Un estudio reciente ha aportado nuevas pruebas que relacionan la exposición a la contaminación atmosférica con un mayor riesgo de desarrollar autismo.
El estudio de niños en Shanghái halló que la exposición a la contaminación por partículas finas, o PM2.5, se correlacionaba con un aumento del 78 % en los diagnósticos de trastorno del espectro autista (TEA). Las pruebas del estudio reciente, que hizo un seguimiento de los niños durante un período de nueve años, respaldan los hallazgos de investigaciones anteriores.
Un estudio de 2014 realizado con 116.430 embarazadas en Estados Unidos concluyó que una mayor exposición a PM2.5 durante el tercer trimestre duplicaba el riesgo de que sus hijos desarrollaran TEA.
Ambos estudios se suman a un conjunto cada vez mayor de pruebas que relacionan la inhalación de contaminación por partículas finas con una amplia variedad de problemas de salud, entre ellos cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, cáncer de pulmón e infecciones respiratorias agudas.
La Organización Mundial de la Salud estima que la contaminación atmosférica está relacionada con 7 millones de muertes prematuras cada año.
Las PM2.5, que tienen un diámetro inferior a 2,5 micrómetros y suelen encontrarse en los gases de combustión industriales, los gases de escape de los vehículos y los humos de la quema de carbón, están presentes en niveles peligrosos en ciudades de todo el mundo.
Aumento de la prevalencia del autismo
Estados Unidos es uno de los muchos países que experimentan un marcado aumento de los diagnósticos de TEA: de uno por cada 150 niños en 2000 a uno por cada 68 en 2010. Aunque algunos atribuyen el aumento a una mayor concienciación sobre el autismo, la relación con la contaminación atmosférica podría ofrecer otra explicación.
Aunque las causas del autismo aún no se comprenden del todo y siguen siendo objeto de investigación, el papel de la genética se reconoce desde hace mucho tiempo.
La investigación sobre las partículas en suspensión en el aire como factor de riesgo del autismo sigue ganando impulso gracias a los hallazgos de Shanghái y a otros estudios.
Su diminuto tamaño permite a las partículas en suspensión en el aire llegar fácilmente a las zonas profundas de los pulmones. Contienen muchos de los contaminantes nocivos que suelen encontrarse en los gases de escape de los automóviles, como óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de azufre y metales pesados. Estas toxinas pueden entrar en el torrente sanguíneo a través de los pulmones y llegar a los tejidos de los órganos de todo el cuerpo.
Los niños parecen estar especialmente expuestos a las enfermedades asociadas con la contaminación por partículas. Además, los síntomas conductuales del TEA suelen aparecer en las primeras etapas del desarrollo
La lucha de China contra el esmog
China se enfrenta a una crisis de contaminación atmosférica y en los últimos años ha introducido medidas estrictas para combatir el problema del esmog.
Aunque el impulso del país hacia las energías renovables y unas regulaciones ambientales más estrictas está dando resultados, hay pruebas que sugieren que años de exposición a la contaminación atmosférica ya han pasado factura a la salud de la población.
De las tres categorías de partículas analizadas en el estudio de Shanghái —PM1, PM2.5 y PM10—, las PM1 son las más pequeñas y las que tienen más probabilidades de entrar en el torrente sanguíneo a través de los pulmones.
Por desgracia, también son uno de los tipos de contaminación por partículas más comunes y menos regulados por las normas internacionales vigentes.


