Más de una docena de elecciones nacionales se celebrarán en toda África el próximo año. Los 55 miembros de la Unión Africana (UA) están obligados a celebrar elecciones periódicas y en apariencia democráticas. Deben invitar también a equipos de observadores electorales de la UA para que supervisen públicamente, evalúen y informen de los resultados.
¿Está contribuyendo toda esta actividad electoral a consolidar la democracia como base de la seguridad, el desarrollo y la integración nacionales y regionales? ¿O se han convertido las elecciones en el medio para que los demagogos se hagan con el poder o, más habitualmente, para que las élites poderosas y los gobernantes autoritarios se atrincheren?
La teoría democrática establece que las elecciones creíbles son un medio necesario, aunque insuficiente, para consolidar una democracia real. La democracia real suele favorecer la paz y la seguridad. Las circunstancias nacionales varían. Pero también son fundamentales otras tres condiciones: la libertad de expresión, el derecho de reunión y un poder judicial independiente y no partidista que resuelva las controversias y garantice que prevalezca el Estado de derecho.
La mayoría de los conflictos mortales de África se producen dentro –y no entre– Estados soberanos. Reconociéndolo, la UA ha convertido la observación y evaluación de las elecciones democráticas en una parte integral de sus operaciones. Esto suele ocurrir junto con observadores de las comunidades económicas regionales.
A medida que mejoran las observaciones, también aumentan las oportunidades para evaluar si la violencia electoral y otras graves violaciones de los derechos humanos amenazan la paz y la seguridad regionales.
A mediados de noviembre se produjeron tres acontecimientos importantes en la sede de la UA en Adís Abeba. Estos prometen mejorar las perspectivas a largo plazo de África en materia de autosuficiencia colectiva y paz democrática. Y esto sucederá a nivel regional, nacional y local.
El primero fue la racionalización de las operaciones del organismo continental. El segundo fue un paso para reforzar el seguimiento y la evaluación de los países miembros. El tercero fue un compromiso renovado para mejorar la profundidad, la duración y el rigor de las misiones africanas de observación electoral.
Tres cambios
El presidente Paul Kagame de Ruanda ha presidido la UA este año. Ha impulsado una serie de reformas administrativas y financieras para mejorar su eficiencia y eficacia.
Las reformas principales incluyen:
Reducción del número de carteras de la Comisión de la UA,
Introducción de procedimientos de contratación y promoción basados en el mérito, y
Reducción de la dependencia de donantes extranjeros. Esto se ha logrado revisando la escala de contribuciones de los Estados miembros y las sanciones por impago.
La reforma estructural clave será la combinación de las carteras de Asuntos Políticos y de Paz y Seguridad. Esto tiene sentido desde el punto de vista estratégico. Garantizará que la mayor parte de los recursos de la UA apoye tanto las necesidades urgentes de consolidación de la paz como la creación de condiciones propicias para el desarrollo de Estados políticamente capaces. Los fracasos en cualquiera de estos frentes podrían poner en peligro el plan estratégico de la UA para la transformación socioeconómica del continente.
Otros dos acontecimientos complementan estos cambios.
Uno es la decisión de la Asamblea de reforzar el seguimiento y la evaluación de las áreas clave de gobernanza en el continente. Esto promete mejoras sustanciales en el papel y el funcionamiento del Mecanismo Africano de Evaluación por los Pares. El mecanismo se creó en 2003. Su objetivo es alentar a los Estados miembros a evaluar de forma crítica y periódica sus avances en gobernanza y desarrollo socioeconómico.
Tras un gran entusiasmo inicial, el mecanismo se convirtió en un ejercicio en gran medida técnico y ampliamente ignorado. Su Foro de Jefes de Estado, su órgano rector, buscó dotarlo de mayor peso político y relevancia en 2016. Encargó a su nuevo director, el profesor Eddy Maloka, elaborar una evaluación comparativa a escala africana de los desafíos de gobernanza a los que se enfrentan los Estados miembros de la UA.
Esta evaluación se presentará en la próxima reunión ordinaria de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la UA en febrero de 2019.
El último cambio consiste en reforzar la supervisión electoral. Hace diez años, la UA firmó una alianza formal con el Instituto Electoral para la Democracia Sostenible en África. Las partes acordaron el 16 de noviembre buscar formas de ampliar y mejorar la alianza.
El instituto tiene su sede en Johannesburgo. Cuenta con un personal totalmente africano procedente de más de una docena de países. Ha ayudado a las misiones de la UA en varios frentes. Esto ha incluido la capacitación y aplicación de:
un conjunto común de principios de observación y normas para elecciones democráticas, y
herramientas y capacitación más completas, rápidas y tecnológicamente avanzadas para los observadores de la UA.
La alianza también ha ayudado a la UA a asumir un papel de liderazgo entre los grupos nacionales e internacionales de observación electoral que persiguen una mayor transparencia y rendición de cuentas electorales. Esto es válido incluso en los Estados más afectados por conflictos de África.
¿Está muriendo la democracia?
Estos esfuerzos parecerían contradecir la pregunta «¿Está muriendo la democracia?», que se ha convertido en una preocupación en la era del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. La política africana también es vulnerable al demagogismo, al desenfreno y a la división. Más notable es la proliferación de fuerzas progresistas en todos los niveles de la política africana. Están exponiendo y combatiendo la corrupción y otros abusos de poder flagrantes.
Avanzar es lento, errático y peligroso para los defensores y activistas de la democracia. Sin embargo, en un año en que el último estudio global de Freedom House concluye que la democracia está en retroceso, África podría estar yendo a contracorriente de la tendencia.
La Fundación Mo Ibrahim, en su edición de 2018 del Índice Africano de Gobernanza, concluyó que
…la gobernanza en nuestro continente, en promedio, mejora lentamente … aproximadamente tres de cada cuatro ciudadanos africanos viven en un país donde la gobernanza ha mejorado en los últimos diez años.
A pesar de los muchos problemas de África, el continente sigue sosteniendo una gran variedad de experimentos democráticos. Amplias encuestas de Afrobarómetro, la red de investigación no partidista, muestran que la mayoría de los ciudadanos africanos sigue prefiriendo la democracia a la alternativa. Esta es una realidad que la Unión Africana reconoce cada vez más y que intenta respaldar.


