El surgimiento de China como potencia económica y política en la última década ha causado revuelo en el océano de la geoeconomía y la geopolítica, especialmente con la “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (BRI, por sus siglas en inglés), un ambicioso proyecto reciente de infraestructuras a lo largo de las antiguas rutas terrestres y marítimas de la Ruta de la Seda. A través de la BRI, China pretende fortalecer los vínculos entre Asia, Europa y África, y promover el comercio transfronterizo, la integración económica y el crecimiento inclusivo.
Si bien la BRI suele considerarse una oportunidad para subsanar la brecha de infraestructuras e impulsar el crecimiento económico, no está exenta de controversia. China es el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, responsable del 30 % de las emisiones mundiales de carbono. Dispone de un gran exceso de capacidad industrial, parte de la cual es contaminante y de alta intensidad energética. Mientras tanto, algunos proyectos con inversiones chinas en la región de la Franja y la Ruta se han expuesto a riesgos ambientales y han suscitado preocupación en los medios internacionales y en las ONG.
Por otra parte, China también ha sido líder en inversión en energías renovables, que representa el 36 %, el 40 % y el 36 % de la inversión total mundial en energía hidroeléctrica, eólica y solar, respectivamente. Asimismo, prevé invertir 360 000 millones de dólares adicionales en energías renovables entre 2017 y 2020. China está avanzando a pasos agigantados en innovación tecnológica, al destinar 408 800 millones de dólares a investigación y desarrollo en 2015, superando a la Unión Europea y acercándose a Estados Unidos.

China ha desempeñado un papel muy constructivo en la lucha contra el cambio climático desde que Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París, y sus empresas están asumiendo cada vez más el liderazgo en el desarrollo de energías renovables en el extranjero, con una inversión de 32 000 millones de dólares, más que cualquier otro país. Un ejemplo de la actividad de inversión extranjera directa del país son los parques eólicos de 244 megavatios que China Energy Investment Corporation está construyendo en Sudáfrica. En 2016, China puso en marcha el Grupo de Estudio sobre Financiación Verde del G20, que facilitó un consenso mundial sobre el desarrollo de la financiación verde.
Con billones de dólares previstos para la inversión en infraestructuras en la BRI y con China esforzándose al máximo por integrar su enorme mercado con esos países, cabe preguntarse cómo podemos convertirla en una oportunidad para la transformación ecológica de la región.
Ante la presión y las críticas internacionales, el Gobierno chino es plenamente consciente de la necesidad imperiosa de “ecologizar” la BRI, lo que se puso de manifiesto con la publicación de dos directrices gubernamentales en mayo de 2017: El Plan de Cooperación Ecológica y Medioambiental de la Franja y la Ruta y Orientaciones para promover una Franja y una Ruta Verdes.
China también ha adoptado medidas para aplicar estas directrices. Una de ellas es la Coalición Internacional para el Desarrollo Ecológico en la Franja y la Ruta, una plataforma multipartita convocada por el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente. Esta plataforma está abierta a organizaciones multilaterales, departamentos gubernamentales, empresas y grupos de reflexión de todo el mundo, y tiene como misión compartir buenas prácticas y ofrecer soluciones políticas para el desarrollo sostenible.
Otra iniciativa son los Principios de Inversión Verde para la Franja y la Ruta, un conjunto de directrices voluntarias que actualmente elabora un consorcio de organizaciones de vocación global dirigido por el Comité de Finanzas Verdes de la China Society for Finance and Banking y por la Iniciativa de Finanzas Verdes de la City de Londres.
Para garantizar que la protección del medio ambiente, la resiliencia climática y la inclusión social se integren en los nuevos proyectos de inversión y en las operaciones empresariales cotidianas de la región de la Franja y la Ruta, es necesario que se cumpla lo siguiente:
En primer lugar, China debería considerar la adopción de medidas obligatorias para reforzar la responsabilidad social de las empresas chinas. En los últimos años, diversos departamentos gubernamentales chinos y asociaciones sectoriales han emitido directrices voluntarias para la inversión extranjera responsable. Para mejorar la eficacia de estas directrices, debemos dotarlas de carácter vinculante. Se necesitan algunos requisitos obligatorios para la inversión responsable en el extranjero. Por ejemplo, el Ministerio de Comercio puede considerar incluir una evaluación completa del impacto ambiental como parte de su requisito de aprobación de los proyectos de inversión en el extranjero.
En segundo lugar, la “ecologización” de la inversión y de las operaciones empresariales en la Franja y la Ruta solo se logrará mediante esfuerzos conjuntos de inversores y receptores. Por tanto, los países anfitriones deben crear un entorno propicio y estable para la inversión verde. Esto exige que los países de la Franja y la Ruta “ecologicen” sus sistemas fiscales, normativos y financieros, lo que incluye introducir políticas medioambientales más estrictas y mejorar su aplicación, hacer que las políticas fiscales y tributarias sean favorables a las empresas verdes, desarrollar directrices y productos de financiación verde, y fomentar la contabilidad de todo el ciclo de vida en la cadena de suministro.
En tercer lugar, en la base de todo lo anterior está la capacidad de diseñar sistemas y desarrollar instrumentos en los departamentos gubernamentales, las instituciones financieras y las empresas. Se necesitan esfuerzos multilaterales para apoyar el desarrollo de plataformas que permitan compartir conocimientos y experiencias en materia de inversión verde. Un buen ejemplo de este tipo de plataforma de desarrollo de capacidades es el Programa de Liderazgo Global en Financiación Verde, organizado por el Centro de Finanzas y Desarrollo de la Universidad de Tsinghua, la Red Bancaria Sostenible (SBN), respaldada por la CFI, y el Consejo Chino para la Cooperación Internacional en Medio Ambiente y Desarrollo (CCICED). En su acto de lanzamiento, en mayo de 2018, más de 120 reguladores gubernamentales y directivos financieros de 35 países de la Franja y la Ruta participaron en una semana de talleres de intercambio de conocimientos en China.
Si hacemos bien lo anterior, creemos que la BRI será una solución en la que todos ganan para el desarrollo y la sostenibilidad, y que China y otros países inversores podrían hacer una gran contribución a la transición ecológica hacia la sostenibilidad en los países de la antigua Ruta de la Seda.

