Por qué la troika y Syriza deben eliminar juntos los obstáculos a la deuda de Grecia

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El 7 de abril, en Malta, los ministros de Finanzas de la zona del euro acordaron los elementos clave de un pacto que desbloquearía más ayuda financiera para Grecia en el marco del actual tercer rescate, de 86.000 millones de euros. El acuerdo «en principio» supuso un gran alivio, ya que Grecia no podrá hacer frente a los 7.400 millones de euros en pagos de deuda que vencen en julio sin financiación externa.

Pero el drama económico continúa. Grecia debe dar varios pasos más para evitar el impago.

En primer lugar, la troika de acreedores debe regresar a Atenas para finalizar la evaluación y presentarla a los ministros del Eurogrupo a más tardar en junio. Una vez acordadas las condiciones, Grecia debe legislar las medidas pactadas para garantizar que, sin contar la deuda pendiente, los ingresos fiscales superen el gasto en un 3,5% del PIB anual (lo que se conoce como superávit primario) al menos hasta 2020. El primer ministro Alexis Tsipras, líder del partido gobernante de izquierda radical Syriza, ha dicho que no sometería las medidas a votación en el parlamento sin un acuerdo sobre el alivio de la deuda. Los acreedores, por su parte, afirman que no se debatirá el alivio de la deuda antes de que se voten las medidas y se complete la evaluación.

Una vez alcanzado un acuerdo a nivel técnico, el FMI debe decidir si participará con financiación en el programa griego. Algunos acreedores de la zona del euro —en particular Alemania y los Países Bajos— han dejado claro que no aprobarán más ayuda para Grecia sin la participación del FMI. ¿El obstáculo? El FMI considera que la deuda griega es «muy insostenible», pues equivale al 180% del PIB, y ha dicho que solo presentaría un programa a su directorio ejecutivo si recibe «garantías satisfactorias de una estrategia creíble para restablecer la sostenibilidad de la deuda».

Los votantes alemanes controlan los fondos

Para que esto ocurra, los ministros del Eurogrupo deben decidir los objetivos fiscales que Grecia tendrá que cumplir a medio plazo, así como el alivio de la deuda que se proporcionará una vez concluido con éxito el programa en 2018.

Ambos aspectos están claramente vinculados: cualquier flexibilización del objetivo de superávit primario más allá de 2020, como exige el FMI, tendría que ir acompañada de un alivio de la deuda mayor para mantener sostenible la carga de la deuda. Con elecciones en Alemania previstas para septiembre y sus votantes opuestos a la idea de dar más margen a Grecia, las propuestas de alivio de la deuda que probablemente se acuerden serán las mínimas necesarias para mantener al FMI a bordo. Las decisiones finales podrían tomarse en el último momento si se retrasa el acuerdo a nivel técnico, si el parlamento griego no aprueba las medidas o si los acreedores europeos no logran ponerse de acuerdo sobre los parámetros del alivio de la deuda.

Los elementos principales del acuerdo alcanzado en Malta son los compromisos de reducir el gasto en pensiones en 2019 y ampliar la base tributaria mediante la reducción del umbral de exención fiscal en 2020. Se espera que cada una de estas medidas, que se legislarán en un futuro inmediato, mejore el saldo fiscal en un 1% del PIB. La reducción del umbral de exención fiscal se adelantaría a 2019 si Grecia no alcanza el objetivo de superávit primario del 3,5% del PIB en 2018. Para endulzar la píldora, los acreedores han acordado que Grecia adoptaría medidas para aumentar el gasto social y reducir los impuestos si supera los objetivos fiscales. Aun así, el paquete está muy lejos de la postura desafiante que mantenía el primer ministro Tsipras hasta finales de enero, cuando celebró dos años en el cargo proclamando el fin de la austeridad y descartando nuevas medidas fiscales.

Un baño de realidad para Tsipras

No es raro que Grecia busque un chivo expiatorio; los últimos son los sospechosos habituales: el FMI y el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble, que plantean «exigencias poco razonables», además de varios actores locales que supuestamente socavan al gobierno. Si Syriza ha aprendido algo desde que asumió el poder, es que formular políticas resulta mucho más difícil que oponerse a la agenda de otros. Las prolongadas negociaciones han ayudado a Tsipras a obtener el respaldo de su partido a la reforma de las pensiones y los impuestos, pero también han pasado factura a la economía, que volvió a caer en recesión en el último trimestre de 2016. La liquidez se agota mientras el gobierno acumula atrasos internos para cumplir los pagos de la deuda externa y los bancos griegos sufren grandes retiradas de depósitos. Es necesario cerrar pronto un acuerdo con los acreedores para ayudar a restablecer la confianza y reactivar el crecimiento.

Las reuniones de primavera del FMI en Washington, del 21 al 23 de abril, ofrecen la oportunidad de avanzar en la finalización de la lista de reformas que Grecia debe legislar para concluir la evaluación y cuantificar los parámetros de un acuerdo sobre la deuda que satisfaga a todas las partes. En un discurso pronunciado en Bruselas el 12 de abril, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, dijo: «Lo que he visto en las últimas semanas va en la dirección correcta. Apenas hemos recorrido la mitad de las conversaciones». Todas las partes tendrán que llegar a compromisos para alcanzar un acuerdo que probablemente no satisfaga plenamente a nadie. Pero el costo de no llegar a un acuerdo es demasiado alto para todos los implicados como para siquiera contemplarlo.

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