Con camisa de manga larga y vaqueros, conduciendo con destreza por las accidentadas carreteras secundarias del este de Ruanda en un todoterreno blanco de tracción a las cuatro ruedas, Dieudonne Twahirwa no se parece en nada al típico agricultor africano.
El propietario de Gashora Farm, de 30 años, sabe lo que supone esa diferencia.
“Necesitamos más modelos a seguir”, dijo, de pie entre hileras de plantas de chile que le llegan a la altura de la rodilla. “Si hay jóvenes agricultores, tienen tierra y llegan a la granja en coche; (otros) piensan: ‘¿Por qué no puedo hacer yo lo mismo?’”
Twahirwa, licenciado universitario, compró hace seis años la granja de tomates de un amigo por 150 dólares. En dos meses recuperó 1.500 dólares.
“Hay que vincular la agricultura con el emprendimiento y las cifras reales”, declaró a la Fundación Thomson Reuters.
Muchos jóvenes africanos abandonan las zonas rurales y optan por no trabajar en el campo, una labor que el cambio climático hace aún más dura.
Pero Twahirwa es uno de los cada vez más numerosos agricultores de éxito que trabajan para dar un aire renovado a la imagen de la agricultura en el continente.
Unos 1.000 agricultores producen chiles para él. Está poniendo en marcha una cuarta granja propia y exporta chiles frescos y secos, así como aceite, a Reino Unido, Estados Unidos, India y Kenia.
África tiene la población más joven del mundo y el 65 % de sus tierras cultivables sin explotar.
Sin embargo, el acceso a la tierra y a los préstamos es difícil, mientras que la productividad africana es baja, con rendimientos de los cultivos de solo el 56 % de la media internacional, según las Naciones Unidas.
“La agricultura se asocia principalmente con el sufrimiento y ningún joven quiere sufrir”, afirmó Tamara Kaunda, que ha aparcado su carrera como médica para desafiar esta tendencia.
Considera que la agricultura africana necesita una renovación para desprenderse de su anticuada imagen de trabajo agotador con azadón.
“Muestren a los jóvenes tractores, campos verdes, buenos sistemas de riego, teléfonos inteligentes”, dijo.
Pariente del primer presidente de Zambia, la mujer de 29 años, de habla rápida, dirige Billionaire Farmer Agric Solutions, que suministra plántulas de hortalizas en todo Zambia y en países vecinos.
Involucrar a los jóvenes en la agricultura no significa que tengan que trabajar en una granja, afirmó el nigeriano Olawale Rotimi Opeyemi, de 29 años, cuya empresa agroindustrial JR Farms Africa tiene proyectos en Nigeria, Costa de Marfil y Ruanda.
Por ejemplo, en la producción de café, los granos pasan de la granja a la estación de lavado y, después, se separan de la cáscara.
“Hay personas en la cadena de valor del café que solo construyen estaciones de lavado y las alquilan. Solo hay que encontrar un hueco en el que encajar”, dijo.
Métodos modernos
Intensificar el uso de equipos mecanizados y de nuevas tecnologías es otra forma clave de atraer a los jóvenes y, además, mejorará la productividad, según los expertos.
Hoy en día, según el Panel Malabo-Montpellier, un grupo de expertos internacionales en agricultura, entre el 50 y el 85 % de las labores agrícolas en África, como arar y sembrar, se realiza de forma manual.
Desde el mantenimiento de la maquinaria agrícola hasta el manejo de equipos de procesamiento, envasado y distribución, la mecanización “abriría muchas oportunidades de negocio para los jóvenes”, afirmó Ousmane Badiane, copresidente del panel y director para África del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias.
Modernizar la agricultura también podría ayudar a convertirla en una actividad de todo el año en lugar de estacional, afirmó Rouffahi Koabo, director general de CIPMEN, la primera incubadora de empresas de Níger.
“La gente necesita empleos no solo durante tres meses, sino... ingresos durante todo el año”, dijo.
El ruandés Felicien Mujyambere, de 35 años, estaba dispuesto a emigrar de su remota aldea del norte tras la muerte de su esposa y la caída de los ingresos familiares.
Pero en 2017 recibió una incubadora de pollitos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco de un proyecto que ofrece oportunidades de negocio a los jóvenes rurales.
Desde entonces, ha utilizado los beneficios de la venta de huevos y pollitos para comprar otra incubadora, además de poner en marcha una finca de plátanos y maíz y un negocio apícola.
Actualmente emplea a 10 personas y ha casi triplicado sus ingresos mensuales.
Eric Hakizimana, por su parte, soñaba con convertirse en funcionario, pero tras acabar el instituto, la falta de empleo lo llevó a inscribirse en el proyecto de la FAO.
Recibió unas 300 gallinas, un gallinero y una incubadora. A los 27 años, tiene tres veces más aves y está construyendo un nuevo gallinero.
La mayoría de los jóvenes de su aldea, en el este de Ruanda, se trasladan a la capital, o incluso a Kenia y Uganda, en busca de trabajo, afirmó.
“Pero ahora hay muchos que quieren hacer esto”, añadió.
Falta de liderazgo
No obstante, los jóvenes agricultores tienen dificultades para obtener préstamos.
Los tipos de interés son altos y pocos bancos están dispuestos a asumir el riesgo de prestarles dinero, afirmó Ruramiso Mashumba, presidenta del ala juvenil de la Unión de Agricultores de Zimbabue.
No es raro que los tipos de interés sean del 30 % o más, según contaron a la Fundación Thomson Reuters agricultores y empresarios.
“Aunque hayas tenido éxito... aun así no puedes obtener financiación para crecer”, dijo Mashumba, de 33 años.
Se necesita una financiación más flexible e innovadora, añadió. Su granja de 650 hectáreas, Mnandi Africa, produce semilla certificada de maíz, cultiva granos orgánicos autóctonos y forma a mujeres agricultoras.
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola intenta subsanar esta brecha de financiación con un nuevo fondo.
Mientras tanto, las presiones climáticas agravan los problemas de los agricultores, con periodos de sequía prolongados, lluvias irregulares e inundaciones que provocan pérdidas de cosechas y descensos en los rendimientos, problemas que, según predicen los científicos, empeorarán a medida que el planeta se caliente.
Yan Kwizera, emprendedor tecnológico ruandés, afirmó que se necesita más liderazgo político en la cúpula para que los agricultores no sientan que se enfrentan solos a los desafíos.
“¿Cuántos presidentes africanos conoces que sean propietarios de tierras y las cultiven?”, dijo. “Envían a sus hijos a estudiar banca de inversión, medicina, derecho o desarrollo internacional. Nadie se dedica a la agricultura.”

