Lecciones sobre la desigualdad hídrica en la cuenca etíope del Tana

While global action lags, communities like those in the Tana watershed, Ethiopia are working tirelessly to address their water challenges locally.
While global action lags, communities like those in the Tana watershed, Ethiopia are working tirelessly to address their water challenges locally.Image: Pexels/Safari Consoler
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  • El lago Tana, fuente del Nilo Azul, sufre una escasez de agua cada vez mayor debido al cambio climático y a las prácticas locales.

  • Los agricultores locales tienen dificultades ante los patrones irregulares de lluvia y el embalse que se está secando, lo que afecta sus medios de vida.

  • La idea del agua como «bien común global» pone de relieve la desconexión entre el origen de los problemas y quienes más los padecen.

El lago Tana es inmenso. Desde una orilla demasiado distante para verla, las olas recorren el lago y llevan aire cálido y húmedo a la ciudad de Bahir Dar, en el noroeste de Etiopía. Más tierra adentro, las comunidades agrícolas riegan sus cultivos —trigo, maíz, patatas y cebollas— con agua de un embalse que se llena rápidamente de limo. En las tierras altas, la tierra está surcada por profundas grietas y los pozos de los hogares se secan.

Incluso aquí, en las cabeceras del Nilo Azul, un lugar históricamente conocido por la abundancia de agua, la escasez hídrica va en aumento. En todo este paisaje de la cuenca del Tana, las familias agricultoras se preguntan cuándo llegarán las lluvias este año. Están viviendo de primera mano los efectos de un clima cambiante: un ciclo del agua desfasado respecto de siglos de tradición agrícola.

Yezina Alemneh es una de las muchas agricultoras que se enfrentan a la escasez de agua en la cuenca etíope del Tana.Image: Nubia Media & Communications

La señora Yezina Alemneh* cuida de su hijo pequeño y del ganado de la familia en una zona del Tana donde los pozos y manantiales se están secando. Se une a otras mujeres y niños para caminar largas distancias y esperar en largas filas para recoger agua, lo que a veces le cuesta varias horas del día.

«Ahora que he terminado mis estudios, puedo esperar en la fila para conseguir agua», dijo. «Pero los estudiantes... no pueden llegar a tiempo a la escuela».

Como ocurre en otros lugares, las causas de la inseguridad hídrica en la cuenca del Tana son complejas y se deben, en parte, a condiciones locales como el crecimiento de la población, la expansión de la economía, una gobernanza del agua inadecuada y la inversión insuficiente en infraestructuras como pozos y sistemas de saneamiento. Pero también hay factores de mayor alcance, que escapan por completo al control de las comunidades agrícolas del Tana.

Su historia deja al descubierto una de las desigualdades fundamentales en la gestión del agua: aunque los problemas hídricos se sienten con mayor intensidad a nivel local, sus causas son cada vez más globales.

El agua forma parte de los bienes comunes globales, pero no se trata como tal

Por lo general, el agua se considera un bien común local y los problemas hídricos, una cuestión local; tanto es así que «el agua es local» es un axioma que se oye a menudo entre los expertos en agua. Esta percepción dominante influye en la gestión del agua. La responsabilidad de la seguridad hídrica local recae en gran medida sobre las instituciones locales, como los ministerios nacionales, las empresas municipales de suministro de agua o las organizaciones comunitarias.

Sin duda, los factores y la gestión locales son fundamentales: la gestión del agua debe reflejar el contexto local, como la geología, el clima, la economía y los valores culturales de un lugar. Pero también está surgiendo un nuevo paradigma emergente: uno que concibe el agua no solo como un recurso que debe gestionarse localmente, sino como una parte fundamental de los «bienes comunes globales».

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2023 —la primera conferencia internacional de este tipo en casi 50 años—, Csaba Kőrösi, presidente de la Asamblea General de la ONU, describió el ciclo del agua como un bien común globalque trasciende culturas y fronteras. La idea aún está lejos de generar consenso —ya que todo aquello que se considere parte de los bienes comunes globales podría suscitar preguntas sobre soberanía y rendición de cuentas—, pero aun así surgió de las deliberaciones como un tema central.

