3 formas en que los macrodatos están transformando el sector humanitario

A group of tents stands amidst the rubble after an earthquake in Port-au-Prince, in this United Nations handout taken January 12, 2010. The number of U.N. military and police officials confirmed to have been killed in the Haiti earthquake now stands at 22, U.N. Secretary-General Ban Ki-moon said on Thursday. Picture taken January 12. REUTERS/UN Photo Logan Abassi/Handout (HAITI ENVIRONMENT - Tags: DISASTER POLITICS IMAGES OF THE DAY) ENVIRONMENT) FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS - GM1E61F02PZ01
The 2010 earthquake in Haiti ushered in a new era of digital data humanitarianism.Image: REUTERS/UN Photo Logan Abassi
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Los datos han sido durante mucho tiempo un pilar del trabajo humanitario y de ayuda, con énfasis en las técnicas de recopilación de datosque se remontana la guerra franco-prusiana de finales del siglo XIX.

Sin embargo, desde el devastador terremoto que azotó Haití en 2010, el volumen de un tipo específico de datos ha crecido exponencialmente: bienvenidos a la era del humanitarismo basado en datos digitales.

Actualmente no hay indicios de que esta tendencia vaya a detenerse ni a ralentizarse. Por tanto, la variable de los datos en la ecuación humanitaria y de desarrollo adquiere más peso que nunca. Tres tendencias importantes están ahora a la vanguardia de la transformación del sector:

  • Un cambio en la composición de la fuerza laboral humanitaria;

  • Una alteración de las dinámicas de poder tradicionales;

  • La búsqueda de herramientas mejores, más rápidas y más potentes.

Un cambio en la composición de la fuerza laboral humanitaria

Hoy, los datos son el nuevo petróleo y, para maximizar su extracción, se necesita específicamente una fuerza laboral cualificada.

Cada vez más profesionales procedentes de sectores tradicionalmente científicos se incorporan a los departamentos de datos de organizaciones humanitarias y de desarrollo. A corto plazo, esto tiene dos efectos secundarios: una mayor necesidad de conocimientos sobre datos entre colegas sin formación científica y una comunicación eficaz entre los lenguajes científicos y no científicos. Los «colegas intérpretes», capaces de transmitir conceptos técnicos de un campo científico a un público no especializado, son tan valiosos y necesarios como sus homólogos científicos de datos (aunque esta función es fundamental, normalmente no se especifica en las descripciones de los puestos).

Un trabajo que depende en gran medida del acceso mundial a los datos y de su almacenamiento podría beneficiarse de la escalabilidad que ofrecen las nuevas tecnologías digitales. Sería interesante ver hasta qué punto los puestos profesionales del sector humanitario podrían ser «susceptibles de informatización».

Image: Centro de Seguimiento de los Desplazamientos Internos (IDMC)

La alteración de las dinámicas de poder tradicionales

Un resultado directo de esta primera tendencia es la alteración de las dinámicas de poder tradicionales en el sector humanitario.

Esta nueva generación de profesionales aporta nuevas competencias que ayudan a cerrar las brechas de conocimiento del sector, así como una cultura organizativa que cuestiona sus estructuras jerárquicas de múltiples maneras. Su enfoque para resolver problemas da prioridad a la acción rápida frente a la deliberación política, y la confianza se construye mediante la transparencia y el intercambio, como en cualquier organización horizontal y poco jerárquica en la que hayan trabajado antes. De verdad, llevan la «cultura de quienes programan» a las conversaciones no científicas y, cuando cambia el lenguaje, también cambia el sector. Este cambio ya se ha observado cuando el sector privado sustituyó «beneficiarios» por «clientes» y «ayuda» por «servicios».

El crowdsourcing ya se ha aplicado al procesamiento de grandes volúmenes de datos. Por ello, no debería sorprender el auge de los nuevos voluntarios digitales, personas comunes que ofrecen su tiempo y sus conocimientos tecnológicos para apoyar la respuesta ante emergencias. Como señala Patrick Meier en Humanitarios digitales, ya sea cartografiando extensiones de territorios sin explorar o supervisando procesos electorales, el sector humanitario puede aprovechar esfuerzos mundiales sin precedentes, con costes reducidos y a una velocidad cada vez mayor.

Por último, pero no menos importante, la voz humanitaria es cada vez menos una defensora intocable de la verdad. Un acceso más amplio a los datos —tanto sobre el terreno como de las operaciones humanitarias— permite que el público en general contribuya a una verificación independiente.

La búsqueda de herramientas mejores, más rápidas y más potentes

Aunque todavía estamos lejos de una versión humanitaria de la religión de los datospostulada por Yuval Noah Harari en su innovador libro Homo Deus, sin duda hay un grado de tecnooptimismoque se extiende por todo el sector, desde la base hasta las más altas esferas. En la ceremonia inaugural del Centro de Datos Humanitarios de la ONU en La Haya el año pasado, el secretario general Antonio Guterres defendió las nuevas tecnologías como «una fuerza para el bien», que ayudará a «proporcionar a las personas el apoyo que necesitan, de forma más rápida y eficiente». El hecho mismo de que el evento se transmitiera en directo por Facebook reforzó las palabras de Guterres.

Aunque este optimismo podría hacernos creer que las soluciones vienen en paquetes tecnológicos mejores, más rápidos y más potentes, la realidad es que la tecnología aún no es sinónimo de eficacia. En realidad, para alcanzar siquiera una eficiencia mínima viable, las herramientas tecnológicas deben probarse muchas veces. Es necesario desarrollar normas, acordarlas y, finalmente, aplicarlas. Por ahora, los códigos todavía necesitan formadores y manuales de reglas y debemos recordar que, en última instancia, los formadores son personas: expertos en su campo específico, pero seres humanos al fin y al cabo.

En conclusión, sería exagerado afirmar que el código puede sustituir por completo a los trabajadores humanitarios, pero el sector está experimentando gradualmente una polinización cruzada que exige un cambio sistémico. En última instancia, este nuevo enfoque debería garantizar que el «humanitarismo algorítmico» evite la trampa de utilizar los datos por los datos mismos y recurra a las tecnologías digitales de una manera más sólida para reflejar nuestros valores humanos fundamentales. Esto solo puede garantizarse mediante un liderazgo sistémico y distribuido en todo el sector.

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