9 malos hábitos que debes abandonar para aumentar la productividad

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  • Los malos hábitos te ralentizan, reducen tu precisión, te hacen menos creativo y perjudican tu rendimiento.

  • Un estudio de la Universidad de Minnesota descubrió que las personas que ejercen un alto grado de autocontrol suelen ser mucho más felices que quienes no lo hacen, tanto en el momento como a largo plazo.

  • Navegar por Internet, hacer varias tareas a la vez, el perfeccionismo, las reuniones, etc., consumen tu valioso tiempo y merman tu productividad como ninguna otra cosa.

Nada sabotea tanto tu productividad como los malos hábitos. Son insidiosos: se van apoderando de ti poco a poco, hasta que ni siquiera notas el daño que causan.

Los malos hábitos te ralentizan, reducen tu precisión, te hacen menos creativo y perjudican tu rendimiento. Controlar tus malos hábitos es fundamental, y no solo por el bien de tu productividad. Un estudio de la Universidad de Minnesota descubrió que las personas que ejercen un alto grado de autocontrol suelen ser mucho más felices que quienes no lo hacen, tanto en el momento como a largo plazo.

Malos hábitos que sabotean la productividad

Algunos malos hábitos causan más problemas que otros, y los nueve que siguen son los peores. Dejar atrás estos hábitos aumentará tu productividad y te permitirá disfrutar del buen ánimo que acompaña a un mayor autocontrol.

Navegar impulsivamente por Internet.

Necesitas 15 minutos seguidos de concentración antes de poder sumergirte por completo en una tarea. Cuando lo consigues, entras en un estado de euforia y mayor productividad llamado flujo. Las investigaciones muestran que las personas en estado de flujo son cinco veces más productivas que en otras circunstancias. Cuando interrumpes tu trabajo porque te entran ganas de consultar las noticias, Facebook, el resultado de un partido o cualquier otra cosa, sales de ese estado. Esto significa que necesitas otros 15 minutos de concentración ininterrumpida para volver a entrar en él. Si interrumpes y retomas el trabajo suficientes veces, puedes pasar un día entero sin experimentar el estado de flujo.

Perfeccionismo.

La mayoría de los escritores pasan incontables horas imaginando personajes y tramas, e incluso escriben página tras página que saben que nunca incluirán en el libro. Lo hacen porque saben que las ideas necesitan tiempo para desarrollarse. Tendemos a quedarnos paralizados cuando llega el momento de empezar porque sabemos que nuestras ideas no son perfectas y que quizá lo que produzcamos no sea muy bueno. Pero ¿cómo puedes crear algo grandioso si no empiezas y das tiempo a tus ideas para evolucionar? La autora Jodi Picoult resumió a la perfección la importancia de evitar el perfeccionismo: «Se puede corregir una página mala, pero no una página en blanco».

Reuniones.

Las reuniones consumen tu valioso tiempo y merman tu productividad como ninguna otra cosa. Las personas extremadamente productivas evitan las reuniones todo lo humanamente posible. Saben que una reunión puede alargarse eternamente si se lo permiten, así que, cuando tienen que reunirse, avisan a todos desde el principio de que respetarán el horario previsto. Esto establece un límite claro que motiva a todos a concentrarse más y ser más eficientes.

Responder a los correos electrónicos a medida que llegan.

Las personas productivas no permiten que el correo electrónico las interrumpa constantemente y perjudique su productividad. Además de consultar el correo según un horario, aprovechan las funciones que priorizan los mensajes según quién los envía. Configuran alertas para sus proveedores más importantes y sus mejores clientes, y dejan el resto para cuando terminen una tarea. Algunas personas incluso configuran una respuesta automática para informar a quienes les escriben de cuándo volverán a consultar el correo.

Pulsar el botón de repetición de la alarma.

Mientras duermes, el cerebro pasa por una serie compleja de ciclos. El último te prepara para estar alerta a la hora de despertarte. Por eso a veces te despiertas justo antes de que suene el despertador: tu cerebro sabe que es hora de levantarse y está preparado para hacerlo. Cuando pulsas el botón de repetición y vuelves a dormirte, pierdes ese estado de alerta y te despiertas más tarde, cansado y aturdido. Y lo peor es que ese aturdimiento puede tardar horas en desaparecer. Así que, por muy cansado que creas estar cuando suene el despertador, oblígate a salir de la cama si quieres tener una mañana productiva.

