La agricultura tiene un problema de imagen en gran parte de África. Para muchas personas de la región, es sinónimo de pobreza. Por ello, no sorprende que los padres no quieran que sus hijos acaben trabajando la tierra.
Sin embargo, las cosas podrían empezar a cambiar. Un número creciente de millennials africanos trabaja para desterrar la idea de que todos los jóvenes con formación deberían aspirar a puestos de oficina profesionales.
La comprensión de que la agricultura es clave para la viabilidad económica a largo plazo y el crecimiento del continente está llevando a un número cada vez mayor de graduados universitarios africanos a elegir carreras en el sector agrícola.
El Banco Africano de Desarrollo (BAD) afirma que estos millennials son una fuerza impulsora de la transformación agrícola en África, y destina 350 millones de dólares a apoyarlos con formación, asesoramiento y tecnología.
Se les conoce como «agripreneurs» y están demostrando que cultivar los alimentos que el continente 256 millones de personas subnutridas necesita con urgencia puede ser una opción profesional gratificante.
Enorme potencial
África dispone del 65 % de las tierras cultivables sin explotar del mundo, de una gran abundancia de agua dulce y de unos 300 días de sol al año, según el BAD.
Sin embargo, en 2017 las naciones africanas gastaron casi 65 000 millones de dólares en importaciones de alimentos. «Esto es insostenible, irresponsable e inasumible. Además, es completamente innecesario», afirma el presidente del BAD, el doctor Akinwumi Adesina.
Aunque África produce casi las tres cuartas partes del cacao del mundo, por ejemplo, solo recibe el 2 % de los ingresos de las ventas mundiales de chocolate. El doctor Adesina afirma que, si las explotaciones agrícolas africanas alcanzaran su potencial, el continente podría convertirse en un importante exportador de alimentos, con beneficios económicos significativos.
El auge de los agripreneurs
La agricultura representa el 60 % de los empleos en África y gran parte del trabajo lo realizan mujeres. Con sede en Kenia, la Red Africana de Mujeres en Agronegocios (AWAN) trabaja en 27 países del continente para facilitar a las mujeres el acceso al crédito con el fin de mejorar las explotaciones y aumentar la producción.
En Ghana, una organización llamada Guzakuza ayuda a las agricultoras a crear empleo y a producir alimentos saludables para sus comunidades. Mientras que en Tanzania, Nigeria y Etiopía, la campaña respaldada por Oxfam Female Food Heroes difunde su mensaje con proyectos como un programa de telerrealidad sobre la agricultura que atrae a millones de espectadores.
Un ejemplo típico de la nueva generación de agricultores es Richard Nunekpeku, fundador de Anyako Farms. Abandonó su bien remunerado empleo en Samsung en 2013 para crear una cooperativa agrícola que utiliza la tecnología para gestionar el riego y la cosecha.
«Tenemos que hacer que la agricultura sea atractiva», declaró recientemente al diario The New York Times Emmanuel Ansah-Amprofi, su compatriota y también agripreneur ghanés.
Sembrar las semillas del futuro
La agritecnología africana está en auge, según un informe publicado el año pasado, en el que se indica que en los dos últimos años se han invertido más de 19 millones de dólares y que el número de empresas emergentes se ha más que duplicado en el mismo periodo. Kenia, Nigeria y Ghana son los tres principales países en innovación agrícola.
Entre las empresas que están generando impacto se encuentran Farmcrowdy, que obtiene financiación para que los agricultores africanos compren tierras y amplíen su producción. Kitovu es una aplicación que ayuda a los agricultores a analizar el suelo para aumentar los rendimientos antes de buscar compradores para los cultivos excedentarios. Y los agricultores pueden contratar a otra persona para que labre sus tierras con TrotroTractor, que pone en contacto a los propietarios de tractores con personas que no pueden permitirse comprar los suyos.
Con una población en muchos países africanos que, según las previsiones, se duplicará de aquí a 2050, innovaciones como estas no solo contribuyen a cambiar la percepción de la agricultura, sino que también podrían resultar fundamentales para el futuro del continente.



