Estas cinco grandes ideas podrían asegurar el futuro de Europa

Fireworks explode next to the Quadriga sculpture atop the Brandenburg gate during New Year celebrations in Berlin, Germany, January 1, 2017. REUTERS/Fabrizio Bensch - LR1ECCV1S8TQA
'In 2017, European citizens truly spoke with their minds and their hearts - and investors showed their strong trust in our continent.'Image: REUTERS/Fabrizio Bensch
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Hace un año, Europa despertó ante una gran sorpresa. Donald Trump había sido elegido presidente de Estados Unidos. Las encuestas no lo habían previsto. Tampoco habían previsto el Brexit.

¿Triunfarían también en Europa el populismo y el proteccionismo? ¿Era este el fin de la globalización? ¿Qué ocurriría con todo lo que defendía la Unión Europea?

Muchos temían que la ola populista se extendiera a Europa, en particular a los Países Bajos, Francia y Alemania. Eso habría supuesto una auténtica revolución en la Europa del siglo XXI.

Pero en diciembre de 2016, dije que no creía que Europa fuera a vivir un levantamiento populista y expliqué por qué.

Una Europa de la razón… y del corazón

Parte de la explicación provenía de la razón: en los últimos 60 años, los tres países que iban a votar habían generado más riqueza para sus ciudadanos que Estados Unidos o el Reino Unido.

Image: Banco Mundial y Maddison

La desigualdad de ingresos es menor en esos países y, en general, en Europa que en otros lugares.

Y, por último, la UE ha unido a ciudadanos de cerca de 30 países como nunca antes. Europa ha vivido ya 70 años de paz, una cifra sin precedentes.

La otra parte de mi explicación provenía del corazón. Como neerlandés y búlgaro que vive en Luxemburgo, sencillamente no tenía la sensación de que estuviera a punto de producirse un auge populista.

Al hablar con mis colegas, amigos o familiares, nadie lo creía. Lo que habíamos construido en Europa era demasiado valioso para renunciar a ello.

Un 2017 espectacular para la economía europea

Aunque 2017 no empezó con facilidad, terminó perfilándose como un año muy sólido para Europa. Los resultados electorales fueron favorables a Europa y la economía europea empezó a funcionar muy bien.

Image: Mecanismo Europeo de Estabilidad

En 2016, la UE superó a Estados Unidos en crecimiento del PIB. Todo indica que volverá a ocurrir en 2017.

Pero aún más importante es el crecimiento per cápita, lo que la gente nota en el bolsillo. En este aspecto, las cosas pintan aún mejor. Las previsiones de otoño de la Comisión Europea indican que la UE seguirá creciendo más que Estados Unidos este año, y también en 2018 y 2019. Ya lo hizo en 2016. Si se cumplen las previsiones, la UE habrá superado a Estados Unidos en crecimiento del PIB per cápita durante cuatro años consecutivos.

Un #Euroboom entre los inversores mundiales

Este año me reuní con casi 150 inversores de todo el mundo. Sus comentarios fueron optimistas. Ven a Europa como un refugio seguro.

En un contexto de gran incertidumbre sobre lo que puede lograr la nueva Administración estadounidense y de dificultades del Reino Unido para gestionar el Brexit, justo después de las elecciones francesas vimos que los inversores empezaban a reconocer el éxito de Europa.

De mis reuniones con inversores extraje tres conclusiones:

1) Los inversores han reconocido que a Europa le va bien.

2) Respaldan con su dinero lo que dicen.

3) Quieren saber qué le espera a la zona del euro.

¿Cuáles son las cinco próximas grandes ideas para la economía europea?

Los inversores suelen coincidir en que los mercados deben estar más integrados, necesitamos un sector financiero más competitivo y debemos profundizar la colaboración económica.

Por fortuna, muchas de las medidas de la agenda política ya avanzan en esa dirección. En las capitales europeas hay un verdadero impulso político a favor de estos cambios. El impulso reformista no había sido tan fuerte en mucho tiempo.

Los ciudadanos europeos también los respaldan. La popularidad del euro está en máximos históricos: casi tres cuartas partes de los habitantes de la zona del euro están a favor de la moneda. Esto otorga a los políticos un mandato para seguir construyendo la unión monetaria.

Estas son cinco grandes ideas que podrían asegurar el futuro de Europa:

1) Completar la Unión Bancaria respaldando el Fondo Único de Resolución (FUR)

Europa ya ha realizado una enorme labor en este ámbito. En tiempo récord, establecimos un supervisor único para los 130 bancos más grandes y creamos un fondo único de resolución para liquidar bancos.

Con estas dos instituciones, en apenas unos años el sistema europeo de supervisión bancaria ha llegado a ser comparable con el que Estados Unidos tardó décadas en establecer.

Pero aún no está completo. El FUR va llenando sus arcas poco a poco, pero debe estar preparado en todo momento para cualquier eventualidad. El FUR necesita un respaldo que le dé más credibilidad ante los mercados. Se considera que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) podría desempeñar ese papel.

2) Un seguro común de depósitos para la Unión Bancaria

Si todos los bancos de Europa garantizaran juntos los depósitos, se reduciría el riesgo de una retirada masiva de depósitos en cualquier país.

En este momento, los depositantes saben que, en última instancia, la responsabilidad recae en su Gobierno. Saber que toda Europa respalda la garantía sería un gran motivo de tranquilidad. Una vez establecido, apenas habría que recurrir al seguro común de depósitos.

Pero no es tan fácil ponerlo en práctica. Hay que resolver los problemas heredados de los bancos de algunos países; de lo contrario, los bancos saneados podrían acabar pagando por errores cometidos en el pasado por competidores de otros países.

