Discurso íntegro de Theresa May en Davos

Britain's Prime Minister Theresa May addresses a speech during the World Economic Forum (WEF) annual meeting in Davos, Switzerland January 25, 2018. REUTERS/Denis Balibouse - RC121D20EEB0
A transcript of Theresa May's speech at the World Economic Forum 2018.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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El año pasado, en esta tribuna, sostuve que los beneficios del libre comercio no llegaban a todos. Y advertí que la incapacidad de los líderes políticos y empresariales para abordar esta situación amenazaba con socavar el apoyo popular a todo el sistema basado en normas del que dependen nuestra seguridad y prosperidad mundiales.

Pero también sostuve que podíamos cambiar esta situación. No dando la espalda al libre comercio ni al sistema mundial basado en normas —que juntos han propiciado los mayores avances en prosperidad que jamás hayamos conocido—, sino redoblando nuestro compromiso con ellos y actuando para garantizar que la economía mundial funcione para todos.

Un año después, creo que hay motivos para el optimismo. El crecimiento mundial ha seguido fortaleciéndose, y el FMI estima que la producción mundial creció un 3,7 % el año pasado. El populismo de la extrema izquierda y la extrema derecha no ha avanzado tanto como algunos habían pronosticado.

Y en el Reino Unido hemos visto aumentar la productividad, el desempleo caer a su nivel más bajo en más de 40 años y cada vez más ejemplos de colaboración entre el Gobierno y las empresas para crear nuevos empleos y oportunidades en comunidades de todo nuestro país.

También hemos visto avances importantes en el comercio mundial. El Reino Unido ha estado a la vanguardia de la promoción de nuevos acuerdos comerciales, incluidos los acuerdos de la UE con Canadá y Japón. El G20 ha acordado compromisos para abordar el exceso de capacidad en el sector del acero, y la Organización Mundial del Comercio ha avanzado hacia el inicio de conversaciones plurilaterales sobre el comercio digital.

Y cuando salgamos de la Unión Europea, el Reino Unido seguirá defendiendo el libre comercio en todo el mundo. Impulsaremos los avances en las conversaciones de la OMC; buscaremos incorporar a nuevos socios a la mesa y, por supuesto, una vez que hayamos salido de la UE, desarrollaremos nuevos acuerdos bilaterales con países de todo el mundo.

Pero toda la comunidad internacional tiene mucho más por hacer. Y, francamente, con demasiada frecuencia la retórica que empleamos aquí en Davos en apoyo del libre comercio no se corresponde con nuestras acciones.

Hay que cumplir los compromisos sobre el acero. Al igual que el Reino Unido, otros grandes donantes de ayuda deberían apoyar a los países en desarrollo para que puedan aprovechar los beneficios del crecimiento mundial.

Y la Organización Mundial del Comercio aún debe avanzar mucho más en sus reformas y garantizar que su reglamento siga el ritmo de los cambios en la economía mundial.

Por ejemplo, los servicios representan el 64 % del PIB mundial; sin embargo, aunque algunas negociaciones comerciales recientes están logrando resultados más ambiciosos en materia de servicios, el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios sigue estancado.

Y mientras empresas como eBay, Amazon y Alibaba se han convertido en gigantes mundiales y han adquirido un papel central en la vida de miles de millones de personas en todo el mundo, la OMC lleva casi veinte años esforzándose por eliminar las barreras al comercio electrónico.

El avance en estas cuestiones es realmente importante, porque los avances tecnológicos siguen revolucionando las posibilidades de la humanidad y necesitamos contar con marcos internacionales que garanticen que todos puedan beneficiarse de ellos.

Ya se estima que el acceso a internet podría generar más de 2,2 billones de dólares adicionales en PIB y más de 140 millones de nuevos empleos, solo en los países en desarrollo.

En África subsahariana, casi el 35 % de la población adulta tiene una cuenta de dinero móvil, el porcentaje más alto del mundo.

Y ahora el impacto de la tecnología crece de formas que hace apenas unos años ni siquiera podíamos imaginar.

La semana pasada, un dron salvó a dos niños que se estaban ahogando frente a la costa de Australia al llevarles un dispositivo de flotación.

