El conflicto en Libia amenaza con convertirse en una devastadora guerra regional por poderes. Así se puede detener

Libyan protesters attend a demonstration to demand an end to the Khalifa Haftar's offensive against Tripoli, in Martyrs Square in central Tripoli, Libya April 12, 2019. REUTERSIsmail Zitouny - RC143602C7B0
Protestors demand an end to the offensive against Tripoli. An all-out fight for the capital would cause innumerable casualtiesImage: REUTERS
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Se está librando en Libia un peligroso enfrentamiento militar entre fuerzas con base en el este, leales al mariscal de campo Jalifa Haftar, y grupos armados aliados del gobierno respaldado por la ONU en Trípoli. Hasta ahora, las respuestas diplomáticas internacionales han sido demasiado tímidas para impedir una lucha total por la capital.

Si se desata, una ofensiva en toda regla podría convertirse en una guerra por poderes entre potencias regionales y causar innumerables víctimas y una inmensa devastación, prolongando el turbulento estado de Libia posterior a 2011.

Las declaraciones de los Estados miembros de la ONU, incluidos los patrocinadores de Haftar, en las que se insta a las partes a ejercer moderación o se les pide que congelen sus posiciones o incluso se retiren y reanuden las conversaciones políticas dirigidas por la ONU, es poco probable que sean eficaces, a menos que estén respaldadas por una amenaza creíble de sanciones y a menos que los actores regionales se abstengan de alimentar la guerra.

Abordar las preocupaciones

La ONU también debería animar a las partes a volver a la mesa de negociaciones ofreciendo un nuevo formato de negociación en tres vías que aborde las preocupaciones políticas, militares y financieras fundamentales de los bandos en conflicto. Si los actores externos hablan en serio cuando piden detener una guerra a gran escala, ha llegado el momento de actuar.

La escalada comenzó el 3 de abril, cuando las fuerzas del Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés) bajo el mando de Haftar lanzaron una gran ofensiva militar, denominada «Inundación de la Dignidad», desplegando miles de hombres y artillería pesada desde su base trasera en el este de Libia hacia el oeste del país, con el objetivo declarado de capturar la capital.

La ofensiva se produjo pese a las reiteradas advertencias de los socios internacionales de Libia para que cesara, y en medio de una visita del secretario general de la ONU, António Guterres, para apoyar una conferencia nacional patrocinada por la ONU prevista para mediados de abril.

Avance sobre Trípoli

Las fuerzas del LNA comenzaron a avanzar sobre Trípoli aparentemente convencidas de que sus socios internacionales, entre los que se encuentran los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Egipto, Arabia Saudí, Francia y Rusia, tolerarían o apoyarían su ofensiva; en particular, los libios señalaron que el LNA inició su ofensiva poco después de que Haftar regresara de una visita a Riad.

Las fuerzas del LNA también parecían confiadas en que su avance no encontraría una resistencia significativa por parte de sus adversarios con base en Trípoli, y contaban con el apoyo de los residentes locales. Primero tomaron la localidad de Gharián, a 100 km al sur de Trípoli, y después algunas localidades más pequeñas al oeste de la capital. Actualmente, los combates continúan en el aeropuerto internacional de Trípoli, que no está operativo y que fue capturado el 6 de abril, así como en barrios de las afueras meridionales de la capital. El 8 de abril, el único aeropuerto operativo de Trípoli, Mitiga, fue alcanzado desde el aire, aparentemente por el LNA, lo que obligó a evacuarlo.

Durante el mes anterior, Haftar reforzó sus fuerzas en el centro de Libia y, según se informa, envió armas a puestos avanzados del LNA en el oeste, pero pocos parecían creer que fuera a dar algún paso para desafiar en particular a Estados Unidos. Washington le había advertido verbalmente que no se adentrara en el oeste de Libia, donde se encuentran el gobierno respaldado por la ONU y las fuerzas de Misrata, aliados de EE. UU. en la lucha contra el ISIS en 2015-2016.

Esfuerzo coordinado

Las advertencias estadounidenses formaron parte de un esfuerzo internacional coordinado, iniciado a finales de febrero, para persuadir a Haftar de que aceptara un acuerdo político respaldado por la ONU con Faiez Serraj, jefe del gobierno con sede en Trípoli, para unificar las instituciones divididas del país, incluido el ejército, y situar a Haftar al frente de las fuerzas armadas.

Aunque algunos diplomáticos y funcionarios del gobierno de Trípoli creían que un acuerdo era inminente, Haftar nunca lo aceptó, argumentando que la presencia de milicias en Trípoli impediría su aplicación. Está convencido de que los libios comunes, frustrados por el poder de las milicias en la capital y la falta de seguridad allí, lo apoyan.

El gobierno respaldado por la ONU en Trípoli ha respondido a la ofensiva del LNA movilizando a sus fuerzas aliadas; la decisión de los líderes de la ciudad de Misrata, que cuenta con las fuerzas militares más numerosas y mejor equipadas del oeste de Libia, de unirse a la lucha sugiere que el gobierno de Trípoli y sus partidarios no están dispuestos a rendirse.

El despliegue adicional de fuerzas y armamento pesado, un mayor uso del poder aéreo y una intervención militar externa, directa o indirecta, podrían provocar una catástrofe humanitaria.

Un amplio abanico de grupos armados con base en el oeste de Libia se están uniendo a la contraofensiva liderada por Trípoli, que consideran una forma de defender el Estado civil frente a la amenaza del autoritarismo y de preservar el legado revolucionario del país frente al regreso del régimen de la era de Gadafi, algunos de cuyos líderes han apoyado abiertamente a Haftar.

