La verdad no siempre es fácil. Cuando buenos periodistas expusieron en febrero de 2018 el espantoso comportamiento –llamémoslo por lo que es: abuso sexual– de algunos empleados de Oxfam en Haití en 2011, y nuestro fracaso entonces para gestionar adecuadamente estos casos, el mensaje estaba claro. Oxfam debe aprender y cambiar con humildad.
Emprendimos un camino de reforma profunda y lo detallamos en un extenso Plan de 10 puntos. Una de las primeras cosas que hice fue crear una Comisión Independiente sobre Conducta Sexual Indebida, Rendición de Cuentas y Cambio de Cultura con plenos poderes para examinar todos los aspectos de nuestra labor, en público. La Comisión está compuesta por líderes en derechos humanos, desde una antigua ministra de Derechos de la Mujer en Haití hasta una experta mundial en violencia sexual en contextos de conflicto.
No quería un análisis edulcorado ni un artículo complaciente destinado a restaurar la imagen deteriorada de Oxfam. Quería la dura verdad porque estaban en juego la seguridad, los derechos y la dignidad de las mujeres. Necesitamos conocer la realidad de la situación actual de Oxfam para construir la Oxfam que queremos: una en la que nuestros valores fundamentales de igualdad y dignidad se vivan en cada oficina y por cada persona.
Al mismo tiempo, el regulador británico de organizaciones benéficas, la Charity Commission, inició una investigación sobre Oxfam Great Britain y la forma en que gestionó lo ocurrido en Haití en 2011. El martes la Charity Commission del Reino Unido publicó su informe sobre Oxfam Great Britain y he subrayado la respuesta de Caroline Thomson, presidenta de Oxfam GB, al acogerlo y aceptarlo.
Aquí me centraré en la Comisión Independiente. Le pedimos que profundizara a fondo, que hablara con el personal y los socios, que viajara a algunos de los lugares más difíciles en los que trabajamos y que escuchara a los supervivientes de abusos. Eso es precisamente lo que ha hecho. Esta semana la Comisión publicó su informe. Acepto plenamente todas las recomendaciones de la Comisión y las aplicaré.
Como mujer africana, me encuentro con el sexismo y el racismo en muchos lugares a los que voy. Sé lo que se siente. Me duele y me indigna que algunos colegas sufran eso dentro de Oxfam.
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El informe resulta en ocasiones doloroso de leer y en otras, profundamente esperanzador sobre el camino de cambio en el que estamos. Ante todo, quiero pedir humildemente perdón a todo el personal y a los miembros de la comunidad que han sufrido daños por parte de Oxfam.
La Comisión nos está diciendo verdades duras sobre aspectos de nuestra cultura laboral. Como mujer africana, me encuentro con el sexismo y el racismo en muchos lugares a los que voy. Sé lo que se siente. Me duele y me indigna que algunos colegas sufran eso dentro de Oxfam.
El informe también reveló explotación y abusos sexuales durante sus visitas a comunidades en tres respuestas humanitarias en las que operaban varias agencias, entre ellas Oxfam. Cuando recibieron denuncias concretas de abusos sexuales, alertaron a las agencias implicadas. La Comisión afirma que esto “debería preocupar a todo el sector de la ayuda, no solo a Oxfam”.
Aunque la Comisión no señaló a Oxfam ninguna nueva denuncia de carácter sexual sobre nuestro personal como resultado de su investigación, ese hecho de ninguna manera disminuye nuestra preocupación ni nuestro deber de actuar. En el pasado no hemos hecho lo suficiente para garantizar que las comunidades con las que trabajamos estén protegidas de manera adecuada y puedan vivir con dignidad.
Cultura, cultura, cultura: ese es ahora el principal foco de cambio para Oxfam y para organizaciones como la nuestra. Nuestro gran desafío no solo consiste en redactar nuevas normas, sino en abordar con firmeza las causas profundas del abuso sexual. Necesitamos reformar las ideas sexistas arraigadas y perjudiciales heredadas de generaciones y construir una cultura que repudie el abuso y afirme la igualdad y la dignidad.
Precisamente con ese fin, el informe nos da la convicción de acelerar el camino de cambio en el que ya estamos.
Me alienta que la Comisión afirme que tenemos “una gran voluntad, energía y compromiso con la reforma”. Nosotros hemos cambiado mucho ya. En quince meses hemos invertido 3,1 millones de euros en nuevo personal de protección y en sistemas globales, hemos designado personas de referencia para la protección en cada país en el que trabajamos y hemos reforzado nuestras líneas de atención para que las personas puedan denunciar problemas. Contamos con nuevas políticas en toda Oxfam para prevenir la conducta sexual indebida.
Aprovecho esta oportunidad, como aprovecho cada oportunidad, para invitar a cualquiera que conozca alguna conducta indebida a denunciarla. Nadie puede ocultarse ya. Cuando digo tolerancia cero, lo digo en serio. Hemos tomado medidas contra 79 empleados por cuestiones de protección en el último año, incluidos más de 40 casos que derivaron en despido.
Necesitamos reformar las ideas sexistas arraigadas y perjudiciales heredadas de generaciones y construir una cultura que repudie el abuso y afirme la igualdad y la dignidad.
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Y no nos detendremos ahí. Esta semana he anunciado una nueva inversión de más de medio millón de euros para ayudar a organizaciones de base a combatir el abuso. Vamos a reforzar aún más nuestras capacidades de protección en los entornos más frágiles y difíciles en los que operamos. Estoy estableciendo un liderazgo renovado con dos nuevos puestos directivos globales: Director de Ética y, así como, un Responsable Global de Cultura.
Esta semana transmití a nuestro personal el reconocimiento de la Comisión de que: “el mayor activo de Oxfam es su personal”, que está “deseoso de contribuir a construir una Oxfam más segura”. Pido a nuestro personal, a todos nuestros simpatizantes y al público que siga cuestionándonos y asesorándonos. Estamos cambiando y sabemos que debemos hacer más. Valoramos y acogemos con agrado una mayor rendición de cuentas.
Sigo orgullosa de formar parte de una organización en la que la gran mayoría de nuestro trabajo se realiza con respeto y en condiciones de seguridad, con un impacto profundamente positivo en personas que viven en la pobreza. Y me enorgullece dirigir una organización capaz de asumir sus fallos y afrontar nuestras verdades incómodas, para que podamos convertirnos de verdad en un lugar de seguridad y dignidad para todas las personas. Haremos todo lo posible para lograrlo.