El uso de la inteligencia artificial está transformando la atención sanitaria. En una prueba, el aprendizaje automático redujo en un tercio el número de operaciones innecesarias por cáncer de mama.

El reconocimiento del habla y la traducción están alcanzando un nivel que nos permitirá ir a cualquier lugar del mundo y comunicarnos en nuestra lengua materna.

Mientras tanto, empresas con sede en el Reino Unido como Ripjar están a la vanguardia del uso de la ciencia de datos y

la inteligencia artificial para proteger a las empresas del blanqueo de capitales, el fraude, la ciberdelincuencia y el terrorismo.

En todos estos ámbitos, aprovechar el poder de la tecnología no solo redunda en beneficio de todos: es fundamental para el progreso de la humanidad.

Pero este progreso tecnológico también plantea desafíos nuevos y profundos que debemos abordar.

Por ejemplo, muchas personas temen que, por culpa de la tecnología, ellas y sus hijos se queden sin los empleos del futuro.

También les preocupa que quienes tienen intenciones maliciosas puedan aprovecharse de las nuevas tecnologías, y lo que eso podría significar para la seguridad y el bienestar de sus familias y sus hijos.

Por eso hoy voy a exponer cómo podemos aprovechar mejor el enorme potencial de la tecnología.

Y también cómo podemos abordar estas profundas preocupaciones, para que la tecnología sea la fuerza de progreso que todos sabemos que puede ser.

A lo largo de la historia, desde la invención de la electricidad hasta la llegada de la producción fabril, innovaciones que al principio inquietaban han propiciado una y otra vez avances antes inimaginables, y hemos encontrado la manera de hacer que esos cambios beneficien a todos nuestros ciudadanos.

Ahora debemos encontrar de nuevo la manera de lograrlo.

Image: REUTERS/Denis Balibouse

Estrategia industrial

Permítanme empezar por cómo podemos adoptar la tecnología.

La clave está en canalizar, mediante una alianza entre el Gobierno y las empresas, el poder de ambos para aprovechar las oportunidades de la tecnología y crear empleos de calidad y bien remunerados en todo el mundo.

Por eso, en el Reino Unido he situado el desarrollo de una Estrategia Industrial Moderna en el centro de la agenda del Gobierno.

Se trata de un nuevo enfoque a largo plazo para configurar una economía más sólida y justa, que reconoce lo que el Gobierno y las empresas aportan cada uno. Porque entiendo que las empresas pueden ser una fuerza para el bien.

Sé que los mercados libres y competitivos impulsan la innovación, la creatividad y la asunción de riesgos que han hecho posibles tantos de los grandes avances de nuestro tiempo.

Pero también entiendo el bien que puede hacer el Gobierno al crear las condiciones para que surjan y crezcan empresas exitosas, y ayudarlas a invertir en el futuro de nuestra nación.

Por eso, el mensaje de nuestra estrategia industrial al mundo es claro: Gran Bretaña será uno de los mejores lugares del mundo para crear y hacer crecer una empresa.

La estrategia acierta en los aspectos fundamentales. Impulsa la inversión en infraestructuras tanto a nivel local como nacional.

Y dota a nuestra gente de las competencias que necesita —y de las que necesitan las empresas— para prosperar en una economía mundial cambiante.

Porque, si queremos conservar el apoyo popular al sistema basado en normas, debemos detenernos y comprender —desde aquí arriba, en estas montañas de Davos— cómo puede sentirse alguien que ha trabajado duro durante veinte años y ahora descubre que el empleo que sabe desempeñar hoy no será necesario en el futuro.

Y la respuesta no es fingir que podemos quedarnos de brazos cruzados y dejar que el mercado laboral resuelva la situación por sí solo.

Debemos actuar con decisión para ayudar a las personas a beneficiarse ahora del crecimiento mundial.

Por eso, como parte de nuestra estrategia industrial, nos centramos en apoyar nuevos empleos e industrias que aprovechen las fortalezas de las comunidades locales.

Por ejemplo, en nuestra costa este, Hull apuesta por la energía eólica marina y genera cientos de empleos en colaboración con Siemens.

Y, así como actuamos para apoyar la creación de empleos hoy, también debemos ayudar a las personas a conseguir los empleos del mañana.

Por eso estamos creando un sistema de formación técnica que rivalice con los mejores del mundo, junto con nuestro sistema de educación superior de primer nivel mundial.

Estamos desarrollando un Programa Nacional de Recualificación para ayudar a las personas a aprender a lo largo de toda su carrera profesional.

Y estamos creando un Instituto de Programación: un consorcio de más de 60 universidades, empresas y expertos del sector que apoyará la formación y la recualificación en competencias digitales.

Y por mis conversaciones con empresas tecnológicas sé con qué seriedad asumen su propia responsabilidad social de contribuir a la recualificación que ayudará a las personas a acceder a nuevas oportunidades en la economía digital.

Pero esta estrategia y la colaboración con las empresas van más allá de sentar las bases de una economía sólida.

También buscan que nos anticipemos para aprovechar las oportunidades que ofrecerá la tecnología mañana.

Estamos llevando a cabo el mayor aumento de la historia del Reino Unido en inversión pública en investigación y desarrollo, lo que podría incrementar la inversión pública y privada en I+D hasta en

80.000 millones de libras esterlinas durante los próximos 10 años.

Estamos a la vanguardia del desarrollo, la fabricación y el uso de tecnologías con bajas emisiones de carbono.

Usamos la tecnología para atender las necesidades de una sociedad que envejece, por ejemplo, aprovechando grandes conjuntos de datos para diagnosticar y tratar enfermedades antes.

Y estamos convirtiendo al Reino Unido en líder mundial en inteligencia artificial, aprovechando el éxito de empresas británicas como Deepmind.

Porque creo que apenas hemos empezado a ver lo que puede lograr la IA.

Imaginemos un mundo en el que los coches autónomos reduzcan drásticamente el número de muertes en nuestras carreteras.

Imaginemos un mundo en el que la supervisión y la inspección a distancia de infraestructuras críticas hagan más seguros los trabajos peligrosos. Imaginemos un mundo en el que podamos predecir y prevenir la propagación de enfermedades por todo el planeta.

Estos son algunos de los avances que podríamos ver y que deberíamos querer ver.

El Reino Unido ya está reconocido como líder mundial en su preparación para incorporar la inteligencia artificial a la prestación de servicios públicos.

Durante los últimos tres años, hemos visto nacer en el Reino Unido una nueva empresa emergente de IA cada semana.

Y estamos invirtiendo en las competencias que necesitan estas empresas emergentes: destinaremos 45 millones de libras esterlinas a apoyar doctorados adicionales en IA y disciplinas afines, y crearemos al menos 200 plazas adicionales al año para 2020-21.

Tenemos la firme determinación de convertir nuestro país en el lugar al que acudir para establecerse y aprovechar las oportunidades que la inteligencia artificial ofrece para el futuro.

Pero, al aprovechar estas oportunidades tecnológicas, también debemos orientar este cambio para garantizar que beneficie a todos, tanto en el trabajo como en la vida cotidiana.

El cambio tecnológico en el lugar de trabajo

La tecnología ya está cambiando la naturaleza de nuestros lugares de trabajo y dejando a muchas personas con horarios laborales menos previsibles.

Por eso debemos asegurarnos de que nuestra legislación laboral siga el ritmo de la manera en que la tecnología está moldeando las prácticas laborales modernas.

Tomemos el ejemplo de Uber: un uso revolucionario de la tecnología que ha cambiado radicalmente la forma en que las personas se desplazan por ciudades de todo el mundo. Pero también es una empresa que ha cometido errores, con problemas de seguridad y dudas sobre las protecciones de sus trabajadores.

La respuesta no es cerrar Uber, sino abordar esas preocupaciones y establecer y hacer cumplir las normas y protecciones que permitan que esta tecnología funcione tanto para los clientes como para los empleados.

Por eso, la legislación laboral debe preservar derechos y protecciones esenciales, así como la flexibilidad que valoran las empresas y los trabajadores.

Pero debemos asegurarnos de que esa flexibilidad realmente beneficie a todos y no se convierta en un acuerdo unilateral que pueda dar lugar a abusos.

Esta cuestión está en el centro del informe que Matthew Taylor elaboró para el Gobierno del Reino Unido el año pasado.

Y trabajaremos para llevarlo a la práctica: desde estudiar la conveniencia de reformar las pruebas para determinar con más claridad la condición laboral, hasta identificar un conjunto de indicadores para medir la calidad del empleo.

