China intensifica sus esfuerzos para proteger el medio ambiente. Así lo hace

Solar panels are seen at a solar power plant in Pingdingshan, Henan province, China June 7, 2018. Picture taken June 7, 2018. REUTERS/Stringer
China’s vast investment has made great strides towards improving the sustainability of rural people and nature.Image: REUTERS/Stringer
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No todos los días se oye una buena noticia sobre el medio ambiente en China. Sin embargo, una importante revisión publicada hoy en Natureha concluido que China ha logrado avances significativos en la lucha contra las catástrofes medioambientales del siglo pasado.

Nuestro equipo, integrado por 19 científicos de 16 instituciones australianas, chinas y estadounidenses, examinó los 16 principales programas de China diseñados para mejorar la sostenibilidad de su entorno rural y de sus habitantes.

Queríamos contar la historia de los avances de China para que otras naciones puedan aprender de su experiencia mientras trabajan para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Un esfuerzo monumental

A partir de 1998, China aumentó drásticamente su inversión en sostenibilidad rural. Hasta 2015, se invirtieron más de 350.000 millones de dólares estadounidenses en 16 programas de sostenibilidad, que abarcaron más de 620 millones de hectáreas (el 65 % de la superficie terrestre de China).

Este esfuerzo, aunque imperfecto, no tiene parangón en el mundo. Entre sus objetivos medioambientales estaban:

reducir la erosión, la sedimentación y las inundaciones en los ríos Yangtsé y Amarillo; conservar los bosques del noreste; mitigar la desertificación en el árido norte y el rocoso sur; reducir el impacto de las tormentas de polvo en Pekín, la capital;aumentar la productividad agrícola en el centro y el este de China.

Igual de importantes eran los objetivos socioeconómicos de reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico, especialmente en el oeste de China.

Los programas mejoraron los medios de vida al pagar a los agricultores para que aplicaran medidas de sostenibilidad en sus tierras. La provisión de viviendas y empleos no agrícolas en las pujantes ciudades chinas también aumentó los ingresos de los hogares y redujo la presión sobre la tierra.

El giro de China hacia la sostenibilidad a finales de la década de 1990 fue una respuesta de emergencia ante las deplorables condiciones de la población rural y del medio ambiente.

China lleva más de 8.000 años cultivando la tierra, pero a mediados del siglo XX, el efecto acumulado de las prácticas agrícolas ineficientes e insostenibles y la sobreexplotación de los recursos naturales provocó pobreza generalizada y degradación medioambiental.

Se sucedieron inundaciones, sequías y otras catástrofes, entre ellas la Gran Hambruna China de 1959-61, que causó entre 20 y 45 millones de muertes.

Tras las reformas económicas de 1978, se establecieron seis programas de sostenibilidad, pero la inversión fue modesta y las condiciones siguieron deteriorándose. En la década de 1990, la cobertura de bosques naturales era inferior al 10 % y se erosionaban alrededor de 5.000 millones de toneladas de suelo al año, lo que provocaba graves problemas de calidad del agua y sedimentación.

En la meseta de Loes, las zonas más afectadas perdían 100 toneladas de suelo por hectárea al año debido a la erosión, y el río Amarillo, que la atraviesa, tenía el dudoso honor de ser el curso de agua más turbio del mundo.

Los suelos agrícolas estaban agotados y la productividad había caído, los pastizales sufrían sobrepastoreo, y más de una cuarta parte de China estaba desertificada.

A finales de la década de 1990, China sufrió una serie de desastres naturales que, según se cree ampliamente, fueron causados por una gestión insostenible de la tierra. Entre ellos figuraban la sequía del río Amarillo de 1997, las inundaciones del río Yangtsé de 1998 y las intensas tormentas de polvo que azotaron repetidamente Pekín en 2000.

Esta emergencia de sostenibilidad desencadenó una gran aceleración de la inversión después de 1998, incluido el lanzamiento de 11 nuevos programas. La cartera incluía programas emblemáticos como el Programa de Conversión de Tierras de Cultivo en Bosques, el Programa de Conservación de Bosques Naturales y el Programa de Cortinas Forestales de los Tres Nortes, cuyo objetivo era frenar y revertir la desertificación mediante la plantación de una Gran Muralla Verde de 4.500 km.

Los resultados

Tras 20 años, los resultados de estos programas han sido abrumadoramente positivos. La deforestación ha disminuido y la cobertura forestal ha superado el 22 %. Los pastizales se han extendido y regenerado. Las tendencias de desertificación se han revertido en muchas zonas y, aunque el cambio climático ha sido el principal motor, los esfuerzos de restauración han contribuido.

La erosión del suelo ha disminuido considerablemente y la calidad del agua y la sedimentación de los ríos han mejorado notablemente. La carga de sedimentos del río Amarillo ha caído un 90 %, y la del Yangtsé no se queda muy atrás. La productividad agrícola ha aumentado gracias a las mejoras de eficiencia y los avances tecnológicos. En general, los hogares rurales están en mejor situación y el hambre prácticamente ha desaparecido.

Dicho esto, también ha habido consecuencias imprevistas importantes. La forestación —es decir, plantar árboles donde nunca crecieron— ha agotado los recursos hídricos y ha provocado altos índices de fracaso de las plantaciones.

En las zonas más degradadas, se ha producido una importante alteración cultural debido a la migración de comunidades enteras a entornos menos sensibles. Se podría hacer más para conservar la biodiversidad, en particular dando prioridad a la restauración y regeneración de bosques naturales diversos frente a las plantaciones de una sola especie.

La evaluación precisa de los efectos de los programas de sostenibilidad de China se ve dificultada por otros factores, como la política del hijo único y el sistema de responsabilidad familiar, la urbanización y el desarrollo, y el cambio medioambiental. Ahora se necesitan evaluaciones detalladas y exhaustivas para separar la influencia de estos factores.

Lecciones de la experiencia de China

Aunque el contexto de la trayectoria de China hacia la sostenibilidad es único, otros países pueden aprender de su experiencia. Las naciones deben comprometerse con la sostenibilidad como una inversión pública a largo plazo y a gran escala, al igual que la educación, la salud, la defensa y las infraestructuras.

No queremos fingir que China sea un modelo mundial de sostenibilidad. La nación más poblada del mundo sigue padeciendo una grave contaminación del aire, el agua y los suelos, expansión urbana, la desaparición de los humedales costeros y el comercio ilegal de fauna silvestre.

Mientras China limpia su medio ambiente, debe tener mucho cuidado de no limitarse a trasladar los problemas al extranjero.

Pero, para reconocer lo que merece reconocimiento, la enorme inversión de China ha permitido lograr grandes avances en la mejora de la sostenibilidad de las comunidades rurales y la naturaleza.

La trayectoria de China hacia la sostenibilidad está claramente trazada en el XIII Plan Quinquenal donde se expone el sueño chino del presidente Xi de una civilización ecológica y una «China hermosa».

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