles de años, el pensamiento de la antigua China aún puede inspirar al mundo para lograr una gobernanza global deseable. El concepto moderno de desarrollo sostenible se refleja en el taoísmo, cuyos seguidores observan las leyes objetivas al abordar las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, y propugnan una explotación moderada que no infrinja las leyes naturales.

En resumen, de la rica cultura e historia de China pueden extraerse los elementos clave de una comunidad de futuro compartido.

En la actualidad, el desarrollo global está limitado por la escasez de recursos y la degradación ambiental. Así, las profundidades marinas y las regiones polares son como depósitos de abundantes recursos; y el espacio exterior y el ciberespacio desempeñan un papel cada vez más importante a la hora de enriquecer nuestra vida cotidiana y ampliar la esfera económica mundial.

La cuestión de si estas nuevas fronteras pueden desarrollarse de forma pacífica, armoniosa y sostenible afecta directamente al destino común de toda la humanidad.

Actores no estatales

La creciente influencia de los actores no estatales en la gobernanza global ha hecho que la gobernanza de las nuevas fronteras sea más inclusiva. Actualmente, los Estados siguen siendo los principales actores de la gobernanza. Pero, a medida que participan en ella actores no estatales, como las organizaciones intergubernamentales, las organizaciones no gubernamentales, los grupos de científicos y las comunidades en línea, aumentan sus funciones e influencia.

Estos nuevos actores pueden ser importantes transmisores de la filosofía de una comunidad de futuro compartido y organizadores de su puesta en práctica.

Hay tres formas de empezar a construir una comunidad de futuro compartido mediante la gobernanza de las nuevas fronteras.

En primer lugar, debemos reforzar la cooperación internacional en la exploración científica de las nuevas fronteras. Los proyectos de investigación científica, como las misiones a la Luna y Marte, son esfuerzos colectivos, y el costo y el riesgo de la exploración científica son demasiado elevados para que cualquier país pueda afrontarlos por sí solo.

En segundo lugar, debemos mejorar los mecanismos de gobernanza de las nuevas fronteras. La creación de instituciones debería reflejar una distribución justa de los beneficios, resultados de gobernanza eficaces y un desarrollo civilizatorio avanzado.

Debemos mantener la propiedad colectiva de las nuevas fronteras por parte de toda la humanidad y reservar al mundo en desarrollo el derecho a participar en el futuro.

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Y, en tercer lugar, deberíamos promover la democracia en las instituciones y mejorar la transparencia y la participación en el proceso de toma de decisiones, en el que actualmente las grandes naciones llevan la iniciativa y todos los países coordinan sus intereses.

Debido a sus limitadas capacidades nacionales y tecnológicas, el vasto mundo en desarrollo no puede incorporarse al club por el momento. Por ello, debemos mantener la propiedad colectiva de las nuevas fronteras por parte de toda la humanidad y reservar al mundo en desarrollo el derecho a participar en el futuro.

La iniciativa de China

Es natural que China, gracias a la mejora de sus capacidades económicas, diplomáticas, científicas y tecnológicas, participe en la gobernanza de las nuevas fronteras. La propuesta no solo concuerda con la estrategia del país de convertirse en una nación fuerte, sino que también responde a lo que la comunidad internacional espera de China.

Tras casi 40 años de reforma y apertura, China ha adquirido una considerable experiencia práctica en la gobernanza de las nuevas fronteras.

El país ha creado mecanismos avanzados para realizar expediciones científicas en los océanos, las profundidades marinas y las regiones polares, así como una industria aeroespacial completa y una industria de tecnologías de la información.

Los científicos chinos siempre han participado activamente en proyectos científicos sobre las nuevas fronteras y han contribuido a ellos. Todos estos esfuerzos no solo contribuirán a la ciencia y la tecnología, sino que también demostrarán que China tiene capacidad para proporcionar bienes públicos en materia de seguridad y bienestar comunes para toda la humanidad.

La promoción por parte de China de una comunidad de futuro compartido para la humanidad no solo está justificada por sus valores éticos y su extraordinaria civilización, sino que también se sustenta en su poder económico y su capacidad tecnológica.

Una voz más influyente

Al buscar aumentar su participación en la economía mundial, China también ha asumido más responsabilidades en los asuntos globales y ahora tiene mayor voz en el ámbito internacional para proponer su solución singular a la gobernanza global.

Mientras mantiene el régimen internacional vigente y reconoce sus logros, China debería promover reformas en el orden internacional y proteger y fortalecer los intereses del mundo en desarrollo para hacer realidad los intereses comunes de todos.

Construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad exige que China asuma más responsabilidad internacional y encuentre un equilibrio entre derechos y responsabilidades.

Estas responsabilidades también contribuirían a legitimar a China como potencia mundial. China se ha comprometido a promover el uso pacífico de las nuevas fronteras, mejorar sus instituciones y lograr una gobernanza eficaz.

Tomemos como ejemplo el Ártico. El Centro de Investigación Ártica China-Países Nórdicos, creado en 2013, es una plataforma de cooperación internacional dirigida por científicos. Casi cinco años después, se ha convertido en uno de los importantes mecanismos de cooperación entre China y los países nórdicos. China honra el espíritu de respeto, cooperación y sostenibilidad. y busca mejorar la cooperación internacional.

China debería trabajar con otras naciones para construir un nuevo orden justo y razonable; el papel que la sabiduría china puede desempeñar en la gobernanza de las nuevas fronteras puede facilitar la creación de una comunidad de futuro compartido para toda la humanidad.

Cómo gobernar las nuevas fronteras: la perspectiva de China, Yang Jian y Zheng Yingqin

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