Image: REUTERS/Denis Balibouse

Hacer que internet funcione para todos

Así como las personas necesitan sentir que el cambio tecnológico en el lugar de trabajo las beneficia, también debemos asegurarnos de que confíen en que el papel cada vez mayor de la tecnología en sus vidas amplía sus oportunidades y mejora el mundo en el que viven.

Tecnologías como internet se desarrollaron con la idea de que conectarnos mejoraría la vida de las personas.

Y en muchos sentidos así ha sido. Pero hasta ahora, esto no se ha cumplido plenamente para todos.

Esta misma semana, una encuesta realizada en el Reino Unido reveló que 7 de cada 10 personas creen que las empresas de redes sociales no hacen lo suficiente para frenar las conductas ilegales o poco éticas en sus plataformas, impedir la difusión de contenido extremista o combatir el acoso.

Esta pérdida de confianza es sumamente perjudicial. Y a todos nos interesa abordarla.

En algunos ámbitos, eso significa que necesitaremos nuevas normas y leyes.

En otros, como el odio y el acoso en línea, necesitamos normas y expectativas sobre cómo deben interactuar las personas civilizadas, algo que no se puede conseguir mediante leyes.

La Carta Digital que estamos elaborando en el Reino Unido establece los principios de nuestro enfoque para acordar los derechos y las responsabilidades del mundo en línea y ponerlos en práctica.

Es profundamente favorable a las empresas, porque busca ayudar a las empresas digitales a ganarse la confianza y el respaldo público que necesitan.

En su núcleo hay un conjunto de principios.

Que los mismos derechos de los que gozan las personas fuera de internet estén protegidos en línea;

Que internet siga siendo libre, abierto y accesible;

Que las personas comprendan las normas que se les aplican cuando están en línea;

Que se respeten los datos personales y se utilicen de forma adecuada;

Que existan protecciones para ayudar a mantener la seguridad de las personas en línea, especialmente la de los niños.

Y que los beneficios sociales y económicos que aportan las nuevas tecnologías se compartan de forma justa.

Y todo esto se sustenta en nuestra determinación de convertir al Reino Unido en líder mundial de una regulación favorable a la innovación.

Una regulación que convierta al Reino Unido en el mejor lugar para crear y hacer crecer una empresa digital, y también en el lugar más seguro para estar en línea.

Pero cuando las plataformas tecnológicas operan más allá de las fronteras geográficas, ningún país ni Gobierno por sí solo puede establecer las normas, reglas y estándares internacionales para un mundo digital global.

Las propias empresas tecnológicas, los inversores y todos nuestros socios internacionales deben aportar su parte.

En primer lugar, las empresas tecnológicas aún deben hacer más para asumir sus responsabilidades frente a las actividades dañinas e ilegales en línea.

Las empresas sencillamente no pueden quedarse de brazos cruzados mientras sus plataformas se utilizan para facilitar el abuso infantil, la esclavitud moderna o la difusión de contenido terrorista y extremista.

Hemos logrado algunos avances. En septiembre pasado, en la ONU, me uní al presidente Macron y al primer ministro Gentiloni para convocar la primera cumbre de la ONU entre gobiernos y el sector privado, con el fin de avanzar más y más rápido en reducir el tiempo que se tarda en eliminar contenido terrorista en línea y aumentar significativamente los esfuerzos para impedir que se publique desde el principio.

Pero debemos ir más lejos, para que, en última instancia, este contenido se elimine automáticamente.

Estas empresas cuentan con algunas de las mentes más brillantes del mundo. Deben poner a sus mejores profesionales al servicio de estas responsabilidades sociales fundamentales.

Y, así como estas grandes empresas deben asumir sus responsabilidades, también necesitamos respuestas de todo el sector, porque las plataformas más pequeñas pueden convertirse rápidamente en refugio de delincuentes y terroristas.

Hemos visto que eso ocurrió con Telegram. Y necesitamos más cooperación de plataformas pequeñas como esta.

Nadie quiere ser conocido como «la plataforma de los terroristas» ni ser la aplicación preferida de los pedófilos.

Como gobiernos, también es correcto que examinemos la responsabilidad legal que tienen las empresas de redes sociales por el contenido compartido en sus sitios.