Pero, ¿cómo formaparte el agua de los bienes comunes globales? La palabra «agua» suele evocar escenas locales: el grifo que suministra agua potable o las lluvias que arrastran contaminantes hacia lagos y arroyos cercanos. Es más difícil ver de qué manera el agua constituye un desafío para los bienes comunes globales.

Las cataratas Tis Abay de Etiopía, también conocidas como las cataratas del Nilo Azul. Incluso aquí, en las cabeceras del Nilo Azul, un lugar históricamente conocido por la abundancia de agua, los miembros de la comunidad luchan contra las lluvias irregulares y la escasez de agua.Image: Nubia Media & Communications

Las fuerzas globales impulsan cada vez más los problemas hídricos locales

El cambio climático es un desafío para los bienes comunes globales, con consecuencias nefastaspara la seguridad hídrica en todo el mundo. Muchas de las personas más vulnerables del mundo contribuyeron en menor medidaa su existencia. Las emisiones de gases de efecto invernadero, que contaminan y calientan nuestra atmósfera compartida, están alterando el ciclo del agua en sí.

El vapor de agua en la atmósfera aumenta con cada grado de calentamiento global, amplificando el calentamiento causado por los gases de efecto invernadero e intensificando las tormentas, inundaciones y sequías. La intensidad de las inundaciones extremas y las sequías ya ha aumentado drásticamenteen los últimos 20 años. Las sequíasque antes se producían una vez cada 10 años ahora tienen una probabilidad 1,7 veces mayor que antes de que los seres humanos influyeran intensamente en el clima. Cada vez se reconoce más el agua como una prioridad en la lucha contra el cambio climático, pero los esfuerzos de mitigación del cambio climático y adaptación a él están muy lejos de cumplir sus objetivos.

Las emisiones de gases de efecto invernadero no son la única fuerza de los bienes comunes globales que afecta a la seguridad hídrica local. Tampoco son la única fuerza que modifica el clima.

Desde la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, hace casi 50 años, la población mundial casi se ha duplicado, el PIB mundial se ha quintuplicado y el creciente apetito del mundo por los recursos y el espacio ha dejado su huella en el paisaje. Estamos presenciando una pérdida generalizada de bosques, humedalesy otros ecosistemas naturales, y con ellos, de fauna y biodiversidad. Las ciudadesy las tierras agrícolasse extienden cada vez más. Los expertos alertan cada vez más sobre el impacto que los cambios en el paisaje y la pérdida de ecosistemas tienen en el clima, a escalas que van de lo local a lo global, incluidos los patrones de precipitación, como el impacto de la deforestación en las lluviastanto a nivel local como en las zonas a sotavento. En la Amazonía, un estudio estimó que las precipitaciones en la región podrían disminuir un 8 %de aquí a 2050 si continúan las tasas actuales de deforestación. Esta degradación de lo que el escritor Rob Lewis llama el «clima vivo» está cada vez más entrelazada con el cambio climático impulsado por las emisiones, pero con demasiada frecuencia queda fueradel relato sobre el clima.

Y hay otra dimensión del agua en los bienes comunes globales: el agua que se utiliza para producir alimentos y bienes (también conocida como «agua virtual») y que circula por todo el mundo a través del comercio internacional. En teoría, el comercio podría favorecer la seguridad hídrica local, al permitir que los países con estrés hídricoimporten bienes que requieren mucha agua. Pero en alrededor del 39 % de los casos, el agua virtual circula por rutas injustas: desde regiones donde la población ya vive con menos agua y menos ingresos hacia regiones donde dispone de más. De hecho, el 50 % del agua virtual importada por los países de ingresos altos procede de lugares con una grave escasez de agua. Se prevé que el comercio de agua virtual se tripliqueantes de que termine el siglo.

Esta distorsión del ciclo del agua también está entrelazada con las crisis climática y ecológica: agota y contamina los flujos de agua de los que dependen los ecosistemas y las personas, y crea un círculo de retroalimentación que aumenta la fragilidad y la vulnerabilidad. Las crisis hídricas locales también pueden extenderse en forma de interrupciones en las cadenas de suministro, desplazamientos, migración y conflictos, lo que pone de relieve y, a la vez, socava el papel del agua como base esencial de la agenda mundial de desarrollo sostenible y de los desafíos globales interdependientes.

