El vínculo entre migración y tecnología no es lo que crees

A migrant takes a picture with a mobile phone as he and others walk towards the Hungarian border after arriving at the train station in Botovo, Croatia September 24, 2015. Almost 50,000 migrants have flowed into European Union-member Croatia via Serbia in little over a week since Hungary, northern neighbour to both countries, barred their entry to the EU by sealing its border with Serbia with a metal fence. Croatia is sending the migrants north across its border with Hungary, which passes them on to Austria, but Zagreb says it cannot cope with the pace, leading to desperate and sometime angry scenes at over-crowded camps and railway stations. REUTERS/Antonio Bronic - LR2EB9O12LN4R
There was a surge in far-right online activism during the mass migration events of 2015 and 2016.Image: REUTERS/Antonio Bronic
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La Cuarta Revolución Industrial está transformando profundamente nuestras economías, interacciones sociales y seguridad colectiva. Junto con estos cambios, y sobre todo en el ámbito político, la migración internacional se describe cada vez más como uno de los temas definitorios de nuestro tiempo. Es comprensible, entonces, que el uso de la tecnología en relación con la migración sea un tema candente. Existen varias conexiones muy pertinentes entre la migración y la tecnología y, sin embargo, la más importante probablemente no sea la que imaginas.

En los últimos años, un tema que ha acaparado gran atención ha sido el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) por parte de los migrantes durante sus trayectos migratorios. Impulsados en parte por los episodios de migración masiva, investigadores, responsables de políticas, analistas y organismos encargados de hacer cumplir la ley han dedicado tiempo y esfuerzo a comprender cómo se utilizan las TIC para facilitar la migración, en particular la migración irregular que implica a traficantes de migrantes.

El uso de aplicaciones para compartir información en tiempo real, incluso para facilitar cruces clandestinos de fronteras, junto con la consolidación de plataformas de redes sociales que conectan a grupos geográficamente dispersos con intereses comunes, ha suscitado preguntas legítimas sobre hasta qué punto se ha utilizado la tecnología para facilitar la migración irregular, así como para ayudar a los migrantes a evitar a traficantes de migrantes abusivos y explotadores. La «aplicación de la migración» se ha convertido en un tema de gran interés.

También se ha prestado mucha atención a la tecnología para migrantes, incluido el modo en que los trabajadores migrantes utilizan las TIC para adaptarse a nuevas comunidades, nuevos lugares de trabajo y nuevas culturas, mientras mantienen el contacto con sus familias y sociedades de origen. Esto ha incluido aplicaciones —desarrolladas por los propios migrantes, gracias al acceso cada vez mayor a tecnologías emergentes de bajo costo— para favorecer una mejor integración y paliar las deficiencias percibidas en los servicios y sistemas existentes de apoyo a la integración. También empezamos a ver el uso de algoritmos sofisticados, basados en décadas de datos, para ubicar a los refugiados en comunidades donde, estadísticamente, tienen más probabilidades de integrarse con éxito. En Suiza, las decisiones algorítmicas han sustituido un sistema basado en asignaciones aleatorias por parte de los gestores de casos.

El interés por la tecnología para migrantes se apoya en un conjunto mucho más amplio de estudios que han evaluado a lo largo del tiempo cómo la migración internacional favorece y limita la transferencia de tecnología y conocimientos, a menudo en paralelo con los flujos de inversión y comercio que siguen vínculos históricos, geográficos y geopolíticos entre países y comunidades.

También estamos presenciando la aparición de la inteligencia artificial (IA) en los debates sobre migración, en los márgenes de las conversaciones sobre el «futuro del trabajo», un tema que en los últimos años ha captado, con razón, la atención de gobiernos, empleadores, sindicatos y la comunidad internacional. Las consecuencias para los mercados laborales nacionales y los desafíos a largo plazo de garantizar que las futuras generaciones dispongan de empleo y otros medios de subsistencia ocupan un lugar destacado en las deliberaciones sobre políticas a medida que la IA se incorpora progresivamente a sectores clave.

El debate sobre las repercusiones de la IA en los flujos de trabajadores migrantes y sus efectos relacionados en las comunidades de origen puede tener menos visibilidad, pero estos temas son prioritarios para los responsables de políticas de los países de origen. Pasaron a primer plano cuando Arabia Saudita concedió la ciudadanía al robot Sophia durante la conferencia de la Iniciativa de Inversión Futura de 2017.

