El apoyo a la producción de vacunas en África beneficia al mundo

Abidjan soccer fans get the vaccinated against the coronavirus disease (COVID-19) to watch their team play in Abidjan.
Africa must rely on the rest of the world for vaccination support.Image: REUTERS/Luc Gnago
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  • Una capacidad sólida y fiable para producir vacunas en África es un bien público mundial que merece apoyo global, escribe Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI.

  • La tasa general de vacunación contra la COVID-19 en el continente africano sigue por debajo del 10%.

  • África sigue dependiendo de las importaciones y donaciones de vacunas contra la COVID-19.

El comienzo de un nuevo año suele ser un momento para reflexionar y reevaluar la situación. A medida que la pandemia se prolonga hasta su tercer año, resulta difícil disipar la inquietud por la crisis sanitaria y las incertidumbres económicas asociadas.

«Que África vacune a África es necesario y posible».

Así que, para quienes esperan recuperar el optimismo, tengo una recomendación sencilla:

Pensemos en África

A principios de diciembre viajé a la región —mi primera visita desde el brote de COVID-19— y tuve la oportunidad de visitar Senegal y la República Democrática del Congo. Fui testigo directo de la creatividad, la energía y el espíritu emprendedor que la región está poniendo en juego para superar esta crisis.

Mi visita al Institut Pasteur de Dakar, en particular, fue una de esas fuentes de inspiración. El Instituto ya es un referente mundial en la lucha contra las enfermedades infecciosas y ha atraído y formado a especialistas internacionales y de la región. Ahora, su personal está a la vanguardia de la respuesta al desafío inmediato que representa la COVID-19 para África. También está desarrollando la capacidad de la región para combatir futuras pandemias y atender las necesidades de inmunización más habituales de África.

Es fundamental que la región cuente con las herramientas y los fondos necesarios para desarrollar la capacidad de producir y fabricar vacunas. Esta necesidad es especialmente acuciante, dado que la tasa general de vacunación contra la COVID-19 en el continente sigue por debajo del 10%. Mientras África afronta una cuarta ola de infecciones, la aparición de la variante ómicron vuelve a recordar que la capacidad de la región para dotarse de medios para combatir esta pandemia y atender futuras necesidades sanitarias tiene repercusiones mundiales.

Cada ola es más grande y más rápida.Image: FMI

Atender las necesidades actuales

Pese a la impresionante labor del Institut Pasteur, por ahora África sigue dependiendo de las importaciones y donaciones de vacunas contra la COVID-19. La prioridad más inmediata debe ser garantizar que las entregas de vacunas sean previsibles, también a través de COVAX y del Fondo Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT). También se necesitará financiación para garantizar que los sistemas de salud de África puedan vacunar rápidamente a la población local a medida que lleguen nuevos suministros, incluso mediante actividades de divulgación que reiteren la importancia de las vacunas y reduzcan la desinformación y la reticencia a vacunarse. Además de vacunas, la región necesita acceso a pruebas, tratamientos y equipos de protección.

El año pasado, el personal del FMI propuso un plan para poner fin a la pandemia, mediante la vacunación del 40% de la población de todos los países para finales de 2021 y del 70%** para mediados de 2022. Los avances han sido impresionantes, pero el mundo debe hacer más. La distribución de vacunas y otras herramientas sigue avanzando a dos velocidades alarmantemente distintas. En África, por ejemplo, solo siete países alcanzaron el objetivo del 40% en 2021 y, para muchos, el objetivo del 70% parece cada vez más ambicioso.

Todo esto requerirá más cooperación y apoyo de la comunidad internacional. Por ejemplo, cerrar el déficit de financiación de 23.000 millones de dólares del Acelerador del acceso a las herramientas contra la COVID-19 (ACT) sería un primer paso bienvenido, ya que una parte considerable de esta iniciativa se destina a África. Y avanzar hacia la equidad en las vacunas no consiste solo en abordar su suministro: los países también necesitan más apoyo para reforzar la distribución en el «último tramo».

Conseguir dosis suficientes sigue siendo un desafío.Image: FMI

Crear resiliencia para el futuro

Pero no debemos permitir que los esfuerzos por atender las necesidades urgentes perjudiquen la atención de las necesidades futuras. Reforzar la resiliencia para el futuro también es una prioridad, incluida la capacidad de la región para abastecerse por sí misma, tanto frente a la COVID-19 como ante cualquier otra enfermedad que pueda surgir en el futuro. Por ejemplo, sin suministros de vacunas previsibles y fiables, las autoridades sanitarias a menudo se ven obligadas a reaccionar con poco tiempo para aceptar dosis, que suelen tener una vida útil limitada, lo que complica enormemente la logística de distribución para unos sistemas de salud ya sobrecargados. En suma, la verdadera resiliencia de África no puede depender de la generosidad reiterada de la comunidad internacional. Requiere ampliar la capacidad de fabricación local y fortalecer las cadenas regionales de suministro.

Que África vacune a África es necesario y posible.

La fabricación de vacunas es una actividad compleja que requiere equipos especializados, insumos, instalaciones de almacenamiento y mano de obra cualificada. Quien diga que esto no puede hacerse en África no ha estado prestando atención.

La labor del Institut Pasteur de Dakar ofrece una muestra de las ambiciones de la región en el esfuerzo mundial contra las enfermedades. Con asistencia financiera de Estados Unidos, la Unión Europea y fundaciones internacionales —además del uso inteligente de parte de la reciente asignación de DEG de Senegal—, ya está en marcha la construcción de una nueva planta de fabricación. Una vez terminada, será una de las primeras fábricas del continente que abarque todo el proceso, y podría convertirse en un componente fundamental del suministro de vacunas contra la COVID-19 y otras enfermedades en África.

El Instituto dista mucho de ser el único centro de excelencia de la región: forma parte de una impresionante comunidad africana de salud y ciencia que contribuye de manera inestimable a la salud mundial, entre otras cosas, más recientemente, al descubrir y secuenciar la variante ómicron. Actualmente hay 12 instalaciones de producción, en funcionamiento o en proyecto, en seis países africanos —Argelia, Egipto, Marruecos, Ruanda, Senegal y Sudáfrica— que se espera que produzcan una amplia variedad de vacunas contra la COVID-19.

Un bien público mundial

Al reflexionar sobre el nuevo año, queda cada vez más claro que una capacidad sólida y fiable para producir vacunas en África es un bien público mundial que merece apoyo global. Ya sea para la crisis actual o para futuras pandemias, el éxito de África nos interesa a todos.

No me cabe duda de que África está a la altura del desafío. Pero la comunidad internacional puede y debe ayudar intensificando la colaboración científica transfronteriza e incentivando las transferencias tecnológicas para diversificar mejor la producción de vacunas y otros instrumentos médicos que salvan vidas.

Louis Pasteur dijo una vez: «La ciencia no conoce fronteras, porque el conocimiento pertenece a la humanidad y es la antorcha que iluminará el mundo.» La sabiduría de la visión de Pasteur resulta hoy más vigente que nunca. Ahora todos debemos contribuir para garantizar que los frutos de nuestro conocimiento se compartan con rapidez y equidad, por el bien de toda la humanidad.

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