Los cambios en el panorama mundial actual obligan a los mercados emergentes a plantearse cómo forjar su propio futuro. Muchos países del mundo desarrollado han centrado sus esfuerzos y recursos en el ámbito interno como consecuencia de las difíciles condiciones económicas. Existe el peligro de que un alejamiento de los mercados emergentes perjudique la capacidad de la economía mundial para crecer en el futuro.
Esto es especialmente peligroso para África, dada su creciente integración en la economía mundial en los últimos años. Para mitigar este riesgo, África debe tomar medidas que le permitan asegurar su propia parte del crecimiento económico mundial. Además, nosotros mismos debemos poder sostener el crecimiento económico de África.

A menudo se pasa por alto la mayor oportunidad para hacer realidad el potencial de crecimiento de África, pese a que se encuentra en el propio continente: la capacidad de África para comerciar y hacer negocios consigo misma. Se necesita una estrategia orientada tanto hacia dentro como hacia fuera, cuyas dos vertientes actúen de forma coordinada: consolidar la posición de África en la economía mundial mediante la inversión extranjera y la mejora de los vínculos comerciales, e impulsar internamente la integración del comercio regional.
No es casualidad que el crecimiento reciente de África, simbolizado por la etiqueta «África en ascenso», se haya debido en parte al aumento de la inversión extranjera directa. Las mejoras en las políticas fiscales, la gobernanza y los marcos regulatorios, junto con la diversificación de las economías para reducir su dependencia tradicional de las materias primas, brindaron mayores oportunidades a los inversores extranjeros.
Para aprovechar esta base, África debe trabajar unida en su futuro compartido. El desarrollo de África debe sustentarse en una mayor integración regional y liberalización del comercio. Mientras el resto del mundo se vuelve cada vez más fragmentado y dispar, ha llegado el momento de que África encuentre formas de integrar mejor sus mercados fragmentados, que durante mucho tiempo han limitado el crecimiento y obstaculizado el comercio.
Las estadísticas del Banco Mundial sitúan el comercio intraafricano en apenas el 11 % del comercio total del continente entre 2007 y 2011. Según las cifras de la misma institución, en 2015 el comercio intraafricano apenas alcanzó los 170 millones de dólares, pese a que su potencial asciende a billones de dólares.
Para que todos puedan prosperar, cada gobierno debe trabajar en favor de una prioridad regional, si se pretende transformar las economías de África de manera que impulsen un crecimiento sostenible e inclusivo para todo el continente. Estos corredores comerciales regionales no pueden funcionar de forma aislada; deben poder ampliarse para mejorar la conectividad en todo el continente africano.

Este enfoque ha sido promovido por iniciativas como la Zona de Libre Comercio Continental de la Unión Africana (UNCTAD. Se calcula que la aplicación de la ZLCC casi duplicará el comercio intraafricano a principios de la próxima década.
Ya estamos viendo resultados positivos en algunos corredores comerciales regionales, como la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Comunidad de África Oriental (CAO). Pero, para que África sea más que la suma de sus partes, debemos aprender a trabajar juntos. Esto incluye armonizar las políticas de desarrollo y económicas, la regulación, la estructura del mercado y la gobernanza, así como su aplicación.
Toda iniciativa regional deberá ir acompañada de grandes inversiones en infraestructura transfronteriza. El Banco Africano de Desarrollo calcula que el continente tendría que destinar 40 000 millones de dólares adicionales al año a infraestructura para revertir sus déficits actuales y mantener el ritmo del crecimiento económico.
La creciente urbanización no hace sino presionar aún más una infraestructura ya insuficiente y poner de manifiesto la urgente necesidad de aumentar la inversión para elevar el nivel de vida de la población africana, que no deja de crecer. A la vez, el crecimiento demográfico de África podría favorecer la expansión del comercio regional. Una base de clientes de casi 1000 millones de personas ofrece oportunidades regionales y acceso a un mercado africano más amplio, siempre que los planes de desarrollo industrial del continente mejoren la capacidad productiva.
Si esperamos que el resto del mundo confíe en la historia de crecimiento de África, nosotros, como africanos, debemos demostrar nuestro propio compromiso. Un enfoque colaborativo del crecimiento de África, impulsado por el propio continente, lo convertirá en un competidor más sólido a escala mundial.
Sudáfrica ocupa una posición única, pues es miembro de varios foros multilaterales. Al asumir la presidencia de los BRICS en 2018 y ser el único miembro africano permanente del G20, tenemos la responsabilidad de defender la causa de África y su agenda, participando en el centro de las conversaciones con nuestros homólogos internacionales. Además, no se puede subestimar la importancia de África para nuestro propio futuro económico.
Podemos cosechar los frutos del enfoque coordinado de África para crecer. La trayectoria de Sudáfrica en los negocios internacionales la convierte en la puerta de entrada natural a África para el resto del mundo. Pero debemos adoptar una estrategia clara en nuestra relación con África para asegurarnos de formar también parte de la historia de crecimiento del continente. Sudáfrica debe seguir afianzando su papel en la promoción de cambios positivos para África, pues ahí reside nuestro propio éxito económico a largo plazo.