Por ahora, las bajas siguen siendo limitadas, pero un mayor despliegue de fuerzas y armamento pesado, un mayor uso del poder aéreo y una intervención militar externa, directa o indirecta, podrían provocar una catástrofe humanitaria.

Pese al poderío militar y al apoyo externo del LNA, su victoria en Trípoli no está garantizada. El LNA podría conquistar Trípoli sin mucha lucha si las fuerzas hostiles cambian de bando o huyen, como han hecho en el centro y el sur.

Batalla prolongada

Por ahora, sin embargo, se trata de una perspectiva incierta, ya que las dos coaliciones militares parecen igualadas. Un resultado más probable es que la escalada actual se convierta en una batalla prolongada y posiblemente en un asedio prolongado de Trípoli, con un creciente número de víctimas civiles. Además, podría extenderse a otras partes del país, ya que las fuerzas de Misrata han declarado explícitamente su intención de cortar las líneas de suministro del LNA en el centro de Libia, y han insinuado que incluso podrían lanzar un contraataque de mayor alcance.

Lo que ocurra en la lucha por Trípoli depende ahora en gran medida de la respuesta de los actores externos. Varias potencias externas, entre ellas Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Italia, los EAU, Egipto y Rusia, han condenado la escalada e instado a todas las partes a ejercer moderación y a congelar las operaciones militares o a retirarse a sus posiciones anteriores.

Respaldo tácito

Pero ninguna de estas declaraciones incluyó la amenaza de sanciones y ninguna mencionó explícitamente la necesidad de apoyar al Gobierno de Concordia Nacional, respaldado por la ONU, en Trípoli. Para muchos libios, esto sugiere que los gobiernos extranjeros respaldan tácitamente a Haftar en su ambición de hacerse con la capital y el poder.

Aunque algunos de los patrocinadores del LNA, como los EAU y Egipto, parecen haber intentado contener a Haftar durante los últimos tres meses, podrían acudir en su ayuda si sufre reveses militares ahora que sus fuerzas están a las puertas de la capital. (Mientras los diplomáticos egipcios aconsejaban moderación, según se informa, llegaban a Libia desde la frontera egipcia artillería pesada y cohetes tierra-aire). Si eso ocurriera, otras potencias extranjeras podrían entrar en la contienda en nombre del gobierno de Trípoli, entre ellas Catar y Turquía.

Mientras tanto, Rusia bloqueó una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU, impulsada por el Reino Unido, que condenaba la ofensiva militar de Haftar, insistiendo en que se pidiera a todas las partes que ejercieran moderación.

Medidas urgentes

Para evitar un baño de sangre en Trípoli y una peligrosa escalada en la que intervengan potencias regionales, los socios internacionales de Libia deberían adoptar medidas urgentes para evitar que la escalada actual derive en una gran batalla destructiva por la capital:

  • Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deberían pedir un cese inmediato de las hostilidades e imponer sanciones a los líderes políticos y a los comandantes militares que busquen intensificar la escalada en lugar de retirarse;

  • Las potencias regionales deberían abstenerse de respaldar militarmente la ofensiva y reafirmar su apoyo a las negociaciones dirigidas por la ONU;

  • Estados Unidos debería pedir a las capitales árabes que se abstengan de alimentar la guerra y redoblar los esfuerzos para persuadir a ambas partes de que acepten un acuerdo de compromiso propuesto previamente, según el cual el mando militar quedaría en manos de un consejo de seguridad nacional.

Para animar a ambas partes a aceptar un alto el fuego y reanudar las negociaciones, la ONU debería considerar proponer un nuevo formato de negociación que sustituya al acuerdo Haftar-Serraj, ya inoperante, que fue mediado pero nunca finalizado a finales de febrero.

Las nuevas negociaciones necesitarían tres componentes que reflejen la naturaleza en tres niveles de la crisis libia:

  • Una vía política, que ya no debería limitarse a un acuerdo entre Haftar y Serraj, sino incluir a un abanico más amplio de representantes políticos de facciones rivales para garantizar una mayor aceptación nacional;

  • Una vía militar, que reúna a altos mandos de ambas partes, siguiendo la línea del diálogo militar liderado por Egipto que tuvo lugar hasta mediados de 2018, para acordar nuevos dispositivos de seguridad para la capital;

  • Una vía financiera, que reúna a representantes del Banco Central de Libia, dividido, para salvar la brecha en las instituciones financieras que surgió por primera vez de la división del gobierno político de 2014 y que solo se ha ido ampliando desde entonces. La crisis bancaria y la escasez financiera que provocó para el gobierno del este, que afronta una dificultad creciente para procesar pagos, puede muy bien haber desencadenado el movimiento del LNA sobre Trípoli precisamente en este momento.

La transición de Libia se ha visto empañada por numerosos reveses, luchas internas e injerencias externas en los últimos ocho años. Estos factores han permitido que actores armados no estatales violentos, como el ISIS, se afiancen.

Quienes apoyan hoy la ofensiva militar del LNA en Trípoli para derrotar a las partes que califican de terroristas están apostando por una solución militar, que creen que estabilizará el país. Pero tal resultado está lejos de estar garantizado, y todos deberían tener presente que una lucha mortal prolongada tendría repercusiones turbulentas para Libia, sus vecinos y también para Europa.

La amenaza del terrorismo podría convertirse en una profecía autocumplida, a medida que surjan del caos nuevos grupos yihadistas y otros grupos radicales y se unan a los combates.

Evitar una guerra a gran escala en Libia, del International Crisis Group

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