El terrorismo con drones ya es una realidad y necesitamos un plan para contrarrestar la amenaza

A drone is used to survey high-voltage power lines of electric company Westnetz near Wilnsdorf, Germany, July 11, 2018. Picture taken July 11, 2018. REUTERS/Ralph Orlowski - RC165FE46640
A nightmare scenario is the use of a small drone to deliver chemical or biological agentsImage: REUTERS/Ralph Orlowski
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Cuando el 4 de agosto se utilizaron dos drones, cada uno equipado con un kilogramo de potentes explosivos plásticos, para intentar asesinar al presidente venezolano Nicolás Maduro, quizá se inauguró una nueva y siniestra era: el terrorismo con aeronaves no tripuladas.

El uso de drones armados por individuos que actúan solos y grupos pequeños —algunos como representantes de Estados nación— ya no es solo una preocupación para el futuro, sino también para el presente. La proliferación de ciertas tecnologías emergentes ha dispersado efectivamente el poder y lo ha puesto al alcance de los actores de menor nivel.

Las barreras de entrada nunca habían sido tan bajas para que las personas accedieran a tecnología comercial disponible en el mercado que puede utilizarse para atacar letalmente a otras personas. Actores solitarios o pequeñas células de terroristas, delincuentes o insurgentes pueden aprovechar eficazmente la flexibilidad táctica de un dron pequeño para sembrar el caos, incluso, potencialmente, usando un dron para derribar un avión de pasajeros.

El patrocinio estatal de grupos terroristas también aumenta la probabilidad de ataques con drones, ya que los Estados pueden proporcionar el equipo y la formación necesarios, lo que hace casi inevitable que, en un futuro no muy lejano, se produzcan ataques terroristas con drones armados.

Ya está ocurriendo con Hezbolá y, presuntamente, con los rebeldes hutíes, que han usado drones para embestir las defensas aéreas saudíes en Yemen. Algunos grupos están dominando la tecnología de drones sin la ayuda de patrocinadores estatales. En Siria, el Estado Islámico ha utilizado con éxito drones para realizar vigilancia y reconocimiento, además de llevar a cabo acciones ofensivas como lanzar una granada contra una base militar adversaria.

Dado que tantos países utilizan ahora drones armados en combate —Nigeria, Pakistán y Turquía lo han hecho recientemente—, las probabilidades de que la tecnología sofisticada de drones caiga en malas manos aumentan exponencialmente. Si un grupo terrorista puede robar o comprar un dron a un Estado rebelde o a funcionarios militares o de inteligencia corruptos, podría recurrir a la multitud de vídeos publicados en internet que, en esencia, muestran cómo utilizar estos sistemas no tripulados para perpetrar un ataque.

Los sistemas no tripulados se están extendiendo y la tecnología comercial disponible en el mercado es fácil de adquirir.

Que los drones pudieran acercarse tanto a un líder mundial durante un acto público al aire libre en Caracas, Venezuela, demuestra lo fácil que es usar drones y lo difícil que es defenderse de ellos.

Los sistemas no tripulados se están extendiendo y la tecnología comercial disponible en el mercado es fácil de adquirir. Los drones de tiendas de pasatiempos son pequeños, ligeros y relativamente fáciles de maniobrar tras un poco de práctica. Los drones de estilo militar son más pesados, pero también pueden transportar una carga útil mayor y más explosivos. Con la llegada del aprendizaje automático y la inteligencia artificial, pronto los drones podrían ser programables e inteligentes hasta el punto de utilizarse sin guía humana y con fines cada vez más siniestros.

Un escenario de pesadilla que temen por igual las fuerzas del orden y los servicios de seguridad es que se utilice un dron pequeño para liberar agentes químicos o biológicos en un ataque. Está bien establecido que Al Qaeda y otros grupos terroristas han intentado durante mucho tiempo perpetrar un ataque espectacular en Occidente con armas de destrucción masiva. La posibilidad de que se utilicen drones para dispersar agentes o virus mortales sobre un estadio deportivo o un lugar de reunión pública es aterradora. Aunque un ataque con drones no cause un gran número de muertes, el intento aún podría lograr el objetivo del atacante de perpetuar la dimensión psicológica del terrorismo.

En el futuro, el uso comercial y personal de drones por parte del sector privado probablemente será omnipresente en la sociedad. Ya se han utilizado drones para repartir pizzas y paquetes. Si, por ejemplo, para 2020 las empresas usan drones habitualmente para hacer entregas a domicilio, el espacio aéreo podría congestionarse mucho y quizá a los terroristas les resultaría más fácil ocultar drones armados entre el mayor flujo de tráfico de drones.

Probablemente los drones que toman fotografías o graban vídeos se volverán tan comunes que será casi imposible discernir si se usan para vigilar posibles objetivos o lugares sensibles que los terroristas planean atacar. El intento contra Maduro estuvo cerca de tener éxito, y la atención mediática que ha recibido podría alentar otros intentos similares.

Los terroristas son muy adaptables e innovadores y seguirán encontrando nuevas formas de sembrar el miedo y el caos. Es imperativo que los especialistas en lucha contra el terrorismo empiecen a planificar una respuesta sólida a la amenaza, no solo en términos de detección y tecnología de contramedidas, sino también de la formación necesaria para defenderse de los ataques con drones armados. A largo plazo, las leyes y políticas que regulen el uso de drones deben desarrollarse antes de que se produzca un ataque, no después.

Sin esas leyes y políticas, el próximo intento de asesinato bien podría tener éxito.

Se acerca una «nueva normalidad»: qué presagia el ataque con drones en Venezuela, Colin P. Clarke, RAND Corporation

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