En general, los bancos europeos transfronterizos ven con buenos ojos la implantación de un seguro común de depósitos y la culminación de la unión bancaria. Esto proporcionaría un marco bastante completo para impulsar la integración financiera, necesaria para contrarrestar el sesgo local de los bancos, que aumentó enormemente durante la crisis.

Este sesgo impide que los bancos se beneficien de las economías de escala que ofrece la banca transfronteriza, lo que reduce la rentabilidad de los bancos europeos.

La fragmentación bancaria también implica menos vínculos económicos en la zona del euro. Una moneda única supondría converger hacia un solo sector bancario. El sector bancario es la palanca de cambios de la economía, y no se puede conducir un coche con 19 palancas de cambio distintas.

3) Europa debe armonizar aún más sus mercados financieros

Invertir de un país a otro debe ser mucho más fácil. Actualmente, por ejemplo, las leyes de quiebra varían enormemente entre los países europeos. También hay grandes diferencias en el derecho mercantil y en la legislación fiscal. Si se tardara menos en conocer las leyes del país en el que se quiere invertir, se facilitarían las inversiones en el extranjero y se impulsaría el capital riesgo y el mercado de capital inversión. Es una buena noticia para las empresas, que contarían con un nuevo canal de financiación. Por tanto, es imprescindible avanzar con la Unión de los Mercados de Capitales en Europa.

4) Una capacidad fiscal limitada

Quizá hayan oído hablar de crear en Europa un fondo para días difíciles. Los países europeos más pobres pueden recibir apoyo del presupuesto de la UE. Pero el presupuesto de la UE es pequeño: equivale apenas al 1% del tamaño de la economía europea, frente al 17% en Estados Unidos. Para los países europeos que reciben apoyo, las transferencias pueden ser cuantiosas, de hasta el 4% de su PIB. En conjunto, el sistema funciona bien.

También tenemos un sistema para cuando toda la zona del euro sufre una grave recesión económica. En ese caso, se permite a los países gastar más dinero de los contribuyentes de lo habitual.

Normalmente, el déficit presupuestario tiene un límite del 3% del PIB, pero durante la crisis de la deuda del euro los países lo superaron simultáneamente, lo que ayudó mucho a estimular la economía en un momento en que era muy necesario.

Pero ¿qué ocurre si un solo país sufre una crisis y sus vecinos no? Pensemos, por ejemplo, en el caso de Irlanda si las negociaciones del Brexit no desembocan en una buena solución.

En esa situación, el país no tendría margen fiscal. Los economistas lo llaman un choque asimétrico, y sería conveniente contar con una capacidad fiscal limitada en la zona del euro para responder. Se habla de crear un fondo para días difíciles, una idea relacionada.

Por supuesto, el MEDE ya puede abordar los problemas de países concretos, pero para entonces suele ser demasiado tarde y esos países ya han perdido el acceso a los mercados. Se están debatiendo distintos modelos. Una condición estricta es que los países siempre tengan que devolver los fondos que reciban. No habrá transferencias permanentes entre países ni deuda emitida conjuntamente.

Para saber cómo podría funcionar, podemos fijarnos en Estados Unidos. La mayoría de los estados tienen fondos para días difíciles y, cuando se recuperan, simplemente devuelven el dinero.

También hay otros modelos basados en un seguro de desempleo complementario.

Los políticos también intentan simplificar las reglas fiscales. Las reglas establecidas por el Tratado de Maastricht y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que imponen disciplina fiscal en Europa, se endurecieron tras la crisis. Pero ahora se han vuelto demasiado complejas, ocupan cientos de páginas y son muy difíciles de entender, incluso para los expertos. Simplificarlas les daría más credibilidad.

En algunos países, la gente teme que todo esto signifique «mucha más Europa», pero no es así.

Para contar con una capacidad fiscal limitada, no necesitamos una unión fiscal plena con transferencias adicionales entre países, y desde luego tampoco necesitamos una unión política plena. Si así fuera, seríamos los Estados Unidos de Europa.

5) Hacia un Fondo Monetario Europeo

Es una realidad que el papel del FMI, nuestro homólogo mundial, en Europa ha ido disminuyendo gradualmente.

Cuando comenzó la crisis y Irlanda y Grecia necesitaron apoyo financiero, el MEDE no tenía entonces la experiencia ni el dinero suficientes para ayudar.

Con el tiempo, ha aumentado la capacidad financiera del MEDE, y también nuestra experiencia. El papel del FMI, al menos en términos financieros, ha perdido relevancia. Hasta ahora, no ha aportado dinero al programa griego actual.

Creo que ahora existe consenso en que, ante cualquier crisis futura en Europa, probablemente el FMI ya no participará en nuestros programas.

Esto significa que, en lugar de tener cuatro acreedores —el FMI, el BCE, el MEDE y la Comisión Europea—, habría solo dos. El MEDE gestionaría los programas junto con la Comisión. También se está estudiando cómo repartir exactamente el trabajo.

Estas medidas ya no son ideas vagas que quizá se lleven a cabo o quizá no. Son pasos concretos de la agenda política, destinados a fortalecer los mercados, apoyar la recuperación del sector financiero y hacer que la unión monetaria sea más sólida y la economía, más resiliente.

¿Será 2018 tan bueno como 2017?

En Europa vivimos en una sociedad donde el multilateralismo es una tradición, la cooperación internacional es un hábito y nuestros vecinos se han convertido en buenos amigos.

En 2017, los ciudadanos europeos hablaron de verdad con la razón y el corazón, y los inversores demostraron su gran confianza en nuestro continente. Las ideas expuestas harán aún más fuerte la economía europea.

Espero que, al final de 2018, podamos volver a reflexionar sobre el año y recordar las medidas que tomó Europa para asegurar su futuro, crear más empleos para sus ciudadanos y superar a otras economías.

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