En cada uno de estos ejemplos de sistemas globales vinculados a la seguridad hídrica local —el cambio climático global, la degradación del clima vivo y el comercio, con demasiada frecuencia explotador, de bienes que requieren mucha agua— hay un elemento común: el origen de los desafíos hídricos globales no solo está fuera de la jurisdicción, sino también fuera del propio sector del agua: en nuestros sistemas alimentarios y energéticos, en el desarrollo urbano y la gestión rural del suelo, y en los sistemas de comercio y finanzas. Los efectos sobre el agua suelen ser una externalidad, propia de sistemas económicos extractivos que no están en sintonía con los sistemas vitales del planeta.

Agricultores cuidan de su rebaño de ovejas. Muchas personas del noroeste de Etiopía crían ganado vacuno, ovejas y cabras como parte de sus medios de vida.Image: Nubia Media & Communications

Cada una de estas fuerzas extranacionales escapa por completo al control de los habitantes de la cuenca del Tana, pero aun así les afecta profundamente. Se ven afectados cuando la deforestación a 3.000 kilómetros de distancia, en la cuenca del río Congo, reduce las lluvias en su comunidad. Se ven afectados cuando el Gobierno pide a los pequeños agricultores vinculados a un gran embalse que cultiven trigo, un cultivo que requiere mucha agua, no porque vaya a mejorar sus ingresos en comparación con los tomates o las cebollas que cultivaban (no lo hará), sino porque ayudará a reducir el déficit comercial del país. Y se ven afectados cuando los esfuerzos mundiales para mitigar el cambio climático siguen muy lejos de cumplir sus objetivos.

Superar la tragedia de los bienes comunes globales

La señora Birkie Tsega dirige la oficina agrícola del distrito de Farta, que abarca las cabeceras orientales de la cuenca del Tana y alberga a casi 200.000 personas. Al haber crecido en esta zona, ha sido testigo del impacto del cambio climático en los agricultores y de los cambios en los patrones de lluvia: llueve cuando los campos deberían estar secos y no llueve cuando, históricamente, se esperaba que lo hiciera.

Birkie Tsega dirige la oficina agrícola de la parte oriental de la cuenca del Tana. A menudo oye a agricultores hablar de las dificultades que afrontan ante los cambios en los patrones de precipitación.Image: Nubia Media & Communications

«En estos momentos, los agricultores desconfían de la lluvia», dijo Birkie. «No es constante. Los agricultores han perdido el ritmo de su calendario habitual. Según nuestro clima, las patatas se plantan alrededor de mayo. Ahora, la patata que se plantó ni siquiera creció. Se perdió por completo la semilla de patata, que se había comprado a un precio elevado».

Ato Habtamu Tamir, director de gestión de recursos hídricos de la Oficina de Administración de la Cuenca del Abbay, supervisa las iniciativas de gestión de recursos hídricos en la cuenca del Tana y en toda la cuenca del Abbay (Nilo Azul).

«El cambio climático lo causan los países desarrollados, no nosotros», dijo Ato Habtamu. «Ellos deben asumir la responsabilidad. La gente sufre por cosas que no hizo ni a las que contribuyó».

Una agricultora cuida de sus cultivos.Image: Nubia Media & Communications

Pero mientras la acción mundial se demora, las comunidades como las de la cuenca del Tana están trabajando sin descansopara abordar sus problemas hídricos a nivel local.

En una zona de la cuenca del Tana conocida como Minzir 01, los miembros de la comunidad intentan reponer las aguas subterráneas y los arroyos revirtiendo la degradación del suelo, restaurando las tierras comunales mediante la plantación de árboles y otras iniciativas de conservación del suelo y el agua. Solo en los últimos dos años plantaron más de 100.000 árboles.

