Hoy en día, la globalización recibe cada vez más críticas en Occidente. Los movimientos populistas sostienen que beneficia poco, o nada, al ciudadano medio. En su lugar, promueven el proteccionismo y el unilateralismo. Las políticas nacionales, ya sea en materia de comercio o de regulación financiera, se consideran la vía más segura para recuperar la grandeza nacional.
Pero esta agenda populista se basa en la premisa profundamente errónea de que la cooperación internacional y el comercio internacional son juegos de suma cero, en los que solo hay ganadores y perdedores. En realidad, la cooperación y el comercio pueden beneficiar a todos los países. Desde hace muchos años, han aumentado la seguridad mundial y, sin duda, la prosperidad global, y han sacado de la pobreza a cientos de millones de personas, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo.
Es cierto que la globalización necesita reglas y un marco reconocido para garantizar que beneficie a todos y genere un crecimiento económico sostenido e inclusivo. Al igual que la legislación nacional, ese marco requiere ajustes constantes. Pero abandonarlo por completo y replegarse de la globalización es una respuesta equivocada. Al contrario, deberíamos buscar formas de profundizar y ampliar la cooperación económica internacional.
A mi juicio, el G20 es el mejor foro para una cooperación más amplia e inclusiva. Por supuesto, el G20 no es perfecto, pero es la mejor institución de la que disponemos actualmente para lograr una forma de globalización que funcione para todos. A través de él, los principales países industrializados y emergentes del mundo han trabajado juntos para construir un orden mundial compartido capaz de generar una prosperidad cada vez mayor. De hecho, el G20 es la columna vertebral política de la arquitectura financiera mundial que garantiza mercados abiertos, flujos de capital ordenados y una red de seguridad para los países en dificultades.
En los últimos años, el G20 ha logrado mucho, incluida una mejor coordinación en materia de regulación financiera y fiscalidad internacional. Además, como país que ejerce este año la presidencia del G20, Alemania se ha comprometido a continuar la importante labor iniciada por nuestros predecesores más recientes, China y Turquía.
Por ejemplo, es necesario hacer más para fortalecer la resiliencia de la economía mundial ante perturbaciones repentinas. Por eso, una de las principales prioridades del G20 este año será nuestra labor para evitar que se repita una crisis financiera y económica mundial como la de 2008-2009, derivada de un modelo de crecimiento cortoplacista basado en la deuda.
Pero, para abordar la brecha entre los países más ricos y los más pobres, debemos ir más allá del G20. En particular, el G20 —y, de hecho, el mundo entero— debe acercarse a África en este momento crítico de su desarrollo.
Más allá de la cuestión moral de elevar el nivel de vida de los africanos, el desarrollo del continente es crucial para reducir los riesgos geopolíticos. Sin embargo, la inversión en África sigue siendo baja, lo que priva a sus habitantes de oportunidades para mejorar sus vidas.
Por estas razones, durante la presidencia alemana, el G20 trabaja para intensificar su asociación con África. Un pilar central de esta iniciativa es el «Pacto con África», que ofrece un marco para apoyar la inversión privada, incluida la destinada a infraestructuras. Proponemos que, con el respaldo político del G20, los gobiernos africanos, las organizaciones internacionales y los socios bilaterales preparen pactos de inversión integrales y específicos para cada país, con el fin de fomentar la inversión del sector privado. Cada país deberá aplicar un conjunto de medidas diseñado a su medida para reducir los riesgos de inversión.
En esencia, el Pacto con África contribuye a poner en práctica la Agenda 2063 de la Unión Africana, el plan para el desarrollo económico. Esa agenda de la UA ofrece orientación para mejorar los marcos macroeconómicos, empresariales y financieros en todo el continente.
Aunque el Pacto con África está abierto a todos los países africanos, cinco ya se han comprometido a ser pioneros en este nuevo enfoque: los ministros de Finanzas de Côte d’Ivoire, Marruecos, Rwanda, Senegal y Túnez quieren trabajar en pactos y así lo han manifestado por escrito. Los he invitado a asistir a la reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, que tendrá lugar los días 17 y 18 de marzo en Baden-Baden.
En esa reunión, mis homólogos del G20 y yo ofreceremos a estos países una plataforma internacional para presentar sus planes. Queremos debatir con ellos y con los responsables del Banco Africano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional cuáles podrían ser los elementos de los pactos de inversión específicos para cada país.
Después, estos cinco países, junto con las organizaciones internacionales y los socios bilaterales, seleccionarán las medidas e instrumentos concretos que se incluirán en cada pacto de inversión. El G20 les dará una gran visibilidad política y contribuirá a que los inversores conozcan estos cambios. Estoy convencido de que se puede lograr un progreso significativo cuando todos los socios implicados trabajan juntos estrechamente y en pie de igualdad.
La cooperación internacional es la única manera de lograr un crecimiento mundial sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo. Alemania se compromete a hacer todo lo posible, como intermediario imparcial dentro del G20 y más allá, para garantizar que la globalización beneficie realmente a todos.