Más recientemente, los debates se han centrado en la tecnología de cadena de bloques y sus posibles implicaciones para la migración, sobre todo para las remesas, pero también para las identidades digitales y la movilidad mundial. El uso de la tecnología de cadena de bloques en un campamento de refugiados jordano, por ejemplo, está permitiendo restablecer las identidades perdidas de los refugiados. Las implicaciones más amplias para la migración y la movilidad aún se encuentran en una fase exploratoria, aunque algunos sostienen que la cadena de bloques tendrá un gran impacto en nuestras vidas en el futuro.

Sin embargo, ya tenemos ante nosotros un problema más amplio y mucho más urgente. Está teniendo un efecto considerable en las políticas y prácticas migratorias de todo el mundo, así como en la vida de migrantes y no migrantes que viven en comunidades de acogida. Se trata del uso de la tecnología de las redes sociales para influir en la política migratoria y, en última instancia, en las políticas de los gobiernos.

Hemos visto que esto ocurre en ámbitos concretos de las políticas públicas, normalmente con la participación de activistas tradicionales que buscan cambios por motivos de justicia social, protección del medioambiente o derechos humanos. La campaña en las redes sociales contra la política del Gobierno australiano sobre los superarrastreros es un ejemplo de una campaña exitosa a favor de un cambio de políticas. También hemos presenciado el papel central de las redes sociales en los cambios políticos, como durante la Primavera Árabe.

Sin embargo, un nuevo informe de la Universidad de la Ciudad de Dublín, basado en el análisis de macrodatos de 7,5 millones de tuits publicados durante los episodios de migración masiva hacia Europa y a través de ella en 2015 y 2016, muestra un auge del activismo en línea de extrema derecha. La investigación revela que los activistas de extrema derecha usaron cuentas para influir en el encuadre de estos episodios, durante y después de ellos, de forma negativa y racista, con fines políticos. En gran medida, lograron influir en el debate político en Europa y dificultaron mucho la puesta en práctica de respuestas proporcionadas y razonables a la migración. En aquel momento, muchos consideraron que la política había fracasado en cierta medida. Sin embargo, esto oculta fuerzas más sistémicas y oscuras que están actuando.

Es probable que estemos viendo otro auge del activismo de extrema derecha en las plataformas de redes sociales, centrado en el Pacto Mundial para la Migración, especialmente en Europa. Aunque llevará tiempo analizar las métricas, parece que está en marcha el mismo modus operandi y que está dando resultado. Algunos países europeos han retirado su apoyo al Pacto tras las campañas de activistas de extrema derecha. De nuevo, vemos que los comentaristas señalan el fracaso de los políticos, en vez de reconocer la eficacia de los activistas de extrema derecha mientras libran una batalla en línea basada en el miedo y las mentiras. En una época en que quienes hacen más ruido se salen con la suya, a veces sin importar los hechos, ya se ha afianzado plenamente el uso de las plataformas de redes sociales para impulsar cambios concretos en las políticas.

Debemos tener siempre presente que esto está ocurriendo, en Europa y en otros lugares, en un momento de relativa prosperidad y paz. No hay una crisis financiera mundial; los fundamentos económicos son sólidos; la diversidad nunca ha sido mayor; la cohesión social funciona en gran medida y prevalece la paz. El último Índice de Paz Global muestra que los niveles de paz en Europa y en otros lugares siguen siendo altos.

Hemos entrado en una era de disrupción, en la que algunas de las batallas más importantes en torno a los valores, las ideologías, las políticas y el poder se libran en el mundo virtual, mediante nuevas tecnologías. Los análisis, iniciativas y respuestas bien elaborados de expertos, científicos, responsables de políticas y profesionales, basados en hechos, pruebas y análisis perspicaces, ya no logran abrirse paso en los debates políticos y sobre políticas. En cambio, la gran partida se juega ahora en nuestros teléfonos inteligentes.

Por ahora, quienes siembran la disrupción propagando mentiras descaradas llevan la delantera. Es hora de replantear el «problema». Seamos claros: no es la migración. Al igual que otras cuestiones complejas de políticas públicas, la migración internacional plantea desafíos, pese a sus importantes beneficios económicos y sociales. Pero estudios y acontecimientos recientes han revelado la capacidad de quienes siembran la disrupción para atacar respuestas políticas razonables y mesuradas con argumentos falsos.

El mayor problema en la relación entre migración y tecnología es que las nuevas formas de activismo en las redes sociales permiten cada vez más que quienes siembran la disrupción marquen la agenda migratoria, basándose en el miedo y las mentiras, en su búsqueda de poder. Es hora de centrar nuestros esfuerzos colectivos —tecnológicos, intelectuales, políticos, sociales y financieros— en poner en práctica formas eficaces de minimizar el impacto de este problema creciente.

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