7 cuestiones que marcarán la agenda humanitaria en 2018

Palestinian refugees wait to receive aid at a United Nations food distribution centre in Al-Shati refugee camp in Gaza City January 15, 2018. REUTERS/Mohammed Salem - RC1974CC5FF0
Sixty-five million people have been forced to flee their homes globally.Image: REUTERS/Mohammed Salem
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Siria entra en 2018 en su séptimo año de guerra. El hambre y las enfermedades afectarán a millones de personas en Somalia, Sudán del Sur y Yemen. En todo el mundo, la gente huirá de los conflictos para quedar atrapada en la miseria, como ocurre en Libia. Las personas sufrirán los efectos inmediatos y a largo plazo de los conflictos y la violencia, como presencié en la República Centroafricana a principios de este mes.

Al asistir a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, recordaré a los líderes mundiales la necesidad de ayudar y proteger a la población civil atrapada en zonas de guerra. De no hacerlo, el resultado será la inestabilidad mundial, graves colapsos de los sistemas sociales y económicos y el incumplimiento de los ODS.

A medida que los avances tecnológicos y financieros transforman el terreno en el que trabaja el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), creemos que estas siete cuestiones clave marcarán la agenda humanitaria en 2018.

1. El balance de la comunidad internacional en materia de conflictos

Los esfuerzos y los logros de la comunidad internacional para abordar los conflictos serán fundamentales para configurar la agenda política y la respuesta humanitaria en 2018. Los éxitos servirán de modelo para futuras actuaciones, mientras que los fracasos obligarán a buscar soluciones alternativas.

¿Tendrán éxito las zonas seguras en Siria? ¿Se reanudarán las entregas de suministros médicos en Yemen? ¿Podrá la gente regresar al estado de Rakáin? ¿Se descuidarán tanto los conflictos prolongados y de baja intensidad que estallen y provoquen desplazamientos masivos y epidemias?

La comunidad internacional debe ofrecer una nueva perspectiva de paz, tanto en los conflictos que reciben gran atención como en los olvidados. El CICR trabaja para mantener los servicios básicos que la gente necesita para sobrevivir. Sin embargo, en 2018 y en adelante, necesitamos esfuerzos más decididos para resolver los conflictos de manera pacífica.

2. Reconstruir los campos de batalla urbanos

Cincuenta millones de personas soportan las peores consecuencias de la guerra en ciudades de todo el mundo. La reconstrucción es un enorme desafío en lugares densamente poblados, pero debe comenzar cuanto antes, incluso en medio de los combates. La reconstrucción abarca más que rehacer calles y viviendas: también incluye los sistemas de agua, alcantarillado y electricidad.

La actividad económica puede ayudar a reparar las sociedades devastadas por la guerra, pero, si no se lleva a cabo de manera responsable, también puede generar o prolongar la violencia. Las empresas y las organizaciones internacionales deben ayudar a fortalecer las comunidades y a superar el trauma de la violencia.

Image: ACNUR

3. Transformar la financiación humanitaria

En los conflictos prolongados trabajamos con dos horizontes temporales: prestamos ayuda urgente y miramos hacia el horizonte de 2030 para atender las necesidades a largo plazo. Por desgracia, el modelo actual de financiación humanitaria no respalda este enfoque fundamental.

Los conflictos no son interrupciones temporales, sino catástrofes estructurales y socioeconómicas, y la financiación debe asignarse en consecuencia. Además de los Estados Partes en los Convenios de Ginebra, una nueva ola de inversores sociales puede estimular las economías frágiles o afectadas por conflictos.

El año pasado, el CICR lanzó el primer Bono de Impacto Humanitario del mundo, que recaudó 26 millones de dólares para nuevos centros de rehabilitación física en Nigeria, Malí y la República Democrática del Congo. En 2018, el CICR está dispuesto a ampliar este tipo de alianzas.

4. Derecho internacional humanitario

Todos los días vemos en las noticias violaciones del derecho internacional humanitario (DIH). Sin embargo, apenas se informa de que, a lo largo de las décadas, el DIH ha cambiado la conducta en tiempos de guerra. El DIH ha llevado a las partes en conflicto a abstenerse de maltratar a las personas detenidas, usar armas químicas, biológicas o nucleares, emplear minas terrestres y atacar a la población civil.

El DIH evoluciona constantemente a medida que cambian los conflictos, pero se mantiene fiel al mismo principio fundamental: proteger a la humanidad mediante el derecho. En entornos de conflicto fragmentados y en la lucha contra el terrorismo, la comunidad internacional debe salvaguardar el DIH frente a los argumentos de que no es aplicable o puede negociarse en acuerdos políticos. En 2018 debemos reforzar el consenso en torno al derecho como fuerza estabilizadora.

5. Las personas olvidadas

Sesenta y cinco millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en todo el mundo, más de 40 millones de ellas dentro de sus propios países; a menudo son personas desatendidas que no pueden acceder a la ayuda. En 2018, mientras la comunidad internacional negocia un nuevo pacto mundial sobre migración y refugiados, instamos a los Estados a garantizar que las políticas de asilo y migración se ajusten a las obligaciones internacionales y respondan a las necesidades humanitarias de quienes huyen de la violencia dentro de sus propias fronteras.

6. Ciberataques y nuevas armas de guerra

Las nuevas tecnologías están dando lugar rápidamente a métodos de guerra sin precedentes. Innovaciones que ayer eran ciencia ficción podrían causar una catástrofe mañana, entre ellas las nanotecnologías, los robots de combate y las armas láser.

Los ciberataques son un desafío inminente. Pensemos en las consecuencias humanitarias de que pirateen los sistemas de control del tráfico aéreo, los oleoductos o las centrales nucleares.

El CICR insta a los gobiernos y las empresas a abordar el impacto humanitario de los conflictos en el mundo virtual y a plantearse preguntas fundamentales: ¿qué diferencia hay entre un incidente de seguridad y un acto de guerra? ¿Cómo se aplica la proporcionalidad? ¿Cómo pueden los ataques virtuales distinguir entre bienes de carácter civil y objetivos militares?

Las normas fundamentales del DIH se aplican a la guerra cibernética y a otras nuevas tecnologías, pero también debemos considerar normas más sólidas y adaptadas específicamente para proteger a la población civil en los futuros frentes de los conflictos.

7. Tecnología al servicio del bien

La cuarta revolución industrial no solo conlleva riesgos, sino que también ofrece soluciones a problemas humanitarios. Por ejemplo, el CICR colabora con Microsoft en el uso de tecnología de reconocimiento facial para ayudar a reunir a familias separadas por conflictos, y ABB ha construido una red solar para nuestro almacén de Nairobi.

Los macrodatos y un mejor análisis contextual pueden transformar la forma en que el CICR responde a las crisis humanitarias y las anticipa. Las identidades digitales seguras podrían permitir que los refugiados que han perdido sus documentos de identidad accedan a los servicios más rápidamente. En 2018 queremos que los avances tecnológicos contribuyan más a empoderar a las personas afectadas por conflictos.

Estas son las cuestiones clave en las que trabajaré este año. Sin embargo, el progreso depende de un mayor compromiso de los Estados y otros actores con unas normas mínimas de humanidad, así como de un amplio acuerdo en favor de una acción humanitaria neutral, imparcial e independiente.

A lo largo de sus 155 años de historia, el CICR ha aprendido que la labor humanitaria basada en principios y en el derecho, realizada con el consenso de todos los actores clave, es el mejor punto de partida para hacer frente a la fragmentación y construir un futuro mejor para todos.

Este artículo se publicó originalmente en Devex.

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