• La explosión en el puerto de Beirut desbordó a la Cruz Roja Libanesa a pesar de su experiencia en crisis.
• La CRL tuvo que adaptar sus medidas de ayuda para responder a las sensibilidades locales.
• El costo de las crisis sucesivas está provocando una epidemia de salud mental en el Líbano.
A las 18:07 del 4 de agosto del año pasado, los relojes de Beirut se detuvieron. Dos enormes explosiones destrozaron el puerto y la zona que lo rodea. Doscientas personas perdieron la vida, 10.000 perdieron sus viviendas y todo el país quedó conmocionado.
Seis meses después de las explosiones en el puerto, sabemos que sus efectos perdurarán durante años. Pero para mí y mis colegas de la Cruz Roja Libanesa, que fuimos de los primeros en llegar al lugar, hay lecciones que aprender que ayudarán a garantizar que un desastre evitable como este no vuelva a ocurrir.
1. La preparación es clave para hacer frente a los imprevistos
Poco después de las explosiones, mi teléfono móvil empezó a sonar. Personas heridas llamaban y nos pedían que las rescatáramos. Desplegamos todas las ambulancias y equipos en Beirut y sus alrededores, y movilizamos todos los recursos disponibles en todo el país para apoyar la respuesta.
Sin embargo, en la zona afectada, muchas carreteras estaban bloqueadas por los escombros de los edificios derrumbados. Las ambulancias no podían llegar a las zonas afectadas. Los técnicos de emergencias medicas oían a personas gritar pidiendo ayuda, pero no podían llegar hasta ellas con la rapidez necesaria. Fue una pesadilla despierta, con tantas personas necesitadas y nosotros incapaces de salvarlas.
Incluso en los peores desastres que han azotado el Líbano en las últimas décadas, teníamos más tiempo para reaccionar. Los heridos no se produjeron de golpe. Nunca antes habíamos tenido que atender a más de 6.000 heridos en el mismo instante.
Nuestros equipos lograron atender o trasladar a más de 2.600 heridos en las horas posteriores a la explosión, y proporcionar miles de unidades de sangre a los hospitales para ayudarles a tratar a los heridos. Pero las necesidades eran tan grandes que, incluso con todos nuestros recursos, no fue suficiente.
En la Cruz Roja Libanesa (CRL) contamos con más de 40 años de experiencia en la preparación y gestión de emergencias y crisis en todo el país. Nuestra experiencia en preparación para desastres abarca guerras civiles, invasiones, inundaciones, terremotos y mucho más.
Pero nunca imaginamos que esto pudiera ocurrir. En dos minutos, la explosión causó una devastación enorme, más allá de lo imaginable. Las personas perdieron la vida, sus hogares y a sus seres queridos. Cuando salimos a las calles para evaluar las necesidades, ya encontramos cuerpos tendidos en el suelo.
2. La cultura digital salva vidas, pero también las pone en riesgo
Durante una crisis de esta magnitud se ve lo peor de la humanidad, pero también lo mejor.
La gente empezó a ayudarse mutuamente de inmediato, como podía. Un claro ejemplo fue cuando pedimos al público, a través de canales en línea, que donara sangre para atender la necesidad disparada de las personas heridas. En 10 horas recogimos 1.500 bolsas de sangre. Al final, tuvimos que rechazar a donantes.
La explosión en el puerto de Beirut demostró una vez más cuál es el recurso más valioso del Líbano en una crisis: su gente. En un país que convive con las crisis, necesitamos formar una generación de «humanitarios preparados para responder». Invertir en los conocimientos y las habilidades de la población sobre cómo prepararse para desastres y crisis debería ser un tema esencial en todos los planes de estudio, para todas las edades.
Necesitamos construir una cultura de preparación y respuesta ante desastres. Esto es más importante ahora que nunca, ya que la cultura digital actual hace que las personas corran hacia una crisis para filmarla o transmitirla en directo en las redes sociales, en lugar de mantenerse a una distancia segura, protegerse y ayudar de manera segura y organizada. Lamentablemente, muchas personas perdieron la vida mientras estaban en los balcones filmando la primera explosión, en lugar de refugiarse.
3. La salud mental es tan prioritaria como la salud física
La población libanesa lleva desde finales del año pasado atravesando numerosos desafíos. La explosión se sumó a la crisis de la COVID-19, a la privación económica, al desempleo, a las manifestaciones y a los disturbios. Creo que muchos libaneses, si no la mayoría, sufren algún tipo de crisis de salud mental, como ansiedad o depresión.
En la CRL formamos parte de esta comunidad y sentimos su dolor y sus desafíos. Todos nuestros voluntarios necesitan apoyo psicológico, como todos los libaneses. Nuestro personal y voluntarios, al igual que todos, suelen proyectar una imagen positiva de sí mismos y de su bienestar mental. Pero seis meses después, seguimos profundamente conmocionados y lo afrontamos día a día, haciendo lo mejor que podemos, sin saber qué le depara el futuro a nuestro país.

4. Escuchar a la comunidad es clave
Desde la explosión, hemos estado ajustando nuestras operaciones para adaptarlas a las necesidades y la cultura de la comunidad. Por ejemplo, la comunidad afectada por la explosión no aceptaba acudir a los puntos de distribución en las calles para recoger los artículos de socorro que queríamos entregarles. Culturalmente, esto les resultaba muy difícil.
En un caso, teníamos 400 cajas de suministros alimentarios para distribuir. Solo 100 personas acudieron a los puntos de recogida; la mayoría no eran libaneses. Entonces nos dimos cuenta de que necesitábamos ajustar nuestro plan para respetar cómo se siente la comunidad al recibir ayuda. En lugar de distribuir los suministros en público, decidimos repartir los artículos de puerta en puerta, aunque ello supusiera más trabajo para nuestros voluntarios. La gente se mostró contenta de recibir esta ayuda, porque sentía que se preservaba su dignidad.
Después fuimos un paso más allá y decidimos pasar a la ayuda financiera, lo que permite a las personas comprar lo que necesitan en la economía local, evitando que esta se vea perjudicada por suministros de ayuda externa. Comenzamos a proporcionar asistencia financiera directa a más de 10.000 familias, lo que les permite decidir por sí mismas cuáles son sus necesidades prioritarias.
5. Las heridas profundas encienden una esperanza firme
Al caminar por las calles de Beirut, todavía se ven pequeños fragmentos de vidrio de las ventanas destrozadas en el suelo, en las esquinas de las aceras. Representan las heridas profundas en nuestras almas con las que debemos convivir.
He presenciado muchos desastres en mi vida, pero este fue completamente distinto. Nadie puede imaginar algo así. En una fracción de segundo, las personas perdieron a su familia, sus hogares y su trabajo; resultaron heridas, aterradas y desfiguradas por el sufrimiento. Esa noche todos perdimos algo del corazón, y nada volverá a ser como antes.
Lo único que seguirá igual es que continuaremos esforzándonos al máximo por ayudar a nuestra comunidad. Seguiremos invirtiendo en nuestros voluntarios y personal para afrontar los desafíos continuos. Seguiremos preparándonos para responder a las crisis y coordinándonos con otros para completar el trabajo, ya que solo juntos podemos reducir los riesgos y el sufrimiento de las personas.
6. Con la COVID-19, las funciones «auxiliares» pasan a ser «primarias»
La expresión «cuando llueve, diluvia» describe la situación actual en el Líbano. Además de la crisis económica y los disturbios civiles, estamos siendo testigos de un elevado número de infecciones por COVID-19. Actualmente, la línea de atención telefónica de la CRL recibe más de 4.000 llamadas al día, relacionadas en su mayoría con pacientes de coronavirus. Desde febrero de 2020, la CRL ha trasladado a más de 16.000 pacientes de COVID-19 a los hospitales.
Nuestros operadores atienden la línea de atención telefónica las 24 horas, los siete días de la semana. Me contaron que las llamadas han pasado de «Hola, tengo síntomas» a «Hola, todos los de mi casa tienen síntomas» y, después, a «Hola, veo a mi padre ponerse azul intentando respirar. No consigo encontrarle una cama en el hospital. Por favor, ayúdennos».
Ante la falta de camas disponibles en los hospitales, la CRL ha puesto en marcha una iniciativa para proporcionar máquinas de oxígeno domiciliarias a los pacientes de COVID-19 que no encuentran plaza en un hospital.
¿Cómo está ayudando el Foro Económico Mundial a mejorar la asistencia humanitaria?
Cuando la crisis humanitaria se agrava, todos debemos arrimar el hombro. Aunque inicialmente nuestra función debería ser solo auxiliar, ahora hacemos más de lo que solíamos hacer. Día a día, aumenta el número de libaneses que necesitan asistencia. Necesitamos todo el apoyo posible, ahora más que nunca.
