Tres formas de limpiar el transporte en Europa

Drivers sit in traffic during morning rush hour as they enter Madrid on highway A-6 February 8, 2011. Madrid's mayor Alberto Ruiz Gallardon has asked Madrid's population to leave their vehicles at home and use public transportation due to high levels of pollution in the city. REUTERS/Susana Vera (SPAIN - Tags: ENVIRONMENT TRANSPORT)
Electric vehicles currently only make up 0.2% of the EU's car total.Image: REUTERS/Susana Vera
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El transporte es el único sector en el que las emisiones de CO2 de Europa son ahora superiores a las de 1990, y se está convirtiendo en un obstáculo importante para que la UE cumpla sus objetivos de descarbonización, establecidos en el Acuerdo de París. El autor recomienda una estrategia de tres frentes para limpiar el sector: prohibir los vehículos diésel y de gasolina, reformar los impuestos al transporte y centrarse en tecnologías en fase inicial.

En la última década, las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea han disminuido considerablemente en todos los sectores de la economía, excepto en el transporte, que ha registrado un aumento del 20%. Como la UE se ha comprometido a reducir aún más las emisiones en virtud del Acuerdo de París, el transporte se ha convertido en un obstáculo clave para la descarbonización.

Pese a la caída de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, el sector del transporte sigue siendo el mayor responsable.Image: Eurostat

Se necesitan políticas más ambiciosas para reformar este sector. Debe prestarse especial atención a la descarbonización del transporte por carretera, ya que es responsable de más del 70% de las emisiones totales del transporte. Descarbonizar el transporte por carretera también será decisivo para mejorar la calidad del aire en las ciudades, un desafío fundamental para la salud pública en Europa. La contaminación atmosférica causa más de 400.000 muertes prematuras cada año en Europa, y la contaminación procedente del transporte por carretera contribuye de forma importante a este problema.

Hasta ahora, las políticas nacionales y de la UE no han logrado limpiar el transporte por carretera. Descarbonizar el sector es, en efecto, un reto, pues exige impulsar la innovación tecnológica y el despliegue de vehículos limpios. Hoy, los vehículos eléctricos representan solo el 0,2% del parque automovilístico total de la UE. Mientras tanto, los responsables de formular políticas deben encontrar formas de reducir la demanda de transporte, lo que exige cambiar los hábitos cotidianos de las personas.

La UE tiene potencial para fomentar la innovación en tecnologías de transporte con bajas emisiones de carbono y promover una reducción de la demanda de transporte. Para hacerlo, debe reorientar sus políticas de transporte mediante la adopción de una nueva estrategia de transporte por carretera para después de 2020, estructurada en torno a tres pilares clave.

En primer lugar, la UE debe alentar a sus países y ciudades a adoptar planes para prohibir los vehículos diésel y de gasolina. En 2017, Francia y el Reino Unido anunciaron planes para prohibir la venta de automóviles y furgonetas diésel y de gasolina para 2040; no hay razón para que la UE no pueda comprometerse con un calendario similar de eliminación gradual. Impulsados por el compromiso político de reducir la contaminación atmosférica, estos planes pueden enviar una señal clara a la industria automovilística de la UE y animarla a innovar y convertirse en un actor mundial en vehículos limpios. De París a Copenhague, y de Madrid a Atenas, las ciudades también empiezan a avanzar en esta dirección. Cuantos más países y ciudades de la UE asuman estos compromisos, más clara será para la industria automovilística la señal de que debe invertir más en el desarrollo de vehículos limpios.

La UE puede incentivar la adopción de estos planes creando un Fondo de la UE para el Transporte Limpio que proporcione apoyo financiero a los países y ciudades comprometidos con la eliminación gradual de los vehículos diésel y de gasolina. Este fondo debería permitir a las ciudades solicitar financiación de la UE para respaldar medidas como el despliegue de infraestructura para combustibles alternativos, el uso de autobuses públicos sin emisiones de carbono, el desarrollo de soluciones de coche compartido y uso compartido del automóvil para reducir la propiedad de coches, o la promoción de modos de transporte más sostenibles, como la bicicleta. Este fondo podría crearse aprovechando mejor los recursos financieros existentes de la UE destinados al transporte (unos 100.000 millones de euros para el período 2014-2020).

Además de eliminar gradualmente los vehículos diésel y de gasolina, la UE debe impulsar una reflexión en todo el continente sobre el futuro de los impuestos al transporte. La fiscalidad es un instrumento político clave, el segundo pilar estratégico para apoyar la descarbonización del transporte por carretera. Los impuestos pueden servir para influir en las decisiones de la ciudadanía, pero también podrían influir en las estrategias de la industria automovilística. Por ejemplo, para promover el despliegue de vehículos limpios, los impuestos podrían diferenciarse en función de las emisiones de carbono de los vehículos, o simplemente permitir deducciones.

Los países europeos siguen teniendo regímenes fiscales muy distintos para el transporte. Dada la importancia de este instrumento político para lograr la descarbonización, la UE debería promover un nuevo debate entre los países de la UE sobre el futuro de los impuestos al transporte, como ya se está haciendo en el ámbito de la fiscalidad digital.

A más largo plazo, la UE debería procurar proporcionar financiación más focalizada y significativa para la investigación y la innovación en su sector del transporte. La asignación cuidadosa de estos fondos constituye el tercer pilar vital para impulsar la descarbonización. La UE debería centrarse en ámbitos en los que realmente pueda ejercer influencia, y la financiación debería orientarse a misiones o dirigirse a resolver problemas específicos.

La UE debería centrar su financiación para la investigación y la innovación relacionadas con el transporte después de 2020 en tecnologías en fase inicial, como el hidrógeno o las baterías de estado sólido. Esta sería la forma más sensata de invertir los limitados recursos disponibles (equivalentes al 0,2% de la inversión total de la industria automovilística europea en investigación e innovación) en ámbitos que, de otro modo, quizá no recibirían financiación privada suficiente.

Limpiar el transporte por carretera es un requisito fundamental para descarbonizar la economía europea, mejorar la calidad del aire y, de manera indirecta, asegurar un futuro sostenible para la industria automovilística europea. Dado que la ambición a nivel nacional sigue siendo limitada, Europa se beneficiaría enormemente de una acción más firme de la UE en materia de transporte por carretera.

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