El statu quo es cada vez más insostenible, pues está claro que estas plataformas ya no son meros alojamientos pasivos.

Pero aplicar las normas de responsabilidad vigentes para los editores no es sencillo, así que debemos considerar qué es lo más adecuado para la economía moderna.

Ya estamos trabajando con nuestros socios europeos e internacionales, así como con las propias empresas, para entender cómo podemos mejorar el funcionamiento de los marcos y las definiciones vigentes y, en particular, evaluar si conviene desarrollar una nueva definición para estas plataformas. Seguiremos haciéndolo.

En segundo lugar, los inversores pueden desempeñar un papel fundamental si tienen en cuenta el impacto social de las empresas en las que invierten.

Esto es fundamental para el buen funcionamiento de los mercados, la capacidad de elección y la competencia.

A los accionistas deberían importarles estos efectos sociales, porque el modelo de negocio de una empresa no es sostenible si no cuenta con el apoyo y la aceptación del público.

Y pueden ejercer su influencia para garantizar que estas cuestiones se tomen en serio.

Por ejemplo, a principios de este mes, un grupo de accionistas exigió que Facebook y Twitter divulgaran más información sobre el acoso sexual, las noticias falsas, los discursos de odio y otras formas de abuso que tienen lugar en las plataformas de esas empresas.

Por eso, los inversores pueden marcar una gran diferencia al asegurarse de que se tengan debidamente en cuenta las cuestiones de confianza y seguridad.

Y les insto a que lo hagan.

En tercer lugar, en una era digital global, las normas y reglas que establezcamos deben ser compartidas por todos.

Esto incluye establecer reglas y estándares que permitan aprovechar al máximo la inteligencia artificial de forma responsable, por ejemplo, garantizando que los algoritmos no perpetúen los sesgos humanos de quienes los desarrollan.

Por eso queremos que nuestro nuevo Centro de Ética de Datos e Innovación, líder mundial, trabaje en estrecha colaboración con socios internacionales para alcanzar un entendimiento común sobre cómo garantizar un uso seguro, ético e innovador de la inteligencia artificial.

Y me complace que el Reino Unido también vaya a incorporarse al nuevo consejo sobre inteligencia artificial del Foro Económico Mundial para ayudar a dar forma a la gobernanza mundial y a las aplicaciones de esta nueva tecnología.

Conclusión

Esta semana, muchos líderes están defendiendo la globalización, las economías abiertas, el libre comercio y el progreso tecnológico, al tiempo que se plantean cómo garantizar que estos elementos funcionen de manera justa para todos nuestros países y todos nuestros ciudadanos.

Sin embargo, el liderazgo se demuestra con las medidas que adoptamos. Tengo claras tres cosas.

En primer lugar, la importancia crucial de la cooperación internacional dentro del sistema mundial basado en normas, pues todos los países deben apoyar y definir las reglas para un comercio y una inversión libres y justos. No podemos avanzar en direcciones opuestas.

En segundo lugar, debemos hacer más para ayudar a nuestra gente en una economía mundial cambiante, recuperar su confianza en la tecnología como motor del progreso y garantizar que nadie se quede atrás cuando demos el siguiente gran paso.

Y, en tercer lugar, sobre todo, debemos recordar que los riesgos y desafíos a los que nos enfrentamos no superan las oportunidades. Al intentar actualizar las reglas para responder a los desafíos de hoy, no debemos perder de vista el premio del mañana.

Porque las fuerzas del libre comercio y del progreso tecnológico que nos han traído hasta aquí no son nada comparadas con su potencial para enriquecer la vida de nuestros hijos y nietos.

El Reino Unido tiene una historia de la que se enorgullece: ha dado un paso al frente, ha aprovechado las oportunidades de nuestro tiempo y ha contribuido a configurar las reglas y alianzas internacionales capaces de lograr avances para todos.

Estamos dispuestos a hacerlo de nuevo.

Renovemos juntos nuestro compromiso con la cooperación entre los gobiernos, las empresas, los inversores y la sociedad en su conjunto.

Y emprendamos el camino hacia la prosperidad y el crecimiento en beneficio de todos nuestros ciudadanos, ahora y durante las generaciones venideras.

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