La multitarea acaba con la productividad.

Una investigación realizada en la Universidad de Stanford confirma que hacer varias tareas a la vez es menos productivo que hacer una sola cada vez. Los investigadores descubrieron que las personas que reciben habitualmente múltiples flujos de información electrónica no pueden prestar atención, recordar información ni pasar de una tarea a otra tan bien como quienes completan una tarea a la vez. Cuando intentas hacer dos cosas a la vez, tu cerebro no tiene capacidad para realizar ambas con éxito.

Pero ¿y si algunas personas tienen un don especial para la multitarea? Los investigadores de Stanford compararon grupos de personas según su tendencia a hacer varias tareas a la vez y su creencia de que eso mejora su rendimiento. Descubrieron que quienes más recurrían a la multitarea —quienes la practicaban mucho y sentían que mejoraba su rendimiento— en realidad eran peores en ella que quienes preferían hacer una sola cosa cada vez. Las personas que recurrían a menudo a la multitarea rendían peor porque les costaba más organizar sus pensamientos y filtrar la información irrelevante, y tardaban más en pasar de una tarea a otra. ¡Vaya!

Posponer las tareas difíciles.

Tenemos una cantidad limitada de energía mental y, a medida que la agotamos, nuestra capacidad para tomar decisiones y nuestra productividad disminuyen rápidamente. A esto se le llama fatiga de decisión. Cuando pospones las tareas difíciles hasta el final del día porque te intimidan, las dejas para el momento en que estás peor. Para combatir la fatiga de decisión, debes abordar las tareas complejas por la mañana, cuando tienes la mente despejada.

Usar el teléfono, la tableta o el ordenador en la cama. Este es un hábito muy perjudicial que la mayoría ni siquiera se da cuenta de que afecta al sueño y la productividad. La luz azul de onda corta desempeña un papel importante en el estado de ánimo, el nivel de energía y la calidad del sueño. Por la mañana, la luz solar contiene altas concentraciones de esta luz azul. Cuando tus ojos quedan expuestos directamente a ella, la luz azul detiene la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño, y te hace sentir más alerta. Por la tarde, los rayos del sol pierden su luz azul, lo que permite al cuerpo producir melatonina y empezar a darte sueño.

Por la noche, el cerebro no espera recibir luz azul y es muy sensible a ella. La mayoría de nuestros dispositivos favoritos para la noche —ordenadores portátiles, tabletas, televisores y teléfonos móviles— emiten luz azul de onda corta; y, en el caso del ordenador portátil, la tableta y el teléfono, lo hacen con gran intensidad y directamente frente a tu cara. Esta exposición dificulta la producción de melatonina e interfiere tanto con tu capacidad para conciliar el sueño como con su calidad una vez que te duermes. Como todos hemos comprobado, dormir mal tiene efectos desastrosos en la productividad. Lo mejor que puedes hacer es evitar estos dispositivos después de cenar (para la mayoría de las personas, ver la televisión está bien siempre que se sienten lo bastante lejos de la pantalla).

Comer demasiado azúcar.

La glucosa funciona como el «acelerador» de la energía del cerebro. Necesitas glucosa para concentrarte en tareas exigentes. Si tienes muy poca, te sientes cansado, desconcentrado y lento; si tienes demasiada, te sientes inquieto y no puedes concentrarte. Las investigaciones han demostrado que el nivel ideal es de unos 25 gramos de glucosa. Lo complicado es que puedes obtener esos 25 gramos de la forma que quieras y sentirás lo mismo, al menos al principio. La diferencia está en cuánto dura la productividad. Los donuts, los refrescos y otras formas de azúcar refinado dan un impulso de energía que dura apenas 20 minutos, mientras que la avena, el arroz integral y otros alimentos con carbohidratos complejos liberan su energía poco a poco, lo que te permite mantener la concentración.

En resumen

Algunos de estos hábitos pueden parecer insignificantes, pero se acumulan. La mayoría se reducen a una elección personal entre placeres inmediatos y placeres duraderos. Al fin y al cabo, el peor hábito es perder de vista lo que de verdad te importa.

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