Yezina es una de las integrantes del comité que coordina la iniciativa comunitaria. «El objetivo principal es recuperar las tierras dañadas sujetándolas con las raíces de los árboles», explicó. «La tierra se está erosionando y estamos perdiendo las aguas subterráneas que usamos actualmente. La escasez de agua se está volviendo insoportable».

«Hoy cavamos para tener un mañana mejor», añadió Yezina.

Cavar hoy para tener un mañana mejor

El camino a seguir para proteger el agua como parte de los bienes comunes globales está menos claro. A diferencia del acuerdo internacional Acuerdo de París sobre el cambio climáticoo del acuerdo de Kunming-Montrealpara proteger la biodiversidad, no existe un tratado internacional único que regule el agua como bien común global. Tampoco bastaría una única solución multilateral.

Comprender el desafío de los bienes comunes globales del agua es una tarea abrumadora por su complejidad, e imaginar vías para avanzar lo parece aún más. Pero quizá detrás de esta complejidad haya una historia sencilla: necesitamos alternativas para alcanzar el bienestar y la prosperidad sin socavar los sistemas de agua dulce de los que dependemos.

La cuestión no es solo cómo reducir el daño a los sistemas de agua dulce y los riesgos hídricos para las personas, sino también cómo establecer una relación adecuadacon el agua y entre nosotros. Esto requiere cultivar un nuevo sentido de responsabilidad compartida por los bienes comunes del agua, más allá de la cuenca y del propio sector hídrico: desde los sistemas alimentarios y energéticos hasta el diseño de las ciudades y la protección de la naturaleza, pasando por el comercio y los sistemas financieros, e incluso la medición y gestión de la salud económica. Allí donde hemos perdido la sintonía, ¿cómo podemos revertir las relaciones insostenibles e injustas, pasando de lo extractivo a lo regenerativo y de lo explotador a lo justo?

La próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua podría ser un momento clave para impulsar este cambio. Así como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2023fue un momento decisivo para el surgimiento de la idea del agua como bien común global, la próxima conferencia de la ONU sobre el agua, prevista para 2026, debe fortalecer el consenso en torno a esta idea y ayudar a traducirla en soluciones multilaterales nuevas y mejores.

Esas soluciones deberían centrarse en impulsar relaciones más regenerativas y justas con el agua y a través de ella, más allá de las fronteras y los ámbitos aislados. Podrían incluir iniciativas como las «Alianzas por un Agua Justa», los canjes de deuda por naturalezau otras iniciativas que ayuden a los países en desarrollo a canalizar la financiación de formas que contribuyan tanto a sus objetivos nacionales de desarrollo como al bien común global; innovaciones en el comerciomultilateral que creen oportunidades económicas y reduzcan las interrupciones del suministro sin explotar el agua ni otras reservas de capital natural; y dar mayor relevancia al agua y al «clima vivo» en la agenda de acción climática, por ejemplo, mediante políticas climáticas nacionales (NDC) y financiación.

La inseguridad hídrica dista mucho de ser la única crisis que preocupa profundamente a los líderes de todo el mundo. Pero observar el mundo desde la perspectiva del agua aporta algo singular y vital a este momento de desafíos globales interdependientes.

Los miembros de la comunidad de la zona de Minzir 01 trabajan para restaurar paisajes degradados mediante estrategias de conservación del suelo y el agua, como las terrazas y las pequeñas presas de retención que se muestran aquí.Image: Nubia Media & Communications

Mientras tanto, en la cuenca del Tana siguen adelante las iniciativas locales para mejorar la seguridad hídrica, el bienestar y los medios de vida de la comunidad. Birkie y su equipo siguen ayudando a los agricultores a hacer frente a las lluvias impredecibles. La oficina de Habtamu trabaja para aplicar políticas hídricas que hagan la cuenca más sostenible y resiliente. Yezina, junto con otros miembros de la comunidad, participa en las iniciativas de restauración del suelo con la esperanza de recuperar los manantiales y arroyos.

El desafío del agua es inmenso. Las comunidades locales no pueden ni deberían tener que resolverlo por sí solas. ¿Tomaremos nuestras palas y, en palabras de Yezina, «Cavaremos para tener un mañana mejor»?

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