El año pasado, el presidente Xi Jinping expuso su visión para que China se convierta en líder mundial en asuntos políticos, económicos, militares y medioambientales durante las próximas tres décadas.
Ahora, los datos exhaustivos de la Fundación Nacional de Ciencias revelan que China ya está bien encaminada para convertirse en una superpotencia en ámbitos clave como la ciencia y la innovación.
China es el segundo país que más invierte en investigación y desarrollo (I+D), después de Estados Unidos, y representó el 21 % del total mundial, de casi 2 billones de dólares, en 2015.
El gasto de China en I+D creció a un promedio del 18 % anual entre 2010 y 2015, más de cuatro veces más rápido que el gasto de Estados Unidos.
Y, aunque Estados Unidos todavía gasta más en I+D, el rápido crecimiento de China hace probable que tome la delantera en los próximos cinco a diez años.

La investigación y el desarrollo son un indicador de la inversión en tecnología y capacidades futuras y, por tanto, desempeñan un papel fundamental en el proceso de innovación y en la creación de nuevos productos, procesos y servicios.
El poder de los estudiantes
Otra medida clave de la innovación y los avances tecnológicos es el número de estudiantes que cursan estudios de ciencia y tecnología. También en este ámbito China destaca y ya ha superado a Estados Unidos, en parte debido al tamaño de su población.
Entre 2000 y 2014, el número anual de graduados chinos en ciencias e ingeniería pasó de unos 359.000 a 1,65 millones. En el mismo periodo, la cifra comparable de graduados estadounidenses pasó de unos 483.000 a 742.000.

Según el informe de la Junta Nacional de Ciencias, una economía innovadora basada en el conocimiento requiere una fuerza laboral con sólidas competencias en ciencias e ingeniería y un sistema educativo capaz de formar a estos trabajadores en número suficiente.
La nueva generación de científicos de China también se aventura en ámbitos más exigentes y de alta tecnología, como las supercomputadoras y los aviones de pasajeros más pequeños, además de aprovechar su experiencia más tradicional en el ensamblaje de componentes sofisticados fabricados en otros lugares.
Convertir la innovación en realidad
Hay otras dos medidas clave de la innovación: las patentes, que indican el número de invenciones, y el capital de riesgo, que aporta el respaldo financiero para convertir esas invenciones en productos.
En ambos ámbitos, China está ganando terreno, aunque todavía va por detrás de Estados Unidos.

La Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos concede patentes a inventores de todo el mundo. En 2016 concedió más de 300.000, principalmente a inventores de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.
Sin embargo, las patentes estadounidenses concedidas a inventores de países en desarrollo aumentaron de menos del 1 % en 2000 al 6 % en 2016; China (4 %) e India (1 %) concentraron la mayor parte de ellas.

El acceso a la financiación —a través de la inversión de capital de riesgo— es la última pieza del rompecabezas necesaria para impulsar la innovación.
Estados Unidos captó algo más de la mitad de los 131.000 millones de dólares en fondos de capital de riesgo disponibles en todo el mundo. Sin embargo, su participación en el total está disminuyendo, mientras que la de China sigue aumentando con rapidez.
La inversión en China partió de un nivel bajo y creció entre 2006 y 2013; después se disparó de 3.000 millones de dólares a 34.000 millones en 2016. Esto significa que la participación de China en los fondos mundiales de capital de riesgo ha alcanzado ya el 27%.

