La nueva revolución digital de Japón fusiona lo antiguo y lo nuevo

Cherry blossoms bloom in front of a stock quotation board outside a brokerage in Tokyo March 31, 2010. Japan's Nikkei average hit an 18-month intraday high before paring gains on Wednesday, the final day of the financial year, but further gains were expected in the new quarter as a global economic recovery picks up strength. REUTERS/Kim Kyung-Hoon (JAPAN - Tags: BUSINESS)
Japan's digital revolution is unique due to the constant fusion of tradition with modern day lifeImage: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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La fascinación popular por Japón suele comenzar con la imagen de un país situado entre dos mundos. Por un lado, está el tradicional «viejo mundo» de templos, ceremonias del té y flores de cerezo representadas con caligrafía. Por otro, resplandece un «nuevo» mundo futurista de trenes bala, perros con inteligencia artificial y consolas de videojuegos extravagantes.

La cultura pop japonesa ha combinado todo esto en una mezcla adictiva y divertida, como una casa de la risa, para Occidente, en forma de manga/anime, juegos como ¡Pokémon Go!, películas e incluso aperitivos (¿Alguien quiere un KitKat de matcha?).

Ya se trate de robots mecha futuristas que avanzan a pisotones por las antiguas laderas del monte Fuji o de estrellas del J-Pop que brillan como muñecas de plástico con kimonos de seda, disfrutamos, con culpa o sin ella, del consumo de Japón como si fuera sushi electrónico: algo tradicional reempaquetado con innovación para crear el bocado perfecto entre lo antiguo y lo nuevo.

Pero ¿qué sabemos realmente del Japón actual, más allá de lo kawaii (lo mono), los ninjas y esa misteriosa sensación de sabor sabroso llamada umami?

Habitar mundos 2D y 3D

En el genuino estilo japonés, que aprecia estar «entre dos mundos» (antiguo/nuevo, Este/Oeste, salado/dulce), el teatro 2.5D es una forma de arte digital y tecnológico que existe entre los mundos 2D y 3D. Al principio fue un fenómeno impulsado por los fans, pero en la última década se ha convertido en una industria e institución consolidada por derecho propio. Las producciones en 2.5D dan vida al mundo 2D del manga, el anime y los videojuegos en un escenario 3D, mediante las tecnologías digitales y plataformas de comunicación más recientes.

El uso de redes sociales, teléfonos inteligentes y otras tecnologías, como las gafas con subtítulos (gafas que proyectan subtítulos para cada usuario), enriquece la experiencia del público al aumentar la participación y la interacción más allá del escenario. Surgido en un país con una larga historia de producciones escénicas artísticas —del noh y el bunraku al kabuki—, el teatro 2.5D es un ejemplo perfecto de cómo distintas industrias creativas japonesas, antiguas y nuevas, se unen a través de lo digital para crear experiencias totalmente nuevas.

Estos fenómenos digitales apuntan a la creciente necesidad de la sociedad de habitar una realidad aumentada. Los productos y servicios animan a los usuarios a buscar constantemente formas de hacer que la realidad parezca más real mediante tecnologías digitales. Digitalizarnos ya es lo normal (como vemos cuando la gente genera datos biométricos con pulseras Fitbit), y nuestras vidas se convierten con frecuencia en pequeños escenarios personalizados de 2.5D.

Por ejemplo, la Ricoh THETA SC, una cámara virtual que captura imágenes de 360 grados, ayuda a los usuarios a crear su propia realidad «entre dos mundos». A finales de este mes se lanzará una versión de edición limitada «Hatsune Miku»; ahora los usuarios pueden «existir» junto a la popular cantante virtual en cualquier entorno que elijan.

Robots y moneda digital

Shinzo Abe, primer ministro de Japón, ha invertido una cantidad considerable de recursos «para hacer de los robots un pilar fundamental de nuestra estrategia de crecimiento económico», con vistas a exhibirlos durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Aclamados como la «cuarta flecha» de la Abenomics, Tokio 2020 parece haber ofrecido, en efecto, un incentivo gubernamental para impulsar el poder «blando» de Japón (¿quién puede olvidar a Abe como Super Mario durante la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Río 2016?) y reforzar la posición del país como potencia mundial. Una vez más, lo digital marca el camino.

Los bancos japoneses han anunciado planes para introducir una moneda digital. Su objetivo es que el J Coin circule plenamente en Japón para 2020, como parte del plan para convertir Tokio de nuevo en un centro financiero.

De manera similar, Toyota, uno de los mayores patrocinadores de Tokio 2020, está trabajando en coches autónomos para utilizarlos cerca de las instalaciones deportivas durante los Juegos Olímpicos. El Gobierno japonés también está cartografiando la red de carreteras del país para proporcionar una infraestructura digital.

Pese a toda la alta tecnología, también resulta intrigante que ciertas plataformas digitales importantes, como Uber y AirBnB, estén fracasando en Japón por motivos legales, sociales y culturales. En muchos sentidos, esto pone de relieve la presión que afronta Japón para mantener la imagen, proyectada por Occidente y por el propio país, de una nación situada entre dos mundos. Envuelto en sus propias tensiones contradictorias, ¿es posible que Japón sea antiguo y nuevo al mismo tiempo?

Puede que Japón esté a la vanguardia de una especie de revolución digital. Pero, si alguna de estas innovaciones se extiende por el mundo, seguirá llevando el sello de ese carácter intrínsecamente japonés que hace que el país sea tan singular.

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