Este experto afirma que las inundaciones en Australia serán más extremas debido al cambio climático

image of the severe flooding in New South Wales
New South Wales in Australia has recently been subjected to extreme flooding.Image: REUTERS/Jaimi Joy
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  • Aunque los patrones naturales de lluvia de Australia son muy variables, se espera que el cambio climático haga que las inundaciones sean más frecuentes y extremas.

  • Así lo demuestra la reciente crisis de inundaciones en Nueva Gales del Sur, escribe la científica climática Joelle Gergis.

  • Los fenómenos meteorológicos extremos pueden atribuirse en gran medida a las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la actividad humana, que alteran el ciclo del agua y aumentan la presión atmosférica.

  • Es necesario investigar más para mejorar la evaluación de los riesgos climáticos; un análisis más exhaustivo de los datos meteorológicos históricos puede ampliar los conocimientos.

Durante los últimos tres años, he trabajado en el próximo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Soy científica climática y contribuí al capítulo sobre los cambios globales del ciclo del agua. Es inquietante pensar que algunos de los impactos teóricos descritos en este informe podrían estar haciéndose realidad —una vez más— en Australia.

Las recientes inundaciones en Nueva Gales del Sur son coherentes con lo que cabría esperar a medida que continúa el cambio climático.

Los patrones naturales de lluvia de Australia son muy variables. Esto significa que es difícil determinar la influencia del cambio climático en un fenómeno meteorológico concreto; la señal queda oculta entre gran cantidad de «ruido» climático de fondo.

Pero, a medida que se calienta el planeta, aumenta la capacidad de la atmósfera inferior para retener agua alrededor de un 7 % por cada 1 ℃ de calentamiento. Esto puede provocar lluvias más intensas, lo que a su vez aumenta el riesgo de inundaciones.

Los océanos también se están calentando, sobre todo en la superficie. Esto eleva tanto las tasas de evaporación como el transporte de humedad hacia los sistemas meteorológicos. Como resultado, las estaciones y los episodios lluviosos son más húmedos de lo habitual.

Así que, aunque Australia siempre ha sufrido inundaciones, es probable que catástrofes como la que está ocurriendo en Nueva Gales del Sur sean más frecuentes e intensas a medida que continúa el cambio climático.

Los fundamentos

Para entender cómo influye el calentamiento del planeta en el ciclo del agua, conviene volver a la teoría.

De un año a otro, el clima de Australia está sujeto a la variabilidad natural generada por los océanos Pacífico, Índico y Austral. Los factores dominantes de cada año establecen las condiciones climáticas de fondo que influyen en las precipitaciones y la temperatura.

La combinación de estos factores climáticos naturales hace de Australia una tierra de sequías y lluvias torrenciales.

Sin embargo, la variabilidad del clima de Australia ya no está influida únicamente por factores naturales. El clima australiano se ha calentado 1,4 ℃ desde que comenzaron los registros nacionales en 1910, y la mayor parte del calentamiento se ha producido desde 1970. Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por los seres humanos han influido en las temperaturas australianas de nuestra región desde 1950.

Esta tendencia al calentamiento influye en las condiciones de fondo en las que se producen ambos extremos del ciclo de las precipitaciones a medida que el planeta sigue calentándose. Una atmósfera más cálida puede retener más humedad (un mayor contenido de vapor de agua), lo que puede dar lugar a episodios de lluvia más extremos.

Una atmósfera más cálida puede retener más humedad, lo que puede dar lugar a episodios de lluvia más extremos.Image: Climate Council

Desde el invierno de 2020, Australia ha estado bajo la influencia de la fase de La Niña de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO). Históricamente, las condiciones persistentes de La Niña, en ocasiones con la ayuda de un océano Índico más cálido de lo habitual, han propiciado inundaciones graves en el este de Australia.

Durante estos episodios, se intensifican los vientos del este y se calientan los océanos que rodean Australia. Esto está asociado con la circulación de Walker: un gigantesco vaivén de la presión atmosférica que influye en la distribución de las aguas cálidas del océano Pacífico.

Las condiciones oceánicas y atmosféricas asociadas con La Niña.Image: Oficina de Meteorología

La última Niña se produjo entre 2010 y 2012. Provocó inundaciones generalizadas en el este de Australia, con efectos especialmente devastadores en Queensland. El episodio dio lugar al período de dos años más lluvioso registrado en Australia, y puso fin a la sequía del milenio de 1997–2009.

Oceanógrafos de la UNSW estudiaron este episodio excepcional. Demostraron cómo un océano más cálido aumentó la probabilidad de lluvias extremas durante ese episodio, principalmente al incrementar el transporte de aire húmedo a lo largo de la costa.

Su análisis destacó cómo el calentamiento oceánico a largo plazo puede modificar los sistemas que producen lluvia y aumentar la probabilidad de precipitaciones extremas durante los episodios de La Niña.

Es importante señalar que los cambios en los patrones de circulación atmosférica a gran escala todavía no se comprenden tan bien como los cambios fundamentales de la termodinámica. Sin embargo, dado que los cambios regionales en las precipitaciones estarán influidos por ambos factores, los investigadores tardarán en desentrañar todos los detalles.

Totales de precipitación en Nueva Gales del Sur durante la semana que terminó el 22 de marzo de 2021Image: Oficina de Meteorología

Lo llamativo de La Niña de 2020–2021 es que fue débil en comparación con episodios históricos. La relación entre La Niña y las precipitaciones suele ser más débil en la costa de Nueva Gales del Sur que en las zonas más interiores. Sin embargo, es inquietante que esta Niña débil haya causado inundaciones comparables a las emblemáticas de las décadas de 1950 y 1970.

Los totales de precipitación de las inundaciones actuales aún no se han analizado. Sin embargo, las primeras cifras revelan la magnitud de los aguaceros. Por ejemplo, durante la semana que terminó el 23 de marzo, la localidad de Comboyne, al suroeste de Port Macquarie, registró la extraordinaria cantidad de 935 mm de lluvia. Esto incluyó tres días consecutivos con más de 200 mm.

La costa de Nueva Gales del Sur no es ajena a las lluvias extremas: en la última década ha habido cinco episodios con totales diarios superiores a 400 mm. Sin embargo, el episodio actual es inusual por su duración y extensión geográfica.

También cabe señalar que las lluvias extremas actuales en Nueva Gales del Sur estuvieron asociadas con una vaguada costera, y no con una depresión de la costa este. Muchos de los episodios de lluvias torrenciales que ha habido en la región se han debido a depresiones de la costa este, aunque normalmente las lluvias que producen son más localizadas que en este episodio generalizado.

Recuerde que, al calentarse el aire, aumenta su capacidad para retener agua, sobre todo sobre los océanos. Actualmente, las temperaturas oceánicas alrededor del este y el norte de Australia son aproximadamente 1 ℃ superiores a la media a largo plazo, y frente a la costa de Nueva Gales del Sur se acercan a 1,5 ℃ por encima de la media. Es probable que estas condiciones más cálidas estén alimentando los sistemas que impulsan las lluvias extremas y las inundaciones asociadas en Nueva Gales del Sur.

Anomalías de la temperatura de la superficie del mar a lo largo de la costa de Nueva Gales del SurImage: Oficina de Meteorología

Una nación expuesta

El tiempo y el clima no son los únicos factores que influyen en las inundaciones extremas. Otros factores incluyen la forma y el tamaño de las cuencas hidrográficas, la presencia de superficies impermeables en las zonas urbanas (que no pueden absorber el agua) y la densidad de los asentamientos humanos en zonas propensas a las inundaciones.

La región de Hawkesbury–Nepean, en el oeste de Sídney, que actualmente sufre grandes inundaciones, es un claro ejemplo. Cinco afluentes principales, incluidos los ríos Warragamba y Nepean, desembocan en este valle densamente urbanizado.

Mejorar nuestra comprensión de los datos meteorológicos históricos podría ayudar a mejorar la evaluación futura de los riesgos del cambio climático. Por ejemplo, las inundaciones pasadas en Hawkesbury–Nepean fueron mucho peores que la catástrofe actual. En 1867, el río Hawkesbury alcanzó en Windsor 19,7 metros por encima del nivel normal y en 1961 llegó a 14,5 metros. Esto supera los 13,12 metros por encima del nivel normal registrados en Freemans Reach el 23 de marzo.

Es sobrecogedor pensar que el río Hawkesbury llegó a alcanzar una altura máxima 6 metros superior a la que vemos ahora. Imagine las posibles inundaciones futuras causadas por una depresión de la costa este durante condiciones intensas de La Niña.

Los científicos tardarán en poder ofrecer un análisis detallado del episodio de La Niña de 2020–2021. Pero está clarísimo que Australia está muy expuesta a los daños causados por las lluvias extremas. Nuestra comprensión teórica de los cambios en el ciclo del agua nos indica que estos episodios solo se volverán más intensos a medida que el planeta siga calentándose.

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