Durban es una ciudad de dos caras. Los barrios marginales y los vendedores ambulantes contrastan marcadamente con las casas lujosas y los centros comerciales de los prósperos suburbios de la ciudad. En este contexto, líderes políticos y empresariales se reunirán en el Foro Económico Mundial sobre África para debatir cómo compartir entre todos los habitantes del continente los beneficios del crecimiento económico.
No se puede exagerar la importancia de combatir la desigualdad en África. La desigualdad socava el crecimiento y amenaza con revertir los avances logrados en la lucha contra la pobreza. Cuatro de los cinco países más desiguales del mundo están en África. En Sudáfrica, tres multimillonarios poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población, alrededor de 28 millones de personas. Décadas de crecimiento económico sin precedentes han dejado atrás a millones de africanos y, con demasiada frecuencia, las mujeres y los jóvenes están en el último peldaño.
Si quienes asistan al Foro Económico Mundial sobre África en los próximos días se toman realmente en serio lograr un crecimiento inclusivo, deben empezar a pensar más allá de lo económico. La desigualdad no se puede resolver con pequeños ajustes a nuestro modelo económico actual. Hace falta un cambio fundamental en la forma en que gestionamos nuestras economías y en favor de quiénes lo hacemos.

En vez de diseñar nuestras economías únicamente para maximizar el PIB, los líderes empresariales y políticos de África deben construir economías concebidas expresamente para acabar con la pobreza y la desigualdad. En lugar de presidir un sistema económico que favorece a las grandes empresas y a una élite adinerada, hay que establecer una economía más humana que satisfaga las necesidades de las mujeres y los jóvenes africanos.
El nuevo informe de Oxfam, «Empezar por las personas»,expone cómo pueden hacerlo los líderes africanos. El punto de partida son gobiernos que rinden cuentas ante sus ciudadanos. Gobiernos que priorizan los servicios públicos, así como los sectores económicos, las nuevas tecnologías y los sistemas tributarios que más benefician a la sociedad en su conjunto y, en particular, a quienes menos tienen.
Si las prioridades son acabar con la pobreza y la desigualdad, los gobiernos invertirían en actividades económicas que tengan el mayor impacto en la reducción de la pobreza.
Sostenibilidad
En la mayoría de los países de África, esto significaría apoyar la agricultura a pequeña escala. La agricultura es la principal fuente de ingresos para el 90 % de la población rural africana; sin embargo, solo 10 de los 44 países africanos han cumplido su promesa de destinar el 10 % de sus presupuestos nacionales a la agricultura.
Si las prioridades son acabar con la pobreza y la desigualdad, los gobiernos promoverían modelos empresariales que distribuyan de forma más justa los beneficios del éxito económico, en lugar de empresas que generan ganancias para accionistas adinerados sin importar el impacto en los trabajadores, el medio ambiente y la sociedad. Las estructuras empresariales alternativas, como las cooperativas y las empresas sociales, no son nuevas. Más de mil millones de personas en todo el mundo son miembros de cooperativas que generan más de 250 millones de puestos de trabajo.
Si las prioridades son acabar con la pobreza y la desigualdad, los gobiernos crearían sistemas tributarios que garanticen que las grandes empresas y las personas más ricas de la sociedad paguen la parte que les corresponde. Los países africanos pierden miles de millones cada año debido a la evasión fiscal de grandes empresas y personas adineradas. También pierden miles de millones más por incentivos fiscales excesivamente generosos, motivados por la creencia equivocada de que son la única manera de atraer inversión extranjera.
No se trata de una economía anclada en el pasado, sino de una que abraza el futuro para todos los africanos. Cuando hablo de agricultura a pequeña escala, no pienso en el campesinado, sino en comunidades rurales prósperas que producen alimentos, añaden valor mediante la transformación agroalimentaria local y satisfacen las necesidades de mercados urbanos en crecimiento.
Cuando hablo de nuevas estructuras empresariales, incluyo empresas que aprovechan las oportunidades de la Cuarta Revolución Industrial de una manera que comparte los beneficios de las nuevas tecnologías, en lugar de concentrarlos en manos de quienes poseen la tecnología.
Y cuando hablo de un papel destacado del gobierno, no me refiero a la política del hombre fuerte. Me refiero a democracias abiertas e inclusivas, con libertades para la sociedad civil.
Todo esto tiene que ver con formular políticas económicas sensatas y centradas en lo que importa. Esta semana, cuando los líderes gubernamentales y empresariales de África se reúnan en Durban, deben desechar las viejas convenciones económicas que están fallando a la población de nuestro continente y construir un nuevo sistema económico africano que funcione para todos.
Winnie Byanyima es copresidenta del Foro Económico Mundial sobre